
En una temporada plagada de macroconciertos y festivales, la noche del 11 de julio en el Poble Espanyol fue una excepción bastante necesaria. El cartel reunía a dos artistas que llevan la contención por bandera: Charlie Cunningham y José González. Y aunque el aforo no llegó a llenarse por completo, el público que se reunió lo hizo con disposición total a la escucha, ante dos propuestas que hacen de la sobriedad, el virtuosismo y la introspección su principal seña de identidad.
A las 21:30h, el británico Charlie Cunningham inauguró la noche con una actuación verdaderamente contenida. A solas con su guitarra de cuerdas de nylon y su voz cálida (que por momentos recordaba a la de Michael Kiwanuka, sobre todo en las piezas más lentas) fue tejiendo un repertorio en el que dominó su álbum debut Lines (2017), con canciones como “Minimum” o “You Sigh”, y algunas canciones de su último álbum, In Light (2025). La sencillez de su presencia y su economía de recursos contrastaron con la complejidad de sus estructuras rítmicas y armónicas cercanas al flamenco, y con una voz que, sin imponerse, lograba llenar el espacio. En un escenario grande, logró generar una atmósfera recogida y atenta, preparando el terreno para lo que vendría después.

Pasadas las 22:30h, José González subió al escenario en solitario acompañado únicamente de su guitarra. Y es que, en algunos momentos del concierto, su dominio del instrumento era tal que parecía estar acompañado por varios músicos. Pero no. El repertorio fue variado y se centró básicamente en sus temas clásicos, que no son pocos. Sonaron” Lovestain”, “Down the Line” (con un desarrollo final muy interesante), o “Line of Fire” de su banda Junip, también regrabada para el último disco del sueco, Local Valley (2021), que sonó más desnuda y acústica, menos eléctrica, que en su versión de estudio.
Aun así, en ese formato reducido, el tema gana profundidad, pues se le pueden percibir mejor todos sus matices. Sonaron también “Visions”, “Crosses”, “With the Ink of a Ghost” y “Stories We Build, Stories We Tell”. En el bis, interpretó “Every Age” y, como es habitual, las ya inevitables covers: “Heartbeats” de The Knife, y “Teardrop”, de Massive Attack, que probablemente esté harto de tocar, pero que es inevitable que no lo haga, pues son sus temas más reconocidos.
La doble cita fue una invitación a mirar hacia dentro, hacia la sobriedad y el ‘menos es más’. En una época saturada de estímulos, la noche fue un oasis de recogimiento.
Texto: Álvaro Rebollar






