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Alison Krauss & Union Station – Massey Hall (Toronto)

 

 En este año de retornos sonados y regresos inesperados, se debería hablar más a menudo de la vuelta de Alison Krauss junto a sus Union Station. La mejor banda de bluegrass del mundo, según dicen en Nashville, rompe una larga década de silencio con una extensa gira por Estados Unidos y Canadá que arrancó en abril y terminará a finales de septiembre. Por si esto no fuera ya motivo de celebración, el tour viene avalado por la publicación del primer disco del conjunto en 14 años, el muy notable «Arcadia» (2025).

 Cierto es que ya no está Dan Tyminski, quien declinó volver al ruedo para poder dedicarse a otros proyectos. En su lugar, otro veterano de la música con acento de los Apalaches como es Russell Moore, ejerce de perfecto contrapunto a la dulzura vocal todavía inmaculada de la cantante y violinista de Illinois. Por lo demás, allí están Barry Bales al contrabajo, Ron Block al banjo y a la guitarra, el recién llegado Stuart Duncan al fiddle y, eso son palabras mayores, el maestro Jerry Douglas al dobro.

 Su paso por Toronto se produjo en el mítico Massey Hall, templo por excelencia de la música en vivo y las artes escénicas en la metrópolis canadiense. Abrió la velada, en condición de artista invitado, nada menos que Willie Watson, miembro fundador de Old Crow Medicine Show. Armado con una guitarra acústica y arropado por el cálido fiddle de Sami Braman, alternó canciones tradicionales con composiciones propias, la mayoría pertenecientes a su tercer trabajo en solitario –»Willie Watson» (2025)–. Tampoco se olvidó de «When a Cowboy Trades His Spurs for Wings», original de Gillian Welch y David Rawlings que Watson cantó en la banda sonora de «La balada de Buster Scruggs», la película de los hermanos Coen.

También tuvo referencias al séptimo arte el pase de Krauss y sus Union Station. El escenario recreaba la entrada a un viejo cine de los de toda la vida, con su taquilla con paredes de madera y mampara de cristal, y una marquesina triangular donde podía leerse el título de «Arcadia». Abrieron con dos cortes de este último disco, el melancólico «Looks Like the End of the Road» y el rústico «Granite Mills», cantados respectivamente por Krauss y por Moore.

 Con el instrumental «Choctaw Hayride» se lanzaron hacia los sonidos más campestres, donde terminaron de asentarse al ritmo de la soleada «Sawing on the Strings» y la tradicional «Cluck Old Hen». Desencadenaron grandes ovaciones en la platea clásicos de la altura de «The Lucky One», «Let Me Touch You for Awhile» o sus particulares revisiones de «Baby, Now that I’ve Found You» (The Foundations) y «Angel Flying Too Close to the Ground» (Willie Nelson). Douglas se marcó un solo de gran envergadura, trazando con su dobro las líneas melódicas de «American Tune» (Paul Simon) y «Spain» (Chick Corea), y trasladándolas hasta las pantanosas coordenadas del Deep South.

 Volvieron al bluegrass puro y duro con una atómica lectura del estándar «Orange Blossom Special». Y en tanda de bises despacharon la simpática «When You Say Nothing at All» –Krauss la grabó antes que Ronan Keating, no está de más recordarlo–, armonizaron como los ángeles en la celestial «Down to the River to Pray», y se marcaron una preciosa «Whiskey Lullaby», tremendo dueto vocal en el que Krauss cantó su parte y Moore asumió el rol de Brad Paisley como si se lo hubieran hecho a medida. Cerraron con «There Is a Reason» dos horas de repertorio que nos dejaron con un único deseo entre ceja y ceja: que esta mujer y su bendita banda se decidan de una vez a cruzar el charco y girar por el Viejo Continente.

 

Texto y fotos: Oriol Serra

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