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Sardina Fest – Sala Upload (Barcelona)

Los Chicos

 

Para llegar a la ubicación en la montaña mágica desde donde arrancaba el Sardina Fest. bastaba con seguir el humo y el olor a sardinas. En un ambiente que oscilaba entre una barbacoa de amigos, y con aire de bar de población costera, bandas y conocidos, compartieron comida y bebida mientras el aroma a parrilla se impregnaba en sus ropas. Para celebrar diez años de festival, valía la pena pasar por ese trámite.

 

Petit Hípica

En el “escenario” ubicado a pie de la zona de bar, los locales Melcochas comenzaron su show dedicando y dando las gracias a Black Sabbath por inspirarlos, aunque más en espíritu que en sonido. Su propuesta desarrolló un concepto diametralmente opuesto, basado en ritmos de bajos contagiosos y jugueteando con sintetizadores en algún momento. Sin duda, fue perfecto para la situación, el lugar, y para ir entrando en materia.

Sala Upload

Solo con dejarse caer unos metros, nos encontrábamos en nuestra zona de confort, y donde se viene desarrollando cada año el grueso del festival. Automatic Lovers son sabedores de que una de las bazas a jugar es la actitud, y al saltar al escenario te encuentras con una banda que parece que se hayan inspirado en la película “Curso 1984 (1982)”, y por supuesto, en una colección de vinilos de bandas punk underground. Todo ello adaptado a un concepto que podríamos calificar como de sleazy quinqui castizo, por aquello de su origen madrileño. Ofrecieron un catálogo de poses entre unos temas que se fueron enlazando ente ellos, de momento tienen editado solo el single “Boston Brats”, con un sonido que los hermana con los fantásticos The Joneses, y que reservaron para la parte final del show.

 

Dentro de un formato de Riot Girls en versión 2.0, Ming City Rockers se movieron entre el bubblegum cortante y las guitarras más afiladas. Disponen de un material que nos enganchó como “I’d Like to Assist You But My Head’s Too Small” o “Oh My God”, que parecen sacadas de otras épocas. Con una pose de chulería y dejadez, entre vestidos de adolescentes y paseos entre el público, ofrecieron el punto de brillo necesario.

Daddy Long Legs

Empiezo a pensar que a Daddy Long Legs se les apareció el diablo en algún cruce de un polígono industrial de Brooklyn, ya que en cada nueva aparición demuestran más poder y fluidez que en la anterior. En definitiva: arrasaron. “Harmonica Razor” en modo instrumental fue el detonante de por dónde se movería, visitando hits de como hacer un tema ultra estiloso “Pink Limonade” (The Black Keys matarían por un tema así), para mutar en ese formato de banda de hard rock vestida de blues con el cierre de “Motorcycle Madness”.

Si las brasas de la barbacoa a la que hacíamos referencia al inicio de este texto seguían activas pasadas las dos de la madrugada, Los Chicos terminaron de reavivarlas. Como si en Madrid existiera un ecosistema propio con vía directa hacia los diferentes estados de USA, su sonido y entrega habitan en el mismo. Enfundados en americanas y camisas que empezaron el show bien planchadas y que lo acabaron como pudieron entre sudor. Mientras tanto, entre el descontrol se coló un concepto básico, y ese fue el del rock & roll en todas sus definiciones posibles, y que contó como invitada la armónica de Brian Hurd de Daddy Long Legs, dando un plus a una auténtica demostración de cómo rematar una fiesta.

 

Texto: Oscar Fernández Sánchez

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