
El pasado 30 de abril, Bunbury presentó su nuevo álbum donde se daban cita fans y periodistas, así como gente afín a través de su discográfica. Bien llevado el acto por Fernando Navarro, hablando al inicio sobre el fracaso del artista, intentando recorrer el mismo camino de diferente manera.
Sin embargo, después de las ruedas de prensa en Hispanoamérica y las entrevistas donde ya había desgranado su último LP, Bunbury atendió a los medios españoles antes de su regreso a tierras americanas. La atención del acto, entonces, estaba puesta más en la foto que en la charla. En el acercamiento por parte de los fans mediante una de tantas anécdotas llevadas a la familiaridad.

Con los días, una vez pasada la vorágine de la promoción y el caudal de entrevistas queda pensar. Siguen sobre la palestra las mismas cuestiones: ronda de halagos, Glycol y el susto de no verle nunca más sobre un escenario (con un sentimiento y una exaltación de una amistad ficticia), la vida en Los Ángeles y la reunión de Héroes del Silencio. Este relato reitera en lo ya sabido, ayudando a mantener el cerco de la historia y las preguntas como reses en el mismo pasto. Porque ir a la raíz de algo sabido rompería el misterio del que hablaba el artículo de El País Semanal («La resurrección de Bunbury» del propio F. Navarro), haciendo de ese relato conocido, un caballo de Troya que rompe el misticismo . Al mismo tiempo, es el propio Bunbury el que, cansado de repetirse, tampoco abre vías nuevas para abordar entrevistas, salvo por alguna excepción (véase la charla con Yordi Rosado donde sí aborda algún tema más personal).
Las idas y venidas, las exclusividades, el no querer enfrentar problemas y satisfacer a todos, el desconocer la gestión de su obra en temas tan contraproducentes como la cesión de derechos para un anuncio puede generar envidias o suspicacias, sino hartazgo. ¿Pero hasta dónde este hermetismo canda o alimenta el mito? Días después, comenzaba la gira de reunión con El Huracán Ambulante. Siempre ha defendido la idea de mirar hacia el futuro, pero su forma de disfrazar la nostalgia, de reeditar trabajos y de reunir bandas plantean, cuanto menos, una serie de incoherencias. Es por ello que cabe preguntarse ¿hasta qué punto es importante el personaje y cuándo se ha de parar sus pies antes de que devore a la persona?
Texto: David Vázquez






