
Para un servidor que ha vivido muchas ediciones del BBK Live (desde la primera, cuando el nombre de la entidad financiera no estaba en el cartel y en los escenarios había más guitarras) es extraño acudir a Kobetamendi en los últimos años.
Digamos que hemos pasado de un festival que ha paseado por el escenario Nagusi (el grande) a nombres como Metallica, Rammstein, Red Hot Chili Peppers o los mismos Guns´n´Roses (de Axl) en su primera edición, a un mundo musical muy alejado del rock. Y ello ha hecho que el público cambie, y el mismo festival, que se mira más en Coachella que en Hellfest, por citar alguno. Así que si analizamos el BBK Live podemos embarcarnos en una búsqueda de lo que más nos gusta, cuadre o interese (léase metal, rock o pop, con una base guitarrera por simplificar) o sumergirnos en “lo moderno”, ya nos entendemos.
Así nos ceñimos a dos nombres que, desde mi punto de vista, han sido los que han reinado en esta edición de 2025, Pulp y Amyl and the Sniffers, junto a la gran cabeza de cartel, Kylie Minogue.

Pulp es una apuesta segura, uno de los grandes del Brit-Pop, liderados por un Jarvis Cocker que, en su momento enarboló la bandera del Working Class británico que ansiaba divertirse. Y sigue siendo ese hombre, que llena el escenario con su carisma y una banda que es una máquina bien engrasada. Abrieron con “Spike Island” y no se dejaron clásicos en el tintero. “Disco 2000”, “F.E.E.L.I.N.G.C.A.L.L.E.D.L.O.V.E.”, “This is hardcore” o “Do you remember the first time” sonaron pero lo más grande fue el final con el himno intergeneracional e interclasista “Common people”. Veteranas de Glastonbury bailaban enloquecidas en las primeras filas, tan hipnotizantes como los versos de una canción que, para un servidor, está entre las mejores de la historia de la música pop. Escuchar este tema en Kobetamendi fue un auténtico regalo.
Eso el jueves. Y el viernes la electricidad ambiental (cayó tal tormenta que hubo que suspender parte de la actuación de Amaia y el resto del cartel quedó deslucido totalmente) auguraba conciertazo de la australiana Amyl y sus compinches. Su primera vez aquí y la rubia atómica salió a matar, con “Security”, “Freaks to the front” y “Doing in my head” moviendo las primeras filas con un nivel tan alto de violencia que hasta peña en silla de ruedas se metió a dar cera. Gran sonido, más carisma y un privilegio ver a estos cafres australianos. La pena es que, con el paso de los temas (bastantes del último disco, más bajos de revoluciones), el cansancio de Amyl y la lejanía con el público, nos quedamos con una sensación de que en sala esto es una bomba seguro.

Y en la tercera jornada sabatina, quien reino fue la diva que estaba llamada a ello. Kylie Minogue congregó a tanta gente que si no hubiera pantallas casi como que mejor nos lo hubieran contado, pues se habla de casi 40.000 personas viendo a la australiana. ¿Y qué ofreció? Pues un espectáculo sofisticado, con glamour pop añejo, con hits para regalar y una actitud de cercanía que se agradeció. No se paró de bailar con “Get outta my way”, la clasiquísima “The Loco-Motion” (versión de Carole King), “Hold on to now” y “Can´t get you out of my head”. Triunfada pop.
Y en el resto del cartel, extenso cartel y bastante desconocido para un hijo del rock, ¿qué hubo que merezca la pena destacar? Pues hubo cosas muy interesantes y sorprendentes algunas. El trío irlandés Kneecap (traducido como tiro en la rodilla) montó los primeros pogos con su rap combativo, aclamados por su apoyo al pueblo palestino (subieron a varios miembros al escenario), se acordaron de Euskal Herria y montaron un show gamberro, reivindicativo y con un aire a Beastie Boys por momentos, con temas como “Sick in the head”, “H.O.O.D” o “Rhino”. También buen cirio pascual montaron en la carpa el sábado Fat Dog, con un rollo que nos recordaba a veces a los Viagra Boys (la fuerza del saxo ayuda mucho a ello) y en otros momentos aquello fue una rave descontrolada con temas como “Running” o “Kings of the slugs”.

Pero antes la sorpresa en el mismo escenario vino de la mano del dúo Heartworms. Él a la batería y voz, guitarra y miedo ella. De negro, con una mirada que infundía cierto pavor y una propuesta oscurísima, desconcertante para el festival donde tocaban y atrayente como pocas. Desde el inicial “Jacked” tuvimos claro que es un grupo a seguir porque la oscuridad siempre atrae. Y ella es un animal escénico como pocos hemos visto este año.
Y tras los triunfadores y los destacados, había muchísimo que ver. Gran propuesta de los hermanos Mael, Sparks, apoyados por cuatro músicos divirtieron de lo lindo. Russell Mael a la voz, con un traje florido espectacular y un peinado que hace que Donald Trump pase hasta desapercibido, y su hermano Ron a los teclados, hierático, con una pinta de Fu Manchu occidental maravilloso, pusieron a todo el mundo a bailar con temas que, a veces sugerían a Queen y otras no recordaban a nadie por su rollo totalmente marciano.

Hinds demostraron un poquito de rabia femenina juvenil muy rebajada, Japanese Breakfast resultaron cargantes (demasiado intelectuales con su vocalista Michelle Zauner emulando a Yoko Ono pero sin gritar, encantada de conocerse), Michael Kiwanuka tirando de un rollo tribal africano bastante visto aunque sonara bien, Ca7riel y Paco Amoroso emocionando a la juventud (esto no lo entiendo, de verdad), Jessica Pratt con su folk campestre y hippie muy fuera de lugar, Carolina Durante y su pop punk fácil de consumir, Nathy Peluso llenando con una propuesta que en unos años se olvidará fácilmente y Damiano David, frontman de Måneskin, cambiando de registro para deleite de muchas féminas que no pararon de aclamarle por chulazo italiano.
Buen concierto en plan Eros Ramazotti 2.0 con un poquito más de vigor. Y enfilando la salida Sidonie, haciendo su indie de siempre. Vamos, que hubo de todo y para todos en un festival que se ha convertido en un pase extravagante de modelos festivaleros de cierto público que no veremos nunca en muchas salas o conciertos en los que importe más la música. Pero el BBK Live sigue triunfando porque ha trascendido y se ha convertido en un acto social, el éxito es lo que tiene.
Texto: Michel Ramone
Fotos: Dena Flows






