El tic-tac inapelable del reloj de la vida nos ha dejado, casi sin darnos cuenta, huérfanos de la última gran generación de titanes del blues. No hace falta mencionar nombres; todos sabemos quiénes fueron y el inmenso legado cultural, emocional y musical que dejaron tras de sí. En medio de ese panorama desolador, Buddy Guy se yergue como el último hombre en pie.
A sus recién cumplidos ochenta y nueve años, el maestro de Luisiana nos entrega una grabación que funciona a la vez como recuerdo del pasado, homenaje a una trayectoria artística admirable y declaración contundente de que el blues sigue vigente. Acompañado por una constelación de nombres ilustres —Joe Walsh, Rob McNelley, Joe Bonamassa, Peter Frampton, Christone “Kingfish” Ingram, los Blind Boys of Alabama—, Guy salda cuentas con la historia y honra promesas hechas en voz baja, entre bromas y complicidades de camerino: “Amigo, el que sobreviva, que mantenga vivo el blues.”
Y él cumple con creces. Ain’t Done With the Blues rezuma vitalidad, transpira autenticidad y transmite una pasión que ni el paso del tiempo ha logrado erosionar. Desde el homenaje a John Lee Hooker que abre el álbum, hasta la poderosa versión de «Talk to Your Daughter» de J.B. Lenoir que lo cierra, no hay espacio para la indiferencia ni lugar para la duda. Los invitados se ponen a su servicio con respeto y entrega, sabedores de que están colaborando con una leyenda viva, y Buddy Guy dirige la función con una autoridad tan serena como arrolladora: canta con fuerza —temas como «Upside Down» o «Blues on Top» alcanzan cotas vocales impresionantes— y toca con la soltura de quien domina su arte desde las raíces.
Gocemos de estos últimos placeres con la gratitud del que sabe que cada entrega podría ser la última. Porque, aunque el tiempo no se detiene, el blues no morirá.
Manel Celeiro
Foto: Lyndon French






