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Outlaw Music Festival Tour – Nueva York

Bob Dylan

Willie Nelson + Bob Dylan + Turnpike Troubadours + The Red Clay Strays + Waylon Payne

-Darien Lake Performing Arts Center, Darien Lake (Nueva York), 8 de agosto de 2025

-Empower Federal Credit Union Amphitheater, Syracuse (Nueva York), 10 de agosto de 2025

A veces hay que creer en los milagros, otras basta con pararse a contemplarlos. Sobre el papel, lo de Willie Nelson y Bob Dylan girando juntos de nuevo en pleno 2025 desafía casi toda lógica posible. Sin embargo, aquí los tenemos, con 92 y 84 primaveras en sus respectivas espaldas y todavía dándolo todo y más en el escenario.

Dos maestros con todas y cada una de las letras, que por segundo año consecutivo comparten la parte alta del cartel del Outlaw Music Festival Tour, evento itinerante auspiciado por el tejano, que arrancó en mayo y que los mantendrá de gira por los Estados Unidos hasta mediados de septiembre.

A su paso por Darien Lake y Syracuse, ambas localidades situadas al norte del estado de Nueva York, completaron el programa tres nombres de peso dentro de ese cajón de sastre que se ha venido a llamar Americana. Ni más ni menos que Turnpike Troubadours, The Red Clay Strays y Waylon Payne. Fue este último, guitarrista titular en la banda del propio Nelson, el encargado de hacer los honores con un set en solitario donde repasó su trayectoria vital y artística al más puro estilo storyteller, aliñando un notable cancionero con suculentas historias personales.

Turnpike Troubadours

A saber, su padre, Jody Payne, también tocó la guitarra para el Red Headed Stranger –sí, dos generaciones de la misma familia han pasado por la banda de Nelson–. Su madre fue ni más ni menos que Sammi Smith, quien alcanzó el estrellato en el firmamento country con el apoyo de Johnny Cash y Kris Kristofferson. Le pusieron Waylon por Waylon Jennings, quien fuera su padrino, y no es anécdota menor que James Mangold lo eligiera para encarnar a Jerry Lee Lewis cuando rodó «En la cuerda floja» (2005). A todos ellos los citó, pero fueron sus propias canciones las que justificaron su presencia en tamaño cartel.

 

Ecos de Alabama

Acto seguido fue el turno de The Red Clay Strays. Los de Alabama llegaban al Outlaw coronados como revelación estelar en la siempre efervescente escena roots. Los avalan dos discos de estudio que son oro puro, actuaciones en el legendario Ryman de Nashville con todo el papel vendido, y un directo que no admite discusión alguna. Una banda bien engrasada y con la lección muy bien aprendida. Un frontman, Brandon Coleman, que posee el look y el magnetismo escénico del primerísimo Elvis –eso es moverse en el escenario, y lo demás son memeces–. Y un repertorio que destila las más genuinas esencias del rock sureño y del soul con acento de Muscle Shoals.

Red Clay Strays

Abrieron con las pantanosas «Good Godly Woman» y «Ramblin'». Derrocharon alma a raudales con ese «Wondering Why» que podría haber cantado en su día el mismísimo Otis Redding. Pusieron toda la carne en el asador al ritmo de la irresistible «On My Knees», un sentido gospel despachado a golpe de frenético rockabilly. Remataron con ese pepinazo soul que es «Wanna Be Loved». Y en Syracuse salió Mickey Raphael, armonicista de Willie Nelson, a tocar con ellos una campestre «Between the Lines». En ambas fechas actuaron a primera hora de la tarde, pero se marcharon con todos los honores de un cabeza de cartel.

Quien poco tiene que demostrar a estas alturas son los miembros de Turnpike Troubadours. Los de Oklahoma son uno de los grandes exponentes de la llamada red dirt music, una vertiente de la música de raíz norteamericana que la crítica especializada todavía no ha sido capaz de definir. Quizás baste con dejarse llevar por perlas tan sugerentes como «Kansas City Southern», «Pay No Rent», «Good Lord Lorrie» o «Heaven Passing Through» –esta última, del todavía caliente «The Price of Admission» (2025)–. Fiddle, banjo, pedal steel, Telecaster y canciones para parar un tren, con eso debería bastar. En Syracuse invitaron a Waylon Payne y Mickey Raphael a marcarse con ellos el «White Freight Liner Blues» de Townes Van Zandt y el «Long Hot Summer Days» de John Hartford.

Bob Dylan

Poniendo a prueba a los fans de Chalamet

Y entonces le llegó el turno a Dylan. Dos conciertos con dos noches de diferencia, y dos actuaciones totalmente distintas entre ellas pese a haber variado una única pieza del repertorio. Si en Darien Lake despachó un tonificante «Positively 4th Street» con métrica casi punk durante una climática recta final, en Syracuse se lo petó para sacarse de la manga una cálida «Soon After Midnight», que el guitarrista Bob Britt aprovechó para marcarse en pleno solo la línea melódica del «Lonesome Town» de Ricky Nelson. Una gozada, de veras.

Abrió ambos pases con una claustrofóbica «Masters of War», quien sabe si pensando en las eminencias que rigen este mundo nuestro, antes de lanzarse hacia una ágil lectura de «I Can Tell» de Bo Diddley –también cayeron versiones de Charlie Rich, Bobby «Blue» Bland» y George Butler–. De pie o sentado tras su piano, arropado por una señora banda donde destaca el tándem que forman Doug Lancio y el citado Bob Britt a las seis cuerdas, obvió los títulos más evidentes de su catálogo para obsequiarnos con joyas tan apreciables como «Under the Red Sky» o una irreconocible «‘Til I Fell in Love with You» que ambas noches construyó sobre la marcha, tocando el piano con la mano izquierda y dando instrucciones a la banda con el indice derecho –verlo de cerca no tiene precio–.

Decíamos que los dos conciertos fueron totalmente distintos pese a haber variado apenas el repertorio. Como muestra, las mutaciones que experimentaron en tan solo 48 horas piezas como la recuperada «Blind Willie McTell», la siempre oportuna «Love Sick» o un «Highway 61 Revisited» que, en Syracuse, desprendió aparato eléctrico de alto voltaje y alcanzó velocidad de crucero. Una desértica «All Along the Watchtower» con guitarra casi flamenca y pegajoso estribillo fue la joya de la corona de ambas noches. Y el gran final con una frágil «Don’t Think Twice, It’s All Right» –culminada con estratosféricos solos de armónica– fue tan emocionante como ideal para poner a prueba la paciencia de los fans de Chalamet. Genio y figura.

Willie Nelson

‘The Last Man Standing’

El broche de oro de ambas jornadas lo puso, por supuesto, Willie Nelson. Último superviviente de una estirpe irrepetible, el Red Headed Stranger cierra cada noche el festival en calidad de anfitrión, todavía al mando de una banda donde destaca la presencia de los siempre fieles Mickey Raphael (armónica) y Billy English (batería), a los que se han sumado recientemente Waylon Payne a las seis cuerdas y Kevin Smith al contrabajo.

Impresiona, mucho, observarlo arrancar con todo el desparrame de la trotona «Whiskey River». También constatar la fortaleza de su voz y la agilidad de sus dedos ascendiendo por el mástil de la Trigger durante los solos de «Still Is Still Moving to Me» o el «Move It on Over» de Hank Williams. Emociona escuchar como susurra «Crazy» o «Angel Flying too Close to the Ground», también como recuerda a sus viejos compinches Jennings («Good Hearted Woman») y Kristofferson («Help Me Make It Through the Night», cantada por Payne).

Nelson & Red Clay Strays

Es envidiable el entusiasmo con el que todavía afronta la eterna «On the Road Again» y la descarada «Roll Me Up and Smoke Me When I Die». Al mismo tiempo, adquiere un aire más transcendental que nunca ese verso de «Funny How Time Slips Away» en el que canta: «Never know when I’ll be back in town». Y ya no digamos la casi metafórica lectura de «Last Leaf on the Tree», un original de Tom Waits que Nelson se ha apropiado casi sin quererlo, cual Johnny Cash con el «Hurt» de Nine Inch Nails.

En plena recta final de ambos recitales invitó a The Red Clay Strays al completo a cantar con él los espirituales «Will the Circle Be Unbroken» y «I’ll Fly Away», antes de despedirse por todo lo alto con «The Party’s Over». Una pieza que también adquiere otra dimensión cuando su autor la canta en su décima década de vida. Transcurrida una hora justa de concierto –en Syracuse lo alargó unos minutos más–, Nelson se levantó de su silla, saludó al respetable lanzando su bandana roja al aire, y se fue por su propio pie cual outlaw caminando hacia su destino. The Last Man Standing, ni más ni menos.

 

Texto y fotos: Oriol Serra

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