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The Human League – Nits de Barcelona

 

 Como tantas otras noches, dentro del marco del Festival Les Nits de Barcelona, el Palau de Pedralbes acoge a una banda con pegada comercial, que cosechó éxitos importantes en la década de los 80. Pero Human League no sólo atrae a cincuentones con ganas de oír “Don`t You Want Me Babe”. Ya en la calle, de camino hacia el recinto, diviso a un grupo de Nuevos Románticos entrados en años pero perfectamente ataviados, y en el Village detecto a algún fan con camisetas de Mute Records o Depeche Mode.

Empieza el concierto, y de momento sólo salen al escenario los instrumentistas, un batería y dos teclistas, que tocan sintetizadores con forma de guitarras. Lo que hubiera dado a los dieciséis años por ver a grupos como éste en directo, para descubrir que alguno de los efectos sonoros que tan misteriosos y rompedores me parecían a finales de los 70 procedían de la simple baqueta de un baterista. La banda de acompañamiento interpreta el inicio de “The Sound Of The Crowd”, y lo hace desde el fondo del escenario, para cederle todo el protagonismo a los componentes del grupo que realmente importan: Philip Oakey, que durante toda la noche hará gala de una voz portentosa, y sus fieles coristas, Susan Ann Sulley y Joanne Catherall. Ambas visten elegantes vestidos de color rojo, pero Joanne calza Dr Martins. Qué irónico que uno de los grupos más señeros de tecno-pop de finales del siglo XX consista en tres vocalistas, y que los músicos que los acompañan sean lo de menos.

El pase se compone de temas bien conocidos, como “Mirror Man”, “Love Action”, “Louise”, “Fascination”, la tristemente vigente “The Lebanon” o la propia “Don’t you Want Me Baby”, y otros de menos éxito, como “Heart Like a Wheel”, “Open Your Heart” o la floja “One Man In My Heart”, de 1995. Tal vez lo que más me guste y sorprenda de todo el pase sean canciones como la kraut-rockera y contundente “Seconds”, de temática más oscura, o “Being Boiled”, durante las que el grupo despliega su vertiente más siniestra y atmosférica.

En tiempos de tribulación como los actuales, los conciertos de Human League son una apuesta segura: el sonido es año tras año impecable, la voz de Philip Oakey y sus coristas se mantiene incólume, y para añadirle color y variedad al espectáculo, los tres van saliendo y entrando del escenario vestidos de forma siempre distinta.

 

Texto y fotos: Alex Fernández de Castro

 

 

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