
Un año más volvimos al Cruïlla, el festival más amable y cómodo de cuantos visitamos anualmente. Hay que añadir, por otra parte, que no es un festival para melómanos per se, pues la propuesta musical sigue siendo muy variopinta (aunque rara vez caben estilos como el hard o el heavy metal) y el hecho de que no haya un solo tenderete vendiendo discos dice mucho a favor de este relato. Realmente, es un festival para gente con ganas de pasarlo bien y dejarse llevar por la propuesta, que es la de la diversidad.

Después de la actuación de Seu Jorge y Dr. Calypso, el primer plato fuerte lo sirvió Fermin Muguruza con su rock combativo y de compromiso con incursiones en el ska y el reggae. Su voz nunca me ha dicho nada, pero no se le puede negar un carisma escénico bestial y una banda de acompañamiento que suena como un cañón. Hablando de carisma, el que gasta Annie Clark, conocida como St. Vincent. Toca la guitarra de forma peculiar, tiene carácter en la voz y sus canciones denotan cierta originalidad. Otra cosa es que sus discos envejezcan mejor o peor, eso lo juzgará el tiempo. De lo que no hay duda es de su solvencia como artista de directo, cosa que no siempre ocurre con artistas que derivan del indie rock.

Los Sex Pistols con Frank Carter al frente dividieron al público. Están los que no tragan con Carter en el puesto de John Lydon, por un lado, y los que defienden la propuesta de ver ahí a Steve Jones, Paul Cook y Glen Matlock custodiando un repertorio fabuloso como pocos. En mi opinión sobraron los tics hardcore de Carter y los audiovisuales que mostraron en el fondo del escenario; realmente el editor de esos videos tuvo que realizar milagros para eliminar de ahí a Lydon y Sid Vicious. Curioso que luego, hacia el final, atacaran con la versión de My Way, la canción insigne de Vicious.

Al día siguiente nos enfrentamos a Ben Harper & The Innocent Criminals, cuya propuesta casa mejor en sala que en festival al aire libre. Mientras algunos disfrutaron del pop elegante de Texas, otros nos preparamos para ver de nuevo a Leon Bridges, cuyo soul de ascensor no acaba de ser de mi gusto. La banda es buena, él destila clase, pero hay una clara falta de intensidad en lo que hace.

Todo lo contrario a lo que ofrecieron James Brandon Lewis y los Messthetics (con dos ex Fugazi en sus filas) en uno de los escenarios pequeños, porque allí hubo intensidad, clase, imaginación y peripecia musical. Descargaron todo lo que conforma su único álbum, deconstruyendo cada una de las canciones hasta convertirlas en otra cosa, tal y como hacían en su día Ornette Coleman o MC5. No es de extrañar que a esta unión se le llame jazz punk jam.
Las amenazas de tormenta intensa y las alertas de peligro nos impidieron poder asistir el sábado.
Texto: Juana Ruiz
Fotos: Marina Tomás






