
Algunas ciudades te cambian el humor. Otras simplemente te lo devuelven. Gijón, en pleno mes de julio, con el Tsunami rugiendo cerca de la playa y en lo más profundo del corazón, es una de ellas. No sé si fue la cerveza, el salitre o Viva Belgrado. O todo a la vez. Quizá sea únicamente eso: la música y un buen puñado de bandas que saben lo que se traen entre manos. El resultado es una escapada de las que te oxigenan el alma. Como una ducha fría después de meses de ruido mental.
La séptima edición del Tsunami Xixón se celebró con aforo histórico (26.000 personas) y clima bipolar. Lluvia y sol, viento y marea, emoción y estruendo. Y aunque hubo momentos de épica, también los hubo de recogimiento, porque el festival no solo se vive con los oídos: se siente en el pecho.
VIERNES: EMPIEZA LA TORMENTA
Abrieron fuego para quien escribe la banda madrileña Hermana Furia, con buena actitud y una frontwoman segura de lo que hacía, de las que saben sostener el micro y el mensaje. Puños en alto, ilusión a raudales acompañada de un “sí se puede” —llegar a tocar en festivales como éste, dicen—. Llegaría también la primera de muchas reivindicaciones pro-Palestina. Como logro, una muy buena impresión acompañada de algún momento desconcertante. Como la elección de una guitarra en una canción para la que simplemente no encaja. Pero te la comes igual, como lo haces con un “porque lo digo yo” por respuesta. Hijos pródigos del programa de radio Turbo 3, les falta rizar el rizo a sus composiciones. Porque lo digo yo. Algo así como una combustión más natural. Pero el alma está ahí presente.
Lo de Zebrahead fue otra liga. Nada queda de aquella banda del «Playmate of the Year» en la Casa Playboy. Para los que nos perdimos en el camino, los redescubrimos ahora reconvertidos en un grupo hardcore cercano al rap-metal desmelenado, con barra libre en el escenario. Literal: tenían a un colega que ejercía de barman, segunda voz y showman a tiempo completo. El cantante Ali Tabatabaee se colocaba entre el público a cantar y organizar pogos, mientras el de la barra surfeaba sobre la gente montado en un estuche de guitarra. California meets Cimadevilla. Pura euforia sin miramientos.

Luego Girlband!, desde Nottingham. Tensas al principio, mejoraron tema a tema como lo hizo su sonido. La distorsión demasiado crispada del inicio se pasaba de frenada, pero se ajustaron. Amparados por la participación de su colega Bella Ramsey (actriz de The Last of Us) en uno de sus videoclips, prometen más de lo que aún entregan, pero eso también tiene su encanto. Y les sobra juventud para desarrollarse.
Luego están los que no fallan, como Hot Water Music. El discurso de Chuck Ragan sobre salud mental, vulnerabilidad y aguante, aún resuena entre las olas. Hay que cuidar, apoyar y acompañar a la gente sensible, ¡joder! Su voz rasgada, rasgaba como siempre, y la camiseta de Fugazi del bajista lo decía todo: historia, ética, nervio. Faltaba Chris Wollard, fuera de giras desde 2017 por asuntos de ansiedad. Pero su sustituto habitual, Chris Cresswell, estuvo sobradamente a la altura. Aunque corto, fue un gran concierto con aún mejor repertorio, de los que transmiten y te hacen sentir más de lo que realmente te han ofrecido.

Poco después llegaría la palmera que se dobla pero aguanta el huracán: Kase.O. Más que un concierto, fue una misa laica. La actuación más multitudinaria del festival. Arrancó con vídeo-homenaje de sus inicios, recorriendo sus años mozos, de maquetas y escenarios solitarios. Mochila a la espalda y mirada de viejo lobo que ha visto de todo, dispuesto a celebrar sus 33 años de trayectoria como Javato del rap. Primera parte centrada en su legado junto a Violadores del Verso, con la participación de R de Rumba y Hazhe (sospechoso habitual de Rapsusklei), y segunda en El Círculo, flanqueado por Momo y con la colaboración puntual de Xhelazz. Faltaron temas míticos como «Trae ese ron», «A solas con un ritmo», «Ballantains» o «Mierda». No faltó la prédica política ni la denuncia frontal contra las acciones que llevan a cabo gobernantes como Netanyahu o Donald Trump. Puso nombre a lo que otros callan. Y justo cuando terminó él, empezó la lluvia. Como si el cielo también necesitara un respiro. Pero a falta solo de 30 segundos de llegar a Marte, no solo el cielo necesitaba un descanso…
SÁBADO: DESPEJA Y ARRASA
Escampa la tormenta, y a temporal muerto, temporal puesto. Este con forma de cinco chavales madrileños. Fuet! se presentaron a pleno sol y arrasaron. Una de esas bandas que podrían no tener techo, precisamente porque lo tienen todo: actitud, canciones y un vocalista con presencia de estrella internacional. Sonido explosivo, compactado y con dinamismo quirúrgico. Visitas al público para tocar entre la gente. La influencia de los primeros Refused es masticable, pero en muchos aspectos ya no tienen nada que envidiarles. Si los viste, sabes que no es exageración. Si no, búscalos.
Los siguientes, Not Yet, jóvenes gallegos con ADN nu-metal y muchas ganas. Sonido 90-00 con vocación y solvencia internacional. Se nota que están empezando, pero la semilla está bien plantada.

Heavy Lungs pusieron el punto surrealista e irreverente a la tarde del sábado, con su cantante caótico, tropezando con el micro y enganchado en cables, todo ello sin dejar de bailar ni un minuto. Aunque suenan monótonos por momentos, tienen una energía tan bruta que se lo perdonas todo. Son pura escuela de Bristol. Puede que estén verdes, pero son cosecha de los Idles.
Y entonces, Viva Belgrado. Habiéndolos visto al inicio de su gira presentación de Cancionero de los Cielos, me llevé la impresión de que tenían muchas cosas —o sonidos— por compactar. Pero aquí fue otra cosa: fue el Tsunami hecho carne, tripa y corazón. El rugido y la emoción. Sonido perfecto, afinación quirúrgica, emoción a raudales. «Jupiter and Beyond» con arreglos nuevos, nueva bajista integrada a la perfección (con aparentes guiños incluidos al bajista anterior, tocando a menudo de espaldas al público) y Cándido tan silencioso, humilde y auténtico como siempre. El guitarrista nuevo ya no suena a nuevo (si es que lo hiciera antes) y mención especial merece siempre el baterista. No fallaron ni una nota. Fue un directo de esos que te reconcilian con la música (si hubiera habido rencilla previa). Un 10.

Carolina Durante volvieron a lo suyo. Quienes les hemos visto varias veces sabemos que pueden ser responsables de los pogos más salvajes de cualquier festival. No importa cuán punkis o hardcore sean los demás. ¿El repertorio? Siempre conocido y celebrado, pero nunca a gusto de todos. No puede ser de otro modo con tanto temazo en su carrera y un tiempo tan limitado para tocar. Diego salió a ritmo de sintonía de The Office con una muleta por una reciente operación de ligamento. “Prestada por los Sex Pistols”, dijo bromeando. Hubo de todo, desde «Hamburguesas», «Granja escuela» o «Cayetano», olvidándonos de «Niña de hielo», «No tan jóvenes» o «Casa Kira». Pero lo que nadie olvidará, fue ese momento en que invitaron a Zoe, una chica de 16 años que les sigue desde sus jóvenes 8 añitos, a tocar el bajo con ellos. Porque no es más punk quien más rompe, sino quien sabe tender la mano. Y eso fue punk del bueno. Un instante grabado de por vida en la memoria de esta joven, y una imagen en nuestra retina que todos nos llevaríamos a casa. Puro corazón.

Y hablando de corazón: Bad Nerves se lo comieron todo. Puro frenesí británico con Ramones de intro y una tralla ininterrumpida. Uno tras otro, temazos sin respirar, sin filtro, sin pausa. Explosivos, comunicativos, eléctricos. Atronadores. Esperando la oportunidad de volver a verlos.
Refused, en cambio, arrancaron como si se acabaran de levantar de la siesta. Sonido flojo, actitud descolocada. Parecía que salieran para la prueba de sonido, dándose cuenta in situ de que era la hora del show. Pero fueron despertando a medida que sonaban los himnos de The Shape of Punk to Come. Con «Summerholidays vs Punk Routine» se vino arriba el escenario y el público. Dennis Lyxzén sigue siendo una bestia, aunque algo más sosegado que hace unos años, percances de salud incluidos. ¿Fue la despedida definitiva de los suecos? Eso dicen. Quién sabe, pues llevan décadas autoproclamándose como “muertos”. Al menos, aquí resucitaron a tiempo y remontaron el vuelo.

Después llegaron Alcalá Norte, que cumplieron sin excesos mientras la lluvia regresaba. Y con ella, los Sex Pistols con Frank Carter. Y vaya Carter. Se metió al público en el bolsillo, bajó a cantar con ellos, provocó pogos, versionó «My Way» mucho mejor que Sid y gritó «Anarchy in the UK» como si le fuera la vida. Fue un cierre teatral, punk, perfecto, para un Tsunami Xixón que no es solo un festival. Es una manera de vivir el verano, de dejarse arrastrar por las canciones, de sentir que estás justo donde debes estar. Entre ruido, ternura y guitarras. Y sí, hubo pogos, hubo gritos, hubo viento, hubo lluvia, pero también hubo belleza. Hubo compañía de la que te hace sentir en casa. Porque a veces, sin decirlo en voz alta, uno sabe que lo que ha vivido esos dos días no lo olvidará jamás.
Texto y fotos: Borja Figuerola






