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8º Herofest – Frontera (El Hierro)

Una locura hecha con mucho amor

 Dijimos que volveríamos a nuestra isla del tesoro y eso hacemos, con la vida aún por jugar y con la idea clara de aferrarnos al verano hasta su último suspiro. El Hierro nos recibe una vez más con los brazos abiertos y todo está listo para que la 8ª edición del Herofest sea éxito asegurado, con un genuino cartel que vuelve a remarcar la idiosincrasia de un evento con personalidad propia que se sale de todo circuito manido de festivales repetitivos y sin esencia.

Repartidos en dos jornadas, una decena de conciertos de primera y gratuitos (con Lagartija Nick y Crudo Pimento como cabezas de cartel), más un medio día de raíces y alas canarias en un marco de ensueño. ¡Allá vamos!

Viernes 12

Aterrizamos y saltamos casi en marcha en Frontera, con el imponente Risco de Tibataje siempre presente y la plaza Tigaday ya en alto grado de efervescencia con Los Blody, sudando rock fresco y afilado a partes iguales. La banda canaria afincada en Madrid, ganadores del Premio de Música Joven Alberto Delgado (Caja Canarias), queman las naves sobre las tablas a cada tema de su incendiario debut “No voy a morir aquí” (24), con traca final de “mecha corta” en “Soy un criminal” y remate con ese caerse y levantarse más fuerte en “El pibito de antes”.

Baked Belda DJ

Entre concierto y concierto, antes y después, el incombustible Baked Belda DJ, pura pasión contagiosa a los mandos sonoros, sorprendiendo con pinchadas de una eclecticidad desbordante que recorren los ritmos de medio mundo, raíces, presente y futuro, todo filtrado por su genuina coctelera de baile asegurado. Así puede mezclar lo recién salido de Niño de Elche y Refree o al omnipresente Fajardo, pasando por el “Blind” de Hercules & Love Affair, el “Knockin’on Heaven’s” Door de Dylan o el “Crîtto de lâ Nabahâ” de Califato ¾… A pocos DJ he visto que el público, habiendo conciertos después de él, no lo dejen irse del escenario pidiéndole otra.

Clavelitos

De Lanzarote llegan Clavelitos, que salen a por todas con “Música de Dios”, el primer single que nos llegó de su futuro debut discográfico, en esa encrucijada luminosa donde se funde el indie rock y el noise pop más envolvente. A la banda (Adriel a la voz principal, Damián a la guitarra y voz; Yosu al bajo; Josito a la batería y Marcos a los sintetizadores) se la nota más rodada y engrasada que nunca, bien conectados y creando pompas psicodélicas que crecen, te atrapan y no terminan de explotar, como esos “Ojos de sardina” con ADN planetario por los cuatro costaos. Nos adelantan varios temas y dejan al público con ganas de más. A la espera de su futuro disco quedamos.

Naife

La temperatura sube y hasta revienta algún termómetro con la descarga garagera y nervio punk de la banda canariona Naife, enganchando a todas y todos los presentes de principio a fin y generando el primer gran temblor de tierra del festival, con el público al completo saltando y bailando cada embestida. Desgranan su endiabladamente pegadizo EP “Untitled” (24), de la “Nobody else” inicial, al fuego lento de “No baby” o ese “Loser” que se te queda pegado al cerebelo como salitre de fuego a la piel. Primer gran descubrimiento de esta edición, apuntamos su matrícula y estaremos muy pendientes de los próximos movimientos de la banda.

Pumuky

Teníamos muchas ganas de reencontrarnos en vivo con la banda tinerfeña Pumuky, que nos dejó marca honda en su paso por el Monkey Week hace ya años… Salen a escena y caemos en sus redes a la primera, con su flamante y sobresaliente “No sueltes lo efímero” (25) bajo el brazo, su esperadísimo quinto largo, tras una década desde su anterior trabajo, con EP de por medio. Sobrepasan las expectativas con un show que se mueve entre el slowcore y el shoegaze más intenso y emocionante, creando una tensión sonora que parece nunca romper y que nos deja sin aliento. Un trance colectivo que ahonda en la herida con una lírica que nos centrifuga por dentro una y otra vez.

Canciones que duelen, que arañan, pero que sanan al mismo tiempo, con luz a borbotones en cada crescendo, en cada giro, en cada salto al vacío en el que acompañamos a los músicos sin pensarlo. Con un Jaír Ramírez al frente (guitarra y sintes), concentrado y dejándose la piel, interpretación a interpretación, la banda (Noé Ramírez a la guitarra, Mariano Gracia al bajo y Albert Morales a la batería) se funde a la perfección en todas las piezas, de ese maravilloso grito que quiere recuperar lo irrecuperable en un “El salitre de tus labios” en la que nos sumergimos sin darnos cuenta y ya no hay vuelta atrás, a la titular, una “No sueltes lo efímero” en la que no tocamos el suelo de inicio a fin, de nuevo con la pérdida y el duelo reconciliándonos en una curativa atmósfera resplandeciente de la que no queremos despertar bajo ningún concepto. Magia sonora a corazón abierto. Uno de los conciertos más emocionantes de esta edición y una vuelta discográfica que celebramos.

Lagartija Nick

Lagartija Nick pisan las tablas, Antonio Arias al mando, bajo y voz, Juan Codorniú a la guitarra y coros, JJ Machuca a los teclados y sintes, y sin Eric Jiménez, pero con un David Fernández a las baquetas que deja el listón bien alto; demuestran en pocos parpadeos por qué son una de las bandas más influyentes y genuinas de los últimos 35 años.

Expanden su abanico de experimentación sónica y recorren lo más granado de su discografía, del despegue atronador con “Sonic Crash”, a la titular de “Hipnosis” (92), pasando por esas guitarras afiladas de Codorniú en el viaje “Universal” que hacemos con toda la Generación Beat o, compañera de surcos de “Inercia” (92), una vibrante “Nuevo Harlem” en la recta final. La banda se vacía en cada interpretación, con el bajo de Antonio Arias retumbando desde el centro de la Tierra. Se acuerdan de nuestros añorados “Strummer / Lorca”, y antes del gran Jesús Arias con una “Buenos días Hiroshima” en la que late muy fuerte el sufrimiento de Palestina, “Cielos cabizbajos” (19) que lloran por las bombas y que funden sus lágrimas con las de ese doliente y afilado estribillo/mantra lorquiano que gritamos a los cuatro vientos: “¡Asesinados por el cielo!”, con Morente eterno en una “Vuelta de paseo” como pieza elegida del “Omega” (96), antes y después en la historia de la música, y una “Celeste” del imprescindible y experimental “Val del Omar” (98), como colofón y quejío eléctrico que deja huella imborrable en la isla de El Hierro para siempre.

 

Sábado 13

Toca disfrutar de las piscinas naturales de La Maceta y de la maestría y la pasión de músicos canarios que funden tradición y contemporaneidad con una energía envolvente y desbordante que eriza la piel, con el viento aullando a los coros y un marco de ensueño, océano y riscos como unos espectadores más que se mecen, emocionan y bailan primero con la magia de Lajalada, y luego con la psicodelia descarnada de Tal!!! Así,

Tal! y Lajalada

Belén A. Doreste, sola y bien acompañada, guitarra acústica y a los mandos de una nave electrónica que nos sobrevuela y abduce como la brisa de un verano que no queremos que acabe; nos conquista de inicio a fin con un show que nos invita a quedarnos en “la pared de su linda alma”, a un “nunca acabar” y a “no curarnos…”, tanta sensibilidad y emoción que hasta la luz se va unos instantes. Maravilla. El relevo lo toma Rubén Padrón, Tal!!!, que abre el cielo en dos con la tormenta lisérgica de “El dedo de Dios”, en la que se une gran parte del público al airado estribillo, y una “Arrorró” en la que se suma Belén al tambor herreño y coros, otro de los momentos cumbres que nos recuerda que estamos en uno de los festivales y lugares más auténticos del planeta.

Baked Belda DJ rules, nos regala el maridaje perfecto para que las raíces sonoras sigan floreciendo y bailando mientras degustamos manjares del mar y la tierra en este rincón paradisiaco.

El refrescante pop rock de Banda sin nombre enciende la mecha de la tarde en el escenario de Tigaday, con la voz de Yuliana Kim al frente y la banda al completo disfrutando sobre las tablas, danzando y conectando con los presentes. Pero los astros se alinean y unos buenos amigos me invitan a una reunión en la cumbre, eclipse mágico de sentimientos que en una privilegiada azotea y fuera de carta, marcan nuestro Herofest particular con dos interpretaciones inolvidables: “Gotas” de “Arrullo magnético” (15) y “Deidad” de “Intuición” (21), ¿por quién?

Fajardo

Por su autor, uno de los mejores artesanos de canciones nacionales de la última década, maestría y pasión a las seis cuerdas y una voz genuina y conmovedora desde el interior del volcán, al cielo libre, Fajardo. Y si lo que celebramos es que “andaban sin buscarse aunque sabiendo que andaban para encontrarse”, ¿qué más se puede pedir? Brindamos por la vida y la tarde se resiste a caer, “como si del fondo del mar miles de acordes surgieran, / como si de esta oscuridad emergieran luciérnagas”, y las manos enamoradas se unen, se aprietan y funden más que nunca en ese “menos mal que te encontré”, verso final de “Las gotas” que ya siempre resonará en aquella pequeña terraza de El Hierro. “Deidad” y nos vamos con el corazón contento, sabiendo que “está en la risa la fuerza del universo”.

Bajamos de las alturas y los chicos de Duele, Jorge Luis Amil a la voz y al huracán de guitarras y distorsiones, y Javier Iceta a la tormenta rítmica, batería, nos sumergen en sus “Vacaciones químicas” (25) de heridas abiertas y sanación con un buen chute de energía y cóctel explosivo de noise pop, shoegaze, lluvia sintetizada y kraut rock por momentos, disolviendo la tarde en el anochecer como “una aspirina efervescente”. Canciones con personalidad propia que surgen de una encrucijada sónica donde transitan ecos de Triángulo de Amor Bizarro, Los Planetas y Los Punsetes. “¿Qué es lo que va a pasar ahora?”, no lo sabemos, pero les seguiremos la pista.

Thomas Greenwood & The Talismans

Si en la edición pasada sorprendieron bandas internacionales como los amigos mexicanos Melts con sus envolventes atmósferas y explosiones; y la magnética energía arrolladora y bailable de los portugueses Maquina, este año son los italianos Thomas Greenwood & The Talismans, con su virtuosismo instrumental y épica lisérgica los que dejan el listón por las nubes. Fresca neo-psicodelia onírica cargada de melodías exóticas y coloristas, con un extra de sonidos fronterizos, brisa surf rock y contundencia stoner. Repasan su brillante “Ates” (24) y nos hechizan con cada tema, del western “When we die” que suena a clásico instantáneo, a la tempestad psicodélica de “Mystic Sunday Morning”, con giros y atmósferas shoegaze incluidas. Nos doramos en las hipnóticas melodías de “Sunhouse” y cabalgamos en el festín rítmico empapado de sonidos de Anatolia de “The road to Ates”, con subidón final que hermana con esas cuerdas que echan chispas en “I do not”, para terminar por pasarnos por encima a base de stoner rock, con el bajo al poder en una demoledora “Sleepwalker” que alargan al máximo. Ovación colectiva y vuelven rápidamente para tocarse dos más.

Crudo Pimento

Complicado salir tras la centelleante orgía sonora de los de Bérgamo, con Baked Belda manteniendo la llama hasta que los murcianos más inclasificables, rompedores y adictivos, Inma Gómez y Raúl Frutos, Crudo Pimento, salen a escena y dejan con la boca abierta hasta a los lagartos gigantes de El Hierro. Aullidos eléctricos del desierto, música bereber, rock de Anatolia y ritmos jamaicanos que parecen surgir del averno o el volcán más iracundo; raíces y mil aromas sureños, del flamenco al folclore murciano, pasando por las afiladas fauces de una radical y alquímica trituradora que combina el rock industrial, el krautrock, la dark wave, el thrash o el grindcore sin despeinarse.

Así, con Inma marcando el pulso, “intuición rítmica cavernaria” a ese ya mítico instrumento con cuerpo de lata de pimentón gigante, y “martillo aplastante tocando placas de metal y artefactos de una sola cuerda”, echamos a arder en la balacera sin pausa que abren desde el “Yo vine a traer la guerra” inicial, con Raúl a la batería, mano derecha, y a las cuerdas, mano izquierda, escupiendo versos de fuego: “Yo vine a traer la guerra, / yo vine a dar el final, / mis ojos son la tormenta, / mi lengua quema cristal”. Tiembla Tigaday y Frontera al completo. Nos vamos a “Pantame” (19) y el trance en llamas sigue con el cruce de caminos de “Allohawaii Bodoque” y “La Tierra te trague”, pasando por su último e imprescindible “El Carmen 13:7” (23), del flow incendiario de “Garra y padre”, a unos “Verdiales Carmelitanos” anteriores que terminan por enloquecer a todas las herreñas y herreños de nacimiento y, con el Herofest de por medio, ya todas y todos los demás presentes, yo incluido, herreños de adopción.

Crudo Pimento & Fajardo

Y cuando parecía que habíamos tocado y roto techo, sube al escenario Fajardo y se suma a “Casa y carbón”, con esa fantasmagórica “cabeza de la hiena” grabada a fuego en el aire, quejío a quejío. Los sonidos crudos y las sorpresas continúan con broche final para el recuerdo, con Inma, lata de pimentón y baqueta en mano, y Raúl con uno de los tambores de la batería, bajando y cantando a viva voz entre el público: “¡Bailaores!, ¡bailen a cintura quebrada!”, aquella primera canción rescatada de su segundo disco de descartes, “MAL, MAL, MAL (Descartes #2)” (15), intercalando también de esos mismos surcos los versos: “Dile algo a la gente que no se sabe peinar, / dile algo a la gente que no sabe dónde va”, del tema “Mal, mal, mal”; con la gente repicando a las palmas, jaleando y Fajardo sumándose a esos “Bailaores” y entrelazando letras populares, golpeándose y golpeándonos el pecho: “Cansao estoy de cansarme / y aburrío de aburrirme, / que pensaba hasta matarme, / pero no quiero morirme” o esos otros “verdiales majoreros” de “Que cada uno cante a su gusto, / que para los gustos colores…”. Imposible mejorar este fin de fiesta de trance colectivo y crudeza tribal, con las raíces por delante y a tumba abierta. Ojos vidriosos mil y ovación sincera e infinita.

Los Bengala

El último directo lo firman Los Bengala, con una ráfaga de hits explosivos que vuelve a subir la temperatura de la madrugada. Del pegadizo “Yo grito” de Los Sírex, a ese “no voy a dormir” “Si no estás aquí” en la que salta y baila El Hierro al completo, o una “Hacerte sufrir” que termina con una valla agitada en el aire, hasta llegar a los fuegos artificiales de “estoy jodidamente loco por tu amor”, “Jodidamente loco”. Eso es el Herofest, una locura hecha con mucho amor. Con la flecha clavada en el lado izquierdo del pecho nos vamos.

Texto y fotos: David Pérez Marín

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