Discomático

Travis Roberts – Rebel Rose (New West)

Rebel Rose - Álbum de Travis Roberts - Apple MusicUn chaval nacido en Corea, en familia de militares, dando tumbos de aquí para allá hasta que papá por fin sienta el culo en Amarillo, Texas. Coros en la iglesia los domingos, y country en la radio el resto de la semana. Los papis se divorcian, se aferra a la guitarra. Y a la botella y a otras chucherías. Hasta que entra en rehabilitación y sale limpio y se deja apadrinar por Dalton Domino, quien finalmente le consigue un contrato con New West. Y todo esto en veinticinco años, que no son pocos pero una edad a la que, a muchos, todavía les sigue planchando mami el pijama.

Sea como sea, el resultado de tantas vicisitudes es un estupendo debut de diez canciones como diez soles, que presentan a uno (otro) de esos cantautores eléctricos americanos tan influenciados por la tradición como por las diversas corrientes y afluentes que han ido ensanchado el rock a lo largo de las últimas décadas. “Mi música no es estrictamente country; es una mezcla de punk rock, country antiguo, rock and roll, blues y otras influencias”, dice Travis. Y no miente. Pinchar el disco y escuchar los guitarrazos de «Bellmarie» sólo empezar, deja las cosas claras. El chaval que se enamoró de Steve Earle via Copperhead Road ha tomado buena nota, ha hecho los deberes y, ayudado de un talento compositivo por encima de la media y una voz en su punto justo, va desgranando un repertorio que promete ya a primera escucha.

En realidad, uno no puede dejar de pensar que en otra época, en una menos saturada de novedades, un disco como Rebel Rose a  buen seguro llamaría la atención de no poca gente ya de primeras. Porque suena fresco, suena potente y, sobre todo, porque tiene muy buenos temas. Canciones que hablan de esa chica que conociste entonces, de ese poli que te jodía la vida y de amigos que se quedan por el camino. Incluso de la alergia a las flores que tiene tu mujer. Épica, drama y humor en un cóctel que no deja de ser la enésima versión del cancionero clásico americano, pero tan bien y honradamente hecho –por un crío, además, que reconoce ser un pop punk de corazón– que se gana con todo derecho un hueco en esa esquina, justo entre los discos de Dave Hause, Cory Branan, Austin Lucas y los primeros Gaslight Anthem.

 

Eloy Pérez

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