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Meatbodies – Upload (Barcelona)

 

En mayor o menor medida, todas las bandas recurren al archivo de su propia memoria —o a la de otros— para construir su historia. En el caso de Meatbodies, la década que transcurre entre su debut y “Flora Ocean Tiger Bloom (2024)” representa una evolución sonora significativa.

Pasan de mirarse en un espejo de cadencia inmediata, asociado a los parámetros básicos del psych rock, a explorar terrenos alternativos donde el sonido conjuga densidad y saturación en proporciones equilibradas. Al mismo tiempo, se abren paso entre elementos del glam rock y del rock clásico más puro.

En ese espejo mencionado, podría vislumbrarse una dimensión de fondo: una especie de escenario donde se proyectan distintas escenas de influencias. Desde la principal, representada por Smashing Pumpkins, hasta otras más transitorias, como Spacemen 3, todas aparecen envueltas en un halo de resurrección personal, teñido por un germen californiano con trazas de psilocibina.

Por otra parte, Black Maracas reclamaron su cuota de protagonismo como invitados a la fiesta. Desde Madrid, y evidenciando que su corto pero intenso currículo hasta la fecha —con apariciones en el Levitation Festival de Austin y el Freakout Festival de Seattle, entre otros— está más que justificado. El proyecto inicial, fundado por Adrián “Chilly Child”, publicó apenas hace un par de meses “The Anecdote (2025)”, sobre el escenario armaron un sonido que miró directamente hacia el camino que iniciaron bandas como Green River, Skin Yard o los primeros Mudhoney, haciendo de la repetición de secuencias su nucleo central. Y precisamente ahí radicó su principal hándicap: llevar su show hacia una línea excesivamente plana, solo salpicada por pequeños trazos de dinamismo y distorsión.

Dejar caer en los primeros compases del show uno de tus mejores temas suele ser un riesgo que puede jugar a tu favor para conectar con el público, o bien tener el efecto contrario: el de haber gastado una bala antes de tiempo. En el caso de Meatbodies, como segunda toma de contacto, nos encontramos con “Hole”, una suerte de pseudo-hit de sonido alternativo actualizado, que habría funcionado mejor como cierre de la primera parte del show o bien dentro del bis.

Pero, estructura del setlist al margen, el trío supo encadenar y encajar sus diferentes facetas: desde la psicodelia que miró al pop con delicadeza en “Billow”, pasando por la velocidad de “Mountain”, hasta la que se nutrió directamente de guitarras distorsionadas y algo reflexivas, elegidas en este caso para cerrar tanto la primera parte del show con “Gyre” como para rematar el mismo en modo introspectivo con “Fools For Their Hands”.

 

Otro de los aspectos destacados fue cómo articularon de forma efectiva los diferentes juegos de voces a dos bandas, que, junto al resto de elementos, generaron el ambiente adecuado. Un entorno donde se alternaron sus distintas facetas, activando al público en un pogo controlado y enérgico, que puso más ganas que, quizás, la propia banda, la cual podría haber rematado la noche con algo más de consistencia.

Este viernes lo volverán a demostrar en el Ebrovision de Miranda de Ebro.

Texto: Oscar Fernández Sánchez

Fotos: Sonia Eireos Gallarin 

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