
No levantó Robert Plant la expectación que un personaje de su talla merecía. Pero esto tiene una o varias explicaciones. Hace menos de dos años que pasó por aquí y el recuerdo era fresco. La gira era la misma, hasta el repertorio fue parecido. Y luego estaba el debate del precio de los tickets…
Entonces, ¿no hubiera sido más inteligente lanzar el álbum anunciado para septiembre y venir a presentarlo con él en la calle? En cualquier caso, esta velada en el bonito Liceo de Las Ramblas fue como aquella noche que sales a cenar a un buen restaurante con mucha hambre y acabas pidiendo dos platos de lo mismo por repetir la experiencia de lo extraordinario. El primero es inolvidable, el segundo ya es por gula, pero aún así lo disfrutas.

La banda es muy buena en lo suyo, Suzi tiene evidente talento, no solo por cómo armoniza vocalmente con Plant sino por los arreglos que aporta con el acordeón. Y Robert, por dios, cómo controla los graves. Tiene el timbre de voz joven, totalmente reconocible. Mientras que algunos de sus camaradas de generación hacen el ridículo espantoso utilizando cintas pregrabadas y ecos desmesurados por intentar replicar glorias pasadas (el número de cantantes que andan timando a sus seguidores es ya escandaloso), Plant mira hacia delante, haciendo lo que le place y controlando hasta dónde puede llegar con su voz en 2025, sin forzar más que en tres o cuatro momentos puntuales. Honestidad. Y luego está ese aura, esa figura elegante y poderosa que gasta el hombre y que utiliza para manejar el escenario con una solvencia única.
Algunos dirán aquello de que tiene el respaldo de un público fijo por haber sido el cantante de Led Zeppelin, quizás entre las tres bandas más legendarias de todos los tiempos. Esa seguridad le permite hacer estos embrollos de folk espacial y música tradicional. Así que la gente acude a sus conciertos por la celebridad del personaje no tanto porque les guste lo que el cantante hace actualmente aunque lo disfruten. Paul McCartney también podría hacer gala de esa libertad, por haber pertenecido a los Beatles, y sin embargo sigue tocando veintitantas canciones de los Fab Four en sus conciertos. Quizás por ello uno toca en pabellones y estadios y el otro, nuestro protagonista hoy, toca en teatros legendarios.

A Plant le vuelvo a acusar de tirar por el retrete su carrera solista; sí, estuvo muy bien que versionara de nuevo «Cuckoo», la misma que hacía Rory Gallagher, y que recordara a Neil Young y a Low, por ejemplo. De Zeppelin hizo cinco referencias, que aunque «Gallows Pole» sea tradicional, la cuento como si fuera del grupo.
«Four Sticks» sonó reinventada pero vigorosa, lo mismo que «The Rain Song». Sin embargo, en la tesitura que atacan estos Saving Grace, entrarían de maravilla varias canciones de su catalogo: «I Cried» de Manic Nirvana, «Ship Of Fools» de Now And Zen, «Shining In The Light» del disco junto a Page del 98 o «Skip’s Song» del maravilloso Dreamland. He citado cuatro, podría citar otras 20 canciones. Carallo, si no toca él sus canciones, ¿quién lo hará?
Texto: Sergio Martos
Fotos: Fernando Ramírez
Crónica del concierto celebrado en Barcelona en septiembre de 2023.






