
¿Cuántos beneficios genera a la larga que un álbum tenga veinte millones de reproducciones en Spotify? La plataforma paga entre 0.003 $ y 0.005 $ por reproducción, por lo que hablaríamos de una ganancia de entre un mínimo de 60,000 $ y un máximo de 100,000 $ en el mejor de los casos.
Pues bien, esa es la inesperada cifra de reproducciones que consiguió el álbum “Mushroom Death Sex Bummer Party (2021)”, de Wine Lips. Desconozco qué cifra ingresó la banda, pero seguro que les sirvió como una inyección —en todos los sentidos— para su carrera. Sin embargo, como este no es un espacio de análisis económico, nos centraremos en lo que nos importa: su música y su reciente gira, y en el show que ofrecieron en la ciudad condal.
Pero antes, pudimos empaparnos de los sonidos influenciados por la banda que lidera un famoso y omnipresente batería (si hablamos de Dave Grohl), desarrollados por los holandeses Bongloard. De todas formas, sería injusto asociarlos solo a ellos, ya que, si bien es cierto que parten de la década de los noventa como referente básico, en su versión directo, supieron mutar el muro de sonido de ruido blanco hacia una psicodelia abrasiva y dinámica al mismo tiempo.

La temperatura exterior era muy cálida, y la gente que accedía a la sala buscaba el aire acondicionado de la zona de bar, para poco a poco ir acercándose al escenario, esto generó un arranque frío. Podríamos considerar que el comentario: “En Holanda creíamos que los españoles son los que mejor bailan, pero no lo parece, así que demostradlo…”, fue el detonante para establecer la afinidad entre todos. La banda se lanzó hacia una segunda parte, donde se basaron en el álbum DYTYR? (2024), y entre distorsión noise e incursiones entre el público, convencieron.
No leerás una mala crónica de la banda de Toronto, y esta no será la primera. Abrazaron esa mezcla de groovie (¡qué buena cantera ha creado KGLW!), lo retorcieron sin problema con fuzz, pinceladas de metal, y todo aplicado de forma vertiginosa y muy dinámica. Por supuesto, cumplieron con la cuota del lado cool sin forzar, ya sea luciendo unos calcetines Adidas, unas gafas de sol puntiagudas o saliendo a escena al ritmo de Hot Chocolate.
Su última referencia, es “Super Mega Ultra (2024)”, un claro reflejo de por dónde se movió su propuesta en directo, que, junto a la conjunción con su anterior álbum (citado al inicio de este texto), generó un pogo continuo, así como una gestión del stage diving, quizás excesivamente controlada y algo blanda, pero con un resultado de excitación óptimo para todas las partes. Entre mucho sudor se completó un minutaje que, en su extra en forma de bis alcanzó un resultado de excelencia distorsionada y muy contundente.
Texto: Oscar Fernández Sánchez
Foto: Fernando Ramírez






