The Delevantes son uno de esos platos que fueron secretamente degustados por los sibaritas del americana en la ya lejana década de los noventa. Tanto Long About That Time (1995) como Postcards From Along The Way (1997) son dos álbumes a redescubrir, dos pequeñas joyas de rock y country repletas de grandes melodías, como también lo son y están los tres discos publicados posteriormente por Bob Delevante, hermano de nuestro protagonista.
Una carrera de alto nivel y sin altibajos que, me atrevería a decir, Mike ha superado con este su debut en solitario. Y es que September Days es una pieza de orfebrería tan brillante, tan bien tallada y engarzada, que cuesta creer que no haya tenido más repercusión entre el público aficionado a este tipo de sonidos. Acompañado de una solidísima banda, en la que destacan las cuatro cuerdas de Garry Tallent (bajista de la E Street Band que ya produjo en su día los dos primeros álbumes del dúo, originario de Rutherford, New Jersey –paisanaje obliga–.), Mike se mueve en ese terreno de arpegios y armonías resplandecientes que aúnan rock, country y pop y que se fijan en la memoria del oyente desde el minuto uno. Imposible escuchar ese fastuoso inicio con «The Rain Never Came», «When You’re Around» y «Don’t Count Me Out» y evitar que se te aparezca Gary Louris en un oído, Tom Petty en el otro…y los Byrds en ambos; como referencias, como sombras y dejes, como guías de un entramado melódico sublime.
Maduro y suficientemente bregado, Mike cuenta historias cercanas y a la vez universales, evita tópicos fuera de lugar y destila esa suave y melancólica lírica que suele formar parte de los mejores momentos del género.
Estos días de septiembre, preludio de un otoño siempre evocador y nostálgico, también se mueven por paisajes más tranquilos (preciosas «Still Me», «Sunset» o «Make Believe»), intercalados sabia y oportunamente con algún blues rock a lo Blasters («Too Far Gone») o con esa «Adelaine (September Days)» que no desentonaría en absoluto dentro del Rainy Day Music, y no sólo por el título. Se acercan, como decíamos, días grises, lánguidos y taciturnos. Y pocos discos nuevos me parecen más adecuados para poner banda sonora a esos colores ocres y grises, a esas nieblas y lloviznas, que estas trece gemas sin desperdicio. Ni que sea para invocar un poco de sol entre nubes y un mucho de calidez emocional.
Eloy Pérez






