
Creo recordar que la última vez que vi en directo a un combo alienígena, fue en los lejanos tiempos de los surferos espaciales Man Or Astro-Man? Normal entonces que llenáramos en gran medida la sala ubicada en la montaña de Montjuic, para presenciar el aterrizaje de la nave Henge en la Ciudad Condal.
Nada más posarse en el escenario ya nos percatamos que estos extraterrestre más que en son de paz venían en son de fiesta. Que empezó de manera muy apropiada con «Ascending» que desató la algarabía terrícola en la sala. Un público muy acorde con el viaje en el que estábamos imbuidos, gente vestida de astronauta, con antenas, con camisas de luces…A la tercera canción «Mushroom One» empezaron a interactuar con los asistentes, preguntando si todos éramos terrícolas, aunque algún que otro plutoniano rebeló su identidad.

El viaje en tan particular nave iba a toda mecha, raudo como un cohete alimentado por combustible que mezclaba electrónica retro futurista, psicodelia, progresivo y hasta algo de surf. Un poco el concepto de los australianos King Gizzard & The Lizard Wizard, pero más lineal y sin tanta explosión estilística. La duración de los temas era generosa y daba para que el cuarteto se explayara con sus instrumentos como por ejemplo el vocalista Zpor que tanto se dedicaba a solear con su guitarra como a dar estrambóticos y hippiosos bailes.
Tras presentar a los dos miembros no humanoides que eran el teclista y bajista Goo y el fenomenal batería Nom, que funcionaba cual metrónomo a pesar de que algunos podían ser bastante intrincados, el teclista Grok el empezó a marcar el fin de fiesta y el aterrizaje de la nave con la contundente «Praise Of Water». Una vez en tierra aún les dio tiempo para un bis, la muy coreada «Demilitarise», con ciertos aires Haight-Ashbury en la que reclaman el fin de la industria armamentística y más fraternidad sideral.

9-9-2023
FOTO: MARINA TOMAS ROCH
Para finalizar, la cabeza humanoide y vocalista del combo se mezcló entre el público para repartir abrazos cósmicos y hacerse selfies con quien quisiera, mientras el resto de la banda dejaba el escenario. Ochenta minutos de estupendo y vigoroso recital que se pasaron en un suspiro y que nos dejaron con ganas de próximos avistamientos.
Xavi Martínez






