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The War And Treaty – La Nau (Barcelona)

Evidentemente, ya están acostumbrados al estatus que ostentan en su país natal: actuar en recintos de aforo respetable como atracción principal y cosechar premios y nominaciones por doquier. Pese a ello, no se arredraron lo más mínimo ante la media entrada reunida en la sala para presenciar su primer concierto en la Ciudad Condal. Ayudó también que fueron recibidos como si el cartel de “localidades agotadas” colgara en la puerta.

Tenían ganado al público antes de tocar un solo acorde, y respondieron con un concierto majestuoso e intenso, con ese innato sentido del espectáculo que poseen los artistas norteamericanos. Ocho músicos en escena, impolutamente uniformados —excepto el que tocaba el banjo, que quedó algo fuera de lugar durante casi todo el bolo— proporcionaron el acompañamiento perfecto para que Michael Trotter Jr. y Tanya Blount desplegaran todos sus encantos, tanto vocales como escénicos, durante casi dos horas, ante el éxtasis del variopinto puñado de almas congregadas frente al escenario.

Sus voces se complementan a la perfección. Explotan sabiamente su relación de pareja como recurso sobre las tablas, saben que el desgarro vocal y el efecto de llamada-respuesta son fórmulas infalibles para conectar con la audiencia, y plantearon un repertorio, entiendo, pensado para el gusto del público europeo. Dejaron de lado su faceta más cercana a las raíces para hacer hincapié en su vertiente más rhythm & blues y soul, vertebrando el recital con sus temas más próximos a los citados estilos.

Necesitaron algo de tiempo para calentar —las gargantas, ellos; el tempo, la banda—, incluidos unos problemas iniciales de sonido, pero superado ese tramo ofrecieron una lección magistral de cómo entretener, con su simpatía personal y un puñado de grandes canciones. La estupenda «Are You Ready To Love Me?» fue el ejemplo máximo de comunión litúrgica entre artistas y espectadores. Por poner alguna pega, la presentación de la banda fue excesivamente larga, con solos incluidos, usando el famoso coro de «Minnie the Moocher» como enganche. Fueron minutos en los que el ritmo se quebró, justo cuando el concierto alcanzaba el punto de ebullición. Afortunadamente, volvieron a despegar con rapidez y sin resentirse. Tienen madera de estrellas, y lo saben. Son de esos artistas capaces de hacer que olvides tus miserias durante el tiempo que derrochan su arte: el poder curativo de la música.

Manel Celeiro

Fotos: Edu Izquierdo

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