
Tal como reza la enorme pantalla del escenario («endless anxiety»), la de Viagra Boys es la banda sonora perfecta para nuestra ansiedad sin fin. Curiosamente, nuestras mentes dispersas y desquiciadas consiguen mantener la atención en todo momento, en un bolazo que se hace corto y nos deja con sed de liarnos más.
Se ve más priva volando desperdigada en la noche que luces de malditos móviles, lo cual es bastante alentador. Es la primera vez de los suecos en la capital, comenta el líder de la banda, Sebastian Murphy, cuya panza natural no deja ni un milímetro para un nuevo tatuaje. Tras abrir con la socarrona e impecable “Man Made of Meat”, que inicia también su cuarto álbum Viagr Aboys (Shrimptech Enterprises, 2025), el cantante agradece el vino, el jamón y el fuckin’ vermú, junto a otras «bellas actividades españolas». Presentados los respetos, proceden a lanzar más munición, directa a nuestros sistemas de lo más nerviosos. «OK. Allright!» parece el nuevo mantra de Murphy, quien se esfuerza en reducir, creemos que aún sin demasiado éxito, su ingesta diaria de lúpulo. En “Punk Rock Loser”, de Cave World (Year0001, 2023), demuestra que realmente es un tío de lo más cool. ¿Quién podría, si no, mostrar con tanta naturalidad el inicio de la hucha –ejem– ante el nutrido público congregado en el Real Jardín Botánico Alfonso XIII de Madrid?

En cualquier caso, es fascinante contemplar su rebelión en múltiples formas a la educación férrea que recibió de niño. A Murphy no le dejaban ver la tele ni beber refrescos. Y en la vida adulta, bueno, digamos que se desquitó de tanta restricción. Un buen día de karaoke y desenfreno, el resto de los Viagra Boys vio a Murphy interpretar, a su manera, una canción de Mariah Carey. Le reclutaron para su causa ipso facto.
Los visuales que llevan, por cierto, son una maravilla psicodélica que masajea nuestros sentidos, si bien no logra despistarnos de la falta de potencia decibélica; una pena porque su ejecución es impecable. Y por mucho que Murphy parezca pasar de todo mientras interpreta, piti en boca, uno de los temas clave del nuevo disco, “Uno II” –inspirada en el perro de aquel–, lo cierto es que «canta bien el hijo p%&#», observan ¾ partes del grupo madrileño Venturi, que lo están dando todo entre el público, de lo más entregado en general («Ok. Allright!»).
Los de Estocolmo saben calentar al personal con “Ain’t No Thief”, y para la sátira brutal de “Pyramid of Health”, nos piden que hagamos el símbolo de la pirámide con las manos. Esta reflexión sobre el culto al cuerpo y la pseudoespiritualidad capitalista nos permite coger un poco de aire, un poco solo, para la ráfaga de temazos que le siguen: “Troglodyte”-“Ain’t Nice”-“You N33d Me”-“Down In The Basement”. Ahí es nada. Se acerca el final (¡qué rápido ha pasado todo!) y con “Sports” llega el delirio. Imposible no fijarse en este punto en los «short shorts» del teclista (Elias Jungqvist).
En “Research Chemicals”, de su debut en EP allá por 2016 (Consistency of Energy), Murphy se deja mecer por la masa enloquecida, para alzarse de nuevo al escenario con energías renovadas y la bandera de Palestina en la mano. Gran ovación.

Oskar Carls también tiene su momento de gloria con sus característicos riffs al saxo, si bien no suenan con la fuerza que se desearía en este caso de máxima exaltación –el sonido de este instrumento tiene menos presencia en el nuevo álbum con respecto a los anteriores–. Se despiden con “The Bog Body” y “Worms”, que nos amansa un ápice. Las reverencias al público tendrán de fondo el tema principal de Oficial y Caballero (1982): “Up Where We Belong”, Joe Cocker y Jennifer Warnes. No se me ocurre un tema tan sarcástico y a la vez tan apropiado para despedirnos de ellos (quítenle el azúcar de la balada y fíjense en la letra). Que vuelvan a secuestrar toda nuestra atención pronto.
Y antes de todo esto…
… Los estrafalarios y eclécticos Califato ¾ desplegaron sus banderas y encantos para calentar motores, si bien un apagón ¿técnico? de unos 10 minutos cortó el rollo a artistas y público. El actual líder de este colectivo atípico, Manuel Chaparro, AKA “The Gardener”, lo achaca a un posible boicot de la Comunidad de Madrid, que sospecha de las intenciones independentistas de los andaluces, dispuestos a liberar «la capital mundial del colonialismo» en esta tarde soleada, a ritmo de electrónica y raíces flamencas. Cachondeo y activismo político a partes iguales, una no sabe cuándo habla en serio y cuándo no. El cantante se pasea frenético de un lado al otro del escenario, cual Ignatius Farray en estado de ebullición. Realiza numerosos mutis por el foro para cambiarse de modelito, a cada cual más pintoresco, y seguramente para echar unas caladas al porro, también. Le cubre la voz portentosa de una espléndida María José Luna.
Los sevillanos vienen a Madrid con su más reciente álbum bajo el brazo (ECCLABÔ DE LIBERTÁ, 2024) y tras cancelar su participación en el FIB de Benicàssim, en protesta por la relación de este festival con el fondo proisraelí KKR. Durante su errático recital, serán abundantes y explícitos los gestos en favor del pueblo palestino; también contra la violencia machista, la gentrificación, el fascismo y VOX, entre otros males. «Que cada barrio sea una trinchera», reivindican a colación de su particular “Rumba Portugueça”. Tras una aclamada versión de “Historia de un amor”, de Lola Flores, despiden su rave reivindicativa con la sentida y épica “ÇILENÇIO ∞”.
«Se puede hacer de todo en la vida, pero hay que hacerlo con método y con cabeza», aconseja el jardinero. Amor y gloria.
Texto: Amaia Santana
Fotos: Salomé Sagüillo






