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The Offspring / Simple Plan – Pabellón Olímpico (Badalona)

 

Hay noches que observas con recelo y acabas saliendo con la adrenalina por las nubes y una sonrisa de oreja a oreja. El Pabellón Olímpico de Badalona colgó el cartel de completo para recibir a The Offspring, reyes indiscutibles de cierto punk californiano noventero, con Simple Plan como teloneros de lujo. Simple, pero plan perfecto para toda una generación que creció a base de monopatín, cintas de casete y carpetas forradas y decoradas con rotulador.

Desde la entrada ya se respiraba devoción. Camisetas de Smash por todas partes, también en el puesto de merchandising oficial de la banda, como si en lugar de estar en 2025, siguiéramos en 1994. Poco importa que sea otro álbum el que sirve como excusa para girar, si no deja de ser curioso cómo ese disco aguanta el pulso del tiempo como tótem oficial del grupo. En el ambiente, palomitas, cervezas caras y padres con hijos adolescentes –o aún más pequeños–, a quienes descubren la música que a ellos les salvó la vida. Ritual completo.

Simple Plan

Simple Plan: la adolescencia no tiene cura, pero se aprende a vivir con ella

 Pabellón a medio llenar cuando los canadienses saltaban al escenario. Energía contagiosa y más de 25 años a la espalda, para una música que huele a pasillo de instituto –con sus taquillas y dramas hormonales–, ahora ejecutada por unos adultos que han aprendido a hacer las cosas muy bien. Sonaron impecables desde el primer acorde, con sonido cristalino y limpio. Un directo sólido acompañado de un viaje en el tiempo: «Welcome to My Life» para sentirse como un chaval de 16 años preguntándose si algún día saldría de su agujero emocional de adolescente.

La respuesta te la adelanto: probablemente no. Y no pasa nada, que aprenderás a vivir con ello. Badalona rugía con ella poco antes de sonar «What’s New Scooby-Doo?», con dos Scoobys correteando por el escenario, disparando camisetas al público con un cañón de aire en un gesto tontorrón y entrañable. Cerraron con «I’m Just a Kid» para verte en el instituto, guardando libros en la taquilla, intentando rozar sin querer la mano de la persona que te gustaba a su paso por el pasillo. Un cierre perfecto, cargado de nostalgia sin melancolía.

 

Welcome to Intermission: puro show yankee

Llamó la atención, en Smash e Ixnay, la voz que servía de intro e intermedio en aquellos discos. Algo de homenaje tuvo el intermedio que vivimos, digno de show de la Super Bowl y al que resulta inevitable no hacer mención. Pantallas gigantes para mostrar la kiss-cam, la butt-cam (que es como la kiss-cam pero para menear el culo) y hasta la metalhead-cam para sacudir la cabellera (quién la tuviera…). Apareció un tipo con máscara de gorila que repartió un misterioso upgrade de entradas a un padre y su hijo, aún no sé para qué privilegio. El conjunto fue divertido, quizá innecesario, pero se agradeció: un pequeño circo entre conciertos que hizo más corta la espera.

Offspring: viejos himnos, energía renovada

Cinco minutos antes de las 21 h de la noche, sonaba «Thunderstruck» de AC/DC. El pabellón se venía arriba y ya nadie se sentaría. Offspring arrancaron con «Come Out and Play», como nos arrancaron de cuajo también la voz a todos. No importa si los escuchabas en tu walk-man en los 90 o si los acabas de descubrir en Spotify hace dos semanas: esa canción es puro ADN punk californiano. Dexter sonaba impecable, sabiendo que no alcanza las notas más altas de sus años mozos (¿Quién sí? Que algunos ni siquiera las alcanzábamos entonces). Suple con oficio y carisma lo que la edad se lleva. Noodles, por igual pero a la guitarra. Ambos estuvieron enérgicos, divertidos, entregados. Nada que reprochar. Sin tiempo para respirar, llegó «All I Want», y de pronto todos queríamos lanzarnos desde la grada al pogo central. Era imposible no sentir ese subidón adolescente, esa urgencia vital que solo ciertas canciones logran despertar.

El repertorio de la banda se apoyó, como era de esperar, en su santísima trinidad noventera: Smash, Ixnay on the Hombre y Americana, con algún guiño a Conspiracy of One. Antes de la mitad del show, sonó «Bad Habit», con Dexter provocando al público, exagerando la interacción antes de llegar al momento de los tacos e insultos, que fueron coreados con devoción absoluta. A continuación, la banda se detuvo para un homenaje a Ozzy Osbourne, con riffs y fragmentos de «Paranoid» y «Crazy Train». Luego, otro guiño, esa vez a los Ramones, con «I Wanna Be Sedated», que se vivió como un puente entre generaciones. Más sorprendente fue cuando colocaron un piano en medio del escenario para interpretar la versión revisitada de «Gone Away», un clásico de Ixnay que en esta versión sonaba como un primo lejano de «Mad World», aquella maravilla que descubrimos en la banda sonora original de la película Donnie Darko. Offspring siempre han tenido ese talento para recordarnos a otras canciones suyas… y a media docena de otros grupos a la vez, sin perder su esencia.

«Why Don’t You Get a Job?» se celebró con un pabellón lleno de balones playeros, como si la playa de Badalona se convirtiera en Huntington Beach, California. El clímax llegó poco después con «The Kids Aren’t Alright», tras la cual amagarían con irse… solo para volver y cerrar con «Self Esteem», tan salvaje y emocionante como siempre. La que fuera nuestra canción favorita en 1994 nos hizo pensar en lo mucho que puede haber cambiado la banda en 30 años. De aquella formación original solo quedan Dexter Holland y Noodles, completando la formación ahora con bajista, batería y un guitarrista multinstrumentista: tres jóvenes precisos y sorprendentemente efectivos, con mención especial al batería.

En conjunto, el grupo sonó compacto, mucho mejor que en otras giras pasadas: se les notaba en forma y con ganas. A nadie se le escapa que Offspring viven cómodamente apoyados en tres discos superlativos de los 90. Mientras tengan ese repertorio y puedan desplegar esos himnos con eficacia, el resultado seguirá siendo igual de gratificante para el espectador. Así fue al menos en Badalona: una noche en que el tiempo viajó hacia atrás y el pelo se nos puso de colores, con la sensación de que el mundo podía ser tan simple como un acorde punk-rock.

 

Texto: Borja Figuerola

Fotos: Toni Villén

Un comentario

  1. francisco Maestre Hidalgo

    Explosivo, rejuvenedor, vibrante, entusiasta, divertido, terapeutico… Necesitavamos una buena dosis del mejor Offspring. Tremendos e impactantes… Aún sigo flotando en el espíritu pop-punk.
    Volver por favor, os esperamos co el corazón abierto.

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