
De repente, una chispa recorre el auditorio y desarma el tiempo: esto es un directo de Franz Ferdinand. Anoche en Cap Roig esa electricidad se transformó en un estallido colectivo tan calculado como salvaje.
Alex Kapranos, carismático y arrollador, lideró la ceremonia con esa mezcla de frontman clásico y agitador moderno. Franz Ferdinand siempre apostó por hacer bailar con inteligencia.
La banda mantiene intacta su mezcla de post-punk revival y refinamiento pop —con influencias de Talking Heads o Gang of Four— y esa obsesión por el ritmo que les hizo famosos con “Take Me Out”, himno que sigue siendo el punto de ignición en sus conciertos. Su álbum homónimo (2004), premiado con el Mercury y varios Brit Awards, estableció esa mezcla explosiva de ritmo y elegancia.

El repertorio navegó entre lo nuevo y lo conocido: de la melancolía de “Walk Away” a la insolencia de “No You Girls”, pasando por temas recientes como “The Doctor”. Poco importaba el título que sonara: cada riff encendía el auditorio como si fuera un clásico.
Hay una sutil sofisticación teatral en su propuesta: son tan pop como punk, sin perder ni un ápice de elegancia.
Kapranos domina la escena como pocos: hace cantar, pide silencio, obliga a agacharse o a saltar. Ese control escénico encaja con la estética cuidada de la banda, que desde sus inicios ha jugado con la imaginería de la vanguardia rusa —sus portadas y hasta el célebre vídeo de “Take Me Out” beben del constructivismo de Rodchenko y Lissitzky—, trasladando a sus conciertos la misma mezcla de geometría y caos.
El clímax llegó con “Take Me Out”, estallido de guitarras que desató gritos y saltos antes de una recta final imparable con “Audacious”, “Ulysses” y “This Fire”. Puro vértigo, sin tregua hasta el último minuto.
Solo seis temas del nuevo The Human Fear (2025) encontraron lugar en el setlist, una señal de que sus clásicos pesan más que cualquier novedad. Pero en directo, Franz Ferdinand trasciende sus discos: la energía vive sola, renovada en cada escenario.
Hoy podemos seguir diciendo que ir a un directo de Franz Ferdinand es apostar al caballo ganador.
Texto: Ben Marcus
Fotos: Gloria Limontes






