
Apenas unos segundos después de la hora programada (dejando constancia una vez más de que la puntualidad británica refleja valores profundos de respeto, seriedad y compromiso), y enmarcados por un paisaje natural incomparable, rodeados por el mar de la Costa Brava y custodiados por el imponente castillo de Cap Roig, un puñado de músicos de talento excepcional —y, me atrevería a decir, con mentes brillantes— hace su aparición sobre el escenario.
Ante un auditorio completamente lleno – SOLD OUT en mayúsculas desde hace varias semanas-, inician un viaje en el tiempo a través de las canciones que han formado parte de la banda sonora de la vida de la mayoría de los asistentes.
La noche arrancó con una explosión de energía al sonar las primeras notas de Waterfront, la canción con la que inauguraron su puesta en escena. La electrizante melodía y la fuerza de la voz de Jim Kerr envolvieron al público de inmediato, marcando el tono de lo que sería una velada llena de emociones y recuerdos. Con la fuerza de este himno de los 80, la banda se lanzó al escenario con una vitalidad que no parecía haber disminuido con el paso de los años.

La banda continuó con una transición perfecta hacia Once Upon a Time y Oh Jungleland jugando sin duda con los contrastes emocionales entre dos universos sonoros. La conexión con el público ya se había materializado.
A los miembros originales de esta icónica formación, nacida en Glasgow allá por 1977 (bajo el nombre inicial de “Johnny and the Self Abusers”), Jim Kerr (líder indiscutible) y su fiel escudero Charlie Burchill (guitarra), se unieron músicos de enorme talento y una técnica impecable: Gordy Goudie (guitarra rítmica y 12 cuerdas), Ged Grimes (Bajo), Cherisse Osei (batería), Erik Ljunggren (teclados) y Sarah Brown (coros). Juntos, han conformado la formación actual con un objetivo claro: seguir dejando una huella en la música, y continuar su legado a nivel mundial.
Con una banda sobre el escenario como Simple Minds (cuyo nombre fue inspirado por la canción ‘The Jean Genie’ de David Bowie), nada podía fallar.
Y así fue…
Los hits se encadenaban uno tras otro, siguiendo un orden meticulosamente preparado para ofrecer un auténtico carrusel de sensaciones. La transición casi sin descanso entre Let There Be Love y Love Song fue una muestra clara de esa perfección en la planificación. Ambas canciones, cargadas de significado, nos recordaban que el amor es el hilo conductor de todo: una fuerza poderosa que, en su sencillez, logra conectar lo más profundo del ser humano.
Wish You Were Here, Someone Somewhere y Sanctify Yourself se sucedieron sin pausa, creando una antesala perfecta para uno de los grandes momentos de la noche.
Con Themes for Great Cities (una obra instrumental sin parte vocal), los asistentes pudieron revivir los icónicos sonidos post-punk de los 70, caracterizados por sintetizadores envolventes y líneas de bajo marcadas, que en su día representaron la dura y agitada vida en las grandes ciudades.

El solo de la talentosa baterista Cherisse Osei sirvió para cerrar este espacio instrumental con una fuerza y energía extraordinarias. Con una voz impecable y un estado de forma que haría envidiar a muchos, Jim Kerr, a sus 66 años recién cumplidos, seguía demostrando por qué es un referente en el escenario. Con una voz impecable y sin cesar de moverse con su característico estilo de baile, su energía parecía inagotable, como si el tiempo no tuviera poder sobre él.
Jim siempre ha destacado por su trato cercano, cálido y respetuoso, tanto hacia el público como hacia los miembros de su banda, y en Cap Roig no iba a ser diferente.
Así lo siguió demostrando en la segunda parte del show, donde la energía continuó desbordando el escenario con una impresionante sucesión de éxitos. Temas como Belfast Child (de su álbum Street Fighting Years -1989- como homenaje a Nelson Mandela), Promised You a Miracle, All The Things She Said y See The Lights mantuvieron al público completamente entregado, dando paso a un himno atemporal que perdurará por y para siempre en el tiempo y en los corazones de todos los que tuvimos el privilegio de asistir a esta noche tan especial: Don’t You (Forget About Me).
Aquella canción escrita para la banda sonora de la película El club de los cinco (1985) y que originalmente no estaba prevista para Simple Minds debido a su poca popularidad por entonces, hizo explotar al auditorio. El tiempo se paró por un instante.
Don’t You (Forget About Me) es la canción de todos, donde las voces del público se unieron con las de la banda convirtiendo el momento en algo totalmente colectivo.
Demostrando de nuevo su impresionante estado de forma, Jim Kerr, en un momento de profunda entrega, se arrodilló ante el público y, con un gesto cargado de simbolismo, llevó su espalda y nuca hasta el suelo, rindiéndose completamente a la música, mientras mantenía una ejecución vocal perfecta.

Don’t You (Forget About Me), con sus cerca de diez minutos de duración, enfiló lo que nadie quería que llegase: la parte final del show.
Con más de diez años como miembro de Simple Minds, Sarah Brown, cuyo talento vocal abarca géneros como el jazz, el soul y el blues, tomó las riendas del escenario para interpretar con maestría Book Of Brilliant Things antes del colofón final.
La guinda final llegó con el mega-éxito Alive and Kicking, en el que la banda, a través de la poderosa voz de Jim Kerr, lanzó un mensaje claro y contundente: a pesar de los desafíos que la vida nos presente, siempre debemos seguir siendo fuertes, activos y llenos de energía.
El público abandonó el maravilloso auditorio de Cap Roig entusiasmado, ilusionado y feliz, agradecido por haber revivido tiempos pasados a través de los grandes éxitos de esta super banda escocesa.
Simple Minds ha dejado claro que su egado perdurará para siempre en la historia de la música.
Texto: Ben Marcus
Fotos: Gloria Limontes






