Dave Hause lleva tiempo transitando un camino musical que, lejos de acomodarse en un solo género, mira hacia atrás y abraza todas las etapas de su carrera: desde sus días en bandas hardcore como The Curse o Paint It Black, pasando por su paso como frontman de The Loved Ones, hasta su faceta solista más folk-rock (uno más en la lista de artistas que van de los sonidos más duros a la roots music). En su discografía en solitario ha ido combinando esa tensión entre lo introspectivo y lo eléctrico, entre la canción sentida y el estallido de guitarras.
Durante su visita a España el año pasado, con Will Hoge como telonero, esa dualidad quedó clara: canciones que funcionan sobre un escenario con solo una guitarra o acompañadas por una banda que aprieta. Esa combinación de intimidad y fuerza fue parte del sello que dejó en público y crítica: emoción bien administrada, momentos de quietud intercalados con descargas apasionadas.
Con …And The Mermaid, Hause da un paso firme hacia un sonido más contundente que en Drive It Like It’s Stolen (2023) . En colaboración con su banda The Mermaid (ahora ya no solo acompañantes, sino parte del engranaje central del álbum y parece ser que del proyecto), ha apostado por una energía más directa, menos filtros intermedios, y menos concesiones a lo acústico. Para eso se alejaron del Nashville de sus últimos trabajos y viajaron a Vancouver para trabajar con el productor Jesse Gander (conocido por su trabajo con Japandroids o White Lung). En este disco se abandona bastante el recurso del folk y el country, y se apuesta por guitarras eléctricas Gibson, muros de distorsión, y estructuras de rock clásico sin complicaciones excesivas. Ya saben. Estrofa, estrofa, estribillo, estrofa, puente, estribillo, estribillo y final…
La influencia de la urgencia melódica de bandas como los primeros The Gaslight Anthem es perceptible, especialmente en ese punto donde lo personal choca con lo coreable, donde la melodía se vuelve himno sin problemas en caer en lo grandilocuente. La inicial «A Knife In The Mud» con esa trompeta a cargo de Jocelyn Waugh dando la bienvenida y la voz springsteeniana de Hause marcan la tendencia. Saliendo a veces de lo convencional como en la guitarra de «Mockingbird Blues» o el casi punk industrial de «Revisionist History», para siempre acabar volviendo al redil como en «Look Alive». Un claro paso del pasado al presente, y quien sabe si al futuro. Entre la sobriedad desboradada y el volumen más alto del amplificador.
Eduardo Izquierdo






