
En la mesita de noche de los hoteles donde descansa la californiana después de cada show, pueden convivir sin problema el libro “Fuck You Heroes (1994)”, del fotógrafo Glen E. Friedman, y el último ejemplar de la revista Vogue.
La mezcla de ambos alimenta su identidad visual y define aún más ese estilo provocador sobre el escenario: una estética que se mueve entre la rebeldía de un vestido lápiz de cintura alta y unos guantes ópera de seda, emparentados con la hiperactividad de una animadora el día del gran partido final en el campus.
Aunque todas esas intenciones son adecuadas, Kate Clover parece tener un problema con Barcelona, y el público de la ciudad condal, con ella. Sus temas están ahí; sus discos, cuidadosamente trabajados en todos los sentidos; cuenta con buen merchandising y presencia en redes sociales. Sin embargo, todo ello parece no ser suficiente para atraer a un porcentaje significativo de público a sus conciertos.

Esta situación provoca una clara desconexión entre todas las partes, y el concepto de “otro día más en la oficina” termina por adueñarse de la escena. A pesar de todo, y dentro de ese claro “no eres tú, soy yo”, pudimos disfrutar, a grandes rasgos, de poco más de cincuenta y cinco minutos en los que, de forma algo trabada y con la ecualización demasiado hundida para la voz, sonaron temas como sus pequeños clásicos “Channel Zero” o “Here Comes the Love Bomb”, todos dentro de sus esquemas.
Pero sí se evidenciaron aspectos potenciales dentro de su planteamiento. Expusieron un tema nuevo que sonó directamente a The Cars y que, si en su versión de estudio la banda decide añadirle unos teclados, podría quedar realmente interesante. Asimismo, destaca el estilo de la banda: gafas oscuras y trajes con corbata fina, donde resalta la figura de Giuliano Scarfo, quien hizo crujir su guitarra a su antojo.

Para el bis, la versión de “Stay With Me” de The Dictators salió al rescate con una Kate muy activa que se paseó por las primeras filas y lo enlazó con “Crimewave”. Pero justo cuando empezaban a verse trazas de remontada o de maquillar el resultado, se dio todo por finalizado. Me cuesta visualizar cómo se gestionará su próxima visita a Barcelona (si es que la hay), pero sin duda le favorecería un local en el que las distancias se acortaran.
Previamente, la banda local Sacramentos desarrolló su punk rock melódico argentino, claramente influenciado por su faceta más pop, y con una parte vocal que los emparentó más con el lado comercial que con el que posiblemente buscan en sus intenciones.
Texto: Oscar Fernández Sánchez
Fotos: Fernando Ramírez






