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The Schizophonics – Crazy Horse (Bilbao)

 

The Schizophonics

Vamos a ver cómo afrontamos lo visto en el Crazy Horse el jueves noche, ese día que no es fin de semana pero que ya asoma la patita y, por ello, las ganas de juerga están en plena Pole Position. The Schizophonics son un dúo (el matrimonio Beers, Lety ella a la batería, y Pat él, a la guitarra y a los mandos de la enajenación absoluta) que factura un rock sudoroso, con un poso garagero brutal y un rollo blusero eléctrico intenso, vamos, que si lo juntamos todos la mezcla es explosiva, sexy, imparable y chulesca a más no poder. Y esto… nos mola.

Pero antes, para ir en orden, fueron teloneados por Mike Mok and The Em-Tones, un cuarteto que mostró un sonido limpio, potente, con una clase excepcional, liderados por Mike Mok y con un repertorio de rock clásico, acelerado a veces y en otras tirando de baladas cincuenteras, pero siempre con un nivel musical y una simpatía brutal. Destacaron temas como “Johnny is a Rocker”, la coreada “Hey Motherfucker” (¡Quién no puede corear eso!), la baladita “My baby is a wino” o la versión del clásico de Johnny Thunders, “Too much junkie business”, que para algo son de New York City.

Mike Mok and The Em-tones

Pero llegaba el momento del dúo, esta vez apoyados por la bajista Sara Linton, que hizo una labor perfecta, porque sí que fue complicado llevar la base rítmica en el concierto más loco que recuerde uno en años. Está claro que Lety conoce de sobra a qué niveles de posesión eléctrica y demoníaca puede llegar Pat y mantiene el control, pero entre ambas sostuvieron la estructura de unas canciones enloquecidas. Porque fue la hora y cuarto más salvaje que se haya visto en Bilbao y alrededores en la última década como mínimo. Es que, por mucho que lo expliquemos, hay que estar presente para vivirlo en su plena intensidad. Con su guitarra de cinco cuerdas (si, cinco, no seis con una menos, guitarra de cinco cuerdas, entendemos que hecha ex profeso) el flamígero hijo del Rock más salvaje no paró. El despliegue físico es de jugar una final de Champions con prórroga y luego hacerse una Marathón alpina. Y luego ya veremos con qué seguimos. Puso patas arriba al local, y menos mal que, delante del grupo, había una barandilla metálica que impidió que la locura contagiosa hiciera que las primeras filas cayeran sobre ellos. Desmelene.

The Schizophonics

Vamos, que se mezcló entre el público enésimas veces berreando como un lobo en celo, sudando a mares, salió dos veces a tocar a la calle y bailar en el suelo de la acera, asustar a la gente que pasaba por ahí y casi a quienes íbamos a verlos. Y con esto queda clara una reflexión: Apoyemos los conciertos de salas, porque ver a un grupo como este en un festival está muy bien, pero la cercanía de una sala es un plus que no lo tendrás en otro lugar. Porque la música se siente más, porque el grupo recoge las vibraciones positivas del público y porque es más difícil posturear, esto es así.

¿Y las canciones? Pues molaron mucho “Steely Eyed Lady”, “Desert Girl”, “The Alchemist Twist”, “Rat Trap” o “Hoof It”, en un concierto en el que, ojo a esto, el guitarrista toca sin púa y a base de manotazos. ¡Y aún así suena como suena! Y sorpresivamente cerraron, con un set intimista, The Mooks. Simon Chardiet, el guitarrista que acompañaba a Mike Mok (y que ha tocado entre otros con  Bo Didley, Dee Dee Ramone, John Spencer o Heavy Trash. Nivelazo) junto a su compañero, que se encargaba también de guitarra, bombo y armónica. Y tocaron por el placer de tocar ante un reducido grupo de personas que no se querían marchar. Si es que hay noches que albergan sorpresas maravillosas, menudo concierto.

Texto: Michel Ramone

Fotos: Dena Flows

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