
Mi memoria enflaquecida me sopla que hacía catorce años que los New Christs no pisaban Madrid. Estuvieron posteriormente por España en 2014, pero por motivos que desconozco no tocaron en Madrid. Esa enorme laguna temporal había generado una locura por verlos que se materializó con un “sold out” casi instantáneo cuando se pusieron las entradas a la venta… ¡con cuatro meses de antelación!.
Rob Younger y Jim Dickson ya pasan de los setenta años, por lo que era fácil caer en los tópicos de: “seguro que ya no son lo que eran” y “dudo que puedan mantener la energía de antaño todo el concierto”. Pero nunca hay que subvalorar a una banda australiana que ha hecho arte lo de controlar una reacción nuclear. Las dudas quedaron despejadas cuando arrancaron con «We Have Landed». Sí, eran los de siempre. Con la habitual presencia escénica sobria, inexpresiva, de la banda —Younger, como siempre, vestido de riguroso negro— demostraron que el rock es algo que se lleva dentro y que se descarga en cuanto abres las compuertas del aliviadero. Si está en el ADN es inherente a la edad. Estos bárbaros morirán matando.

La primera reflexión que asalta a la mente es lo difícil que tiene que ser elegir un puñado de temas para interpretar de un cancionero extenso, épico, impecable: supongo que nunca olvidarán los gritos de alegría cuando sonó el riff de entrada de «Born Out of Time». Es incomprensible como pueden facturar un rock denominado high-energy cuando el bajista Jim Dickson no se mueve del sitio y el baterista Paul Larsen no sube las baquetas por encima de la cabeza. Eso sí, a Dickson no se le ven los dedos y Larsen parece una trituradora.
Es lo que se llama la sección rítmica perfecta, es lo que sustenta que aquello no descarrile en la primera curva. La única concesión a la fotogenia es un par de poses a lo guitar-hero de Brent Williams. La siguiente reflexión es que si el rock está asociado a unas edades tempranas, ¿por qué cinco tipos que peinan canas logran encabronar a una sala? La experiencia, sin duda. Son muchos años. Saben componer, saben lo que funciona y lo que no, saben interpretarlo.

Fueron los Ramones los que inventaron lo de no dar tregua al espectador. Los New Christs lo saben, y enlazan una con otra sin que dé tiempo a dar un sorbo a la cerveza. No hay un error, todo es milimétrico. Se entienden con la mirada cuando deciden alargar un tema. Para colmo, iban mal de tiempo y no se retiraron al camerino. Sin ninguna pausa, enlazaron con los tres bises previstos: «Like a Curse», «I Swear» y «Bonsoir a Vous». La sala era lo más parecido a un demencial aquelarre, donde se invocaba a la Santísima Trinidad del rock: la potencia, la electricidad y la fuerza. Lo que los Stooges resumieron con el término “raw”. Este concierto no se perderá en la memoria como las lágrimas en la lluvia.
Fueron Los Chicos los que se encargaron de encender la turbina. Antonio, convaleciente de una operación, tuvo que tocar sentado en un taburete. “Los Chicos ya no somos tan chicos”, bromeó Rafa. ¡Bah, pamplinas! Hasta con una válvula dañada el motor desbocó todos los caballos. Siempre fueron una anomalía en el rock patrio. Por muchas razones: por su abultada discografía, por su puesta en escena, que la controlan como nadie, y por su solvencia con los instrumentos. Rafa, es la definición perfecta de lo que es un front-showman, palabra que me he inventado y mezcla de ambas porque no hay una que detalle esa desbordante simpatía y saber estar. Y qué decir de Gerardo, que entre canción y canción se pegaba un lingotazo de una botella de Rioja. ¡Cómo no los vamos a querer!

Una anécdota: Dave Kettley, uno de los guitarristas de los New Christs, mezclado entre el público en primera fila, miraba atónito y tarareaba los estribillos. Sí, las bandas australianas salvajes también pueden disfrutar de homólogas en otros continentes. Los New Christs y nosotros, pudimos comprobar que asistir a un concierto de Los Chicos es vivir una auténtica experiencia de rock & roll en estado puro: energía desbordante, actitud festiva, y una banda que no engaña ni pone filtros.
Hoy terminarán la que probablemente sea su última gira en el Hogaza Rock en Alfacar (Granada) con el mismo doble cartel.
Texto: Manuel Beteta
Fotos: Salomé Sagüillo






