
Un chusco. Así podemos calificar esta serie documental de tres capítulos a los que le sobran, como mínimo, dos y medio. Porque vamos a ver, no nos engañemos. Uno se planta delante del televisor a ver carnaza, a enterarse de cosas que no saben, a encontrarse con nombres sorprendentes implicados en el que ya se ha considerado uno de los grandes escándalos de la historia de la música y el entretenimiento. Dicen que con decenas de personajes públicos metidos en el ajo. Y del documental no sacamos nada. Absolutamente nada. Nos colocan un poquito las cosas en su sitio, nos aportan tres o cuatro declaraciones de mujeres que sufrieron la ira de Puff Daddy, dejando claro que sus testimonios no están probados, y arreando. El colmo y mayor paradigma de lo que digo es el episodio de la pistola en la discoteca en el que en teoría está implicada Jennifer López y como se la cita de milagro sin que, por supuesto se haga ningún esfuerzo en aclarar su papel en los hechos. Que sí que nos lo tragamos casi todo, y aquí el casi es importante. Un fiasco que apunta mucho más de lo que luego ofrece. No pierdan ni un segundo en ella.
Eduardo Izquierdo






