Vivos

 Y&T – Razzmatazz 2 (Barcelona)

 

De inicio, empezaré con una recomendación: el documental de 2019 “Y&T: On With the Show”. En él, a lo largo de más de dos horas, se profundiza en todos los aspectos de la banda de Oakland.

El propio Dave Meniketti hace referencia al motivo por el cual, a partir de su tercer disco, abreviaron su nombre de Yesterday and Today a Y&T. En sus shows de finales de los setenta, los fans ya gritaban el nombre abreviado, y eso generó que, al iniciar su etapa en A&M Records y, en consecuencia, durante los años ochenta, recortaran el nombre. Eso sí, cuando Meniketti se dirige al público al inicio de sus conciertos, hace referencia al nombre completo de la banda, cuestión de rango y de concepto original.

Estructuralmente, el show se desarrolló entre la nostalgia, ofrecida en forma de temas que marcaron a una generación y que otorgaron a la banda el concepto de leyenda. Asimismo, cabe destacar que se recurrió de forma selectiva a su etapa con Geffen Records, la cual cerraba la década de los ochenta y supuso un cambio de perfil en su sonido. No en vano, en ese periodo se desarrollaron otras ideas que dieron lugar a una serie de temas muy interesantes, con los que intentaron conectar en su momento con nuevas generaciones hardrockeras, una pena que no exploraran más esa etapa.

Sin embargo, lo que resulta evidente es que, si aplicamos una ratio generacional entre los asistentes, la mayoría estaba allí para disfrutar de un amplio repertorio de clásicos. Muchos sabían que esta podría ser una de las últimas ocasiones —para ambas partes— de verse las caras con la banda, lo que derivó en un sold out digno de manual rockista.

Por supuesto, todo gira en torno a la figura de Meniketti. Él conserva su voz y toca con la clase habitual, aunque quizás monopoliza en exceso todas las partes de guitarra, dejando apenas algo de protagonismo en los solos a John Nymann, quien debe suplir ese vacío con una eterna sonrisa y un outfit de motorista arreglado para el domingo.

Por otra parte, Aaron Leigh aportó el estilo sleazy activo, que, junto al toque de Mike Vanderhule, generó un dinamismo que llevó el show hacia un terreno de concepto festivo, de divertimento y de sofisticación a partes iguales. Una propuesta de herencia generacional por su enfoque algo lejano, pero que, analizada en el contexto actual, se convierte en una rara avis escénica, lo que la dota de absoluta actualidad.

En cuanto al setlist, obviando una breve mirada a su producción reciente con “I’m Coming Home”, este se centró por completo en una horquilla de apenas diez años, desde “Earthshaker (1981)” hasta “Ten (1990)”. Esto permitió observar cómo, durante su década dorada, la banda fue adaptándose al medio, ofreciéndonos temas callejeros como “Dirty Girl” o “Lipstick and Leather”, junto a otros de aire más sofisticado como “Don’t Be Afraid of the Dark” y “Contagious”, donde saborearon cierto éxito en las listas. Se hizo especial hincapié en “Black Tiger (1982)”, del cual sonó más de la mitad del álbum, completando así dos horas de concierto que, en una era marcada por la inmediatez, se sintieron como un auténtico lujo.

 

Texto: Oscar Fernández Sánchez

Fotos: Álvar Luis Gabaldà

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Contacto: jorge@ruta66.es
Suscripciones: suscripciones@ruta66.es
Consulta el apartado tienda