
Crítica y público han caído rendidos: Rolling Stone los situó como una de las bandas más potentes del país, y NME alabó su capacidad para hacer arte sin despistarse de lo urgente. Si te van los directos que huelen a club caliente, cerveza barata y sudor legítimo, Private Function son cita obligada.
Apaga el postureo, sube el volumen y deja que te atropellen con clase: la prensa ya los llama “tu nueva banda favorita”. Y no es casualidad. Aquí tenéis las fechas de esta tremenda gira: 9 De Octubre Funtastic Dracula Carnival (Benidorm), 10 Sala Font Del Ferro (Castell D’Aro), 11 La Casa Del Loco (Zaragoza), 12 Octavo Arte Cervezas (Segovia), 13 Sala El Sol (Madrid), 15 Gong Galaxy Club (Oviedo), 16 Gran Café (León), 17 Underground Weekend (Cáceres), 18 Helldorado (Vitoria-Gasteiz) y 19 Rockbeer The New (Santander).
Private Function amenazan con impactar (nuevamente) en España. Son un torpedo lanzado desde Melbourne y los que ya los habéis visto sabéis lo que esta banda implica: salvajes, desternillantes y con las guitarras siempre al rojo vivo. La banda australiana —dos veces número uno en las listas domésticas— ha convertido el desparpajo en arte y el caos en marca registrada, y ahora trae a Europa su última descarga sonora, editada por el sello español FOLC Records.
Su nuevo álbum —titulado en apariencia impronunciable ( ̄_(ツ)_̄ ) y apareciendo en algunas reseñas como Whose Line Is It Anyway?— es un festín de garage-punk, speed y rock’n’roll con vena hardcore. Si alguien se atreve a buscar referencias, que piense en un cóctel de Bored!, The Dickies y Rose Tattoo pasado por la trituradora de Gang Green y D.R.I.: riffs directos, tempos bélicos y letras desinhibidas que no se toman nada demasiado en serio… excepto la fiesta. El disco, editado en vinilo conceptual (sí: con bolsitas de “speed” entre los plásticos en la edición australiana), se agotó en cuestión de minutos y sirvió para que Private Function, con una sonrisa socarrona, adelantasen a Metallica en las listas. Sí: así de bizarro y así de maravilloso.
En directo la cosa no es menos apocalíptica. Liderados por el carismático Chris Penney, PF han afinado una fórmula demoledora: humor corrosivo, gags nostálgicos y un antiautoritarismo de manual que convierte cada concierto en una celebración colectiva de lo imprevisible. Sus tácticas de márketing —tan desquiciadas como eficaces— forman parte del espectáculo: escenografías, merchandising irreverente y un culto de seguidores que alimenta su ascenso meteórico.
Las canciones, según la banda, nacen en el pub: conversaciones gritadas, anécdotas recogidas al vuelo y riffs que brotan como respuestas a frases escuchadas entre birras. El resultado es un repertorio inmediato, rabioso y contagioso; un manual moderno para quien quiera saber cómo sonar caótico sin perder gancho melódico.
Texto: J.F. León







