
Bajo el cielo despejado de Cap Roig, con el Mediterráneo susurrando a solo un par de guitarras de distancia, UB40 desató su magia: un reggae suave y envolvente, himnos que invitaban a moverse y la voz inconfundible de Ali Campbell, un timbre que evoca juventud y la promesa de segundas oportunidades eternas.
Durante más de hora y media, Calella de Palafrugell se transformó en Birmingham. Sin exagerar. Porque cuando Campbell canta Cherry Oh Baby o Don’t Break My Heart, no se trata de nostalgia, sino de un presente vibrante.
La banda, impecable y fluida, no tocó por rutina, sino con maestría y pasión. Y eso, en 2025, sigue siendo algo que se valora profundamente. Ali está de vuelta. Tras una ruptura dolorosa y un diagnóstico complicado —ese maldito virus de Epstein-Barr que le hizo frenar en seco el pasado año—, UB40 featuring Ali Campbell se planta en escena con la frente alta. Y con un repertorio que no envejece.

Abrieron con Small Axe, como un guiño a las raíces jamaicanas, y fueron desgranando joya tras joya: Homely Girl, Many Rivers to Cross, Don’t Break My Heart. Hits que no necesitan presentación ni nostalgia para sonar inmensos.
Y cuando llegaron los bises, aquello se transformó en una ceremonia. One in Ten, el siempre esperado Red Red Wine —la versión de Neil Diamond que, más que nunca, es un himno propio de UB40— y, para poner el broche de oro, Kingston Town, dejando claro que hay bandas que envejecen con gracia… y otras, como ellos, que simplemente no envejecen.

¿Quedaba algo por decir? Sí, y lo sabían. Lo dieron todo con una versión delicada, intensa y llena de sentimiento de Can’t Help Falling in Love. Un cierre perfecto para una noche que olía a hierba, salitre y memoria compartida, dejando en el aire la sensación de que el tiempo, de alguna manera, se había detenido.
UB40 no necesita demostrar nada. Solo seguir tocando. Y eso, anoche, lo hicieron como los grandes
Texto: Ben Marcus
Fotos: Gloria Limontes






