Encuentros

Daniel Romano, atracón de power-pop

Too hot to sleep es el cuarto disco de Daniel Romano’s Outfit, pero ya hemos perdido la cuenta del número total de álbumes del incansable músico canadiense. El más reciente en el momento de escribir estas líneas es Too hot to sleep (2024), un atracón de power pop sabrosísimo en una onda entre King Tuff y Cheap Trick que hará las delicias de sus fans en la gira española que recala el 29 de julio en San Sebastián (Dabadaba), el 30 de julio en Barcelona (Upload), el 31 de julio en Zaragoza (Rock & Blues), el 1 de agosto en Madrid (El Sol) y el 2 de agosto en Valencia (Loco Club).

Escuchar de un tirón todos los discos de Daniel Romano es como sentarse a la mesa para darse uno de esos festines culinarios que hacen honor a su apellido, en los que o vomitas o es imposible poder seguir comiendo. Y es que la obra del incansable músico canadiense es casi indigerible por extensa: desde 2010 ha publicado siete álbumes en solitario, tres con su banda Ancient Shapes, nueve con el proyecto The Archive Series, dos con Spider Bite, uno con Alien Ensemble, cuatro con Daniel Romano’s Outfit… y mientras cogemos aire seguro que ya ha sacado otro.

El más reciente en el momento de escribir estas líneas es Too hot to sleep (2024), un atracón de power pop sabrosísimo en una onda entre King Tuff y Cheap Trick que hará las delicias de sus fans en la gira española que recala el 29 de julio en San Sebastián (Dabadaba), el 30 de julio en Barcelona (Upload), el 31 de julio en Zaragoza (Rock & Blues), el 1 de agosto en Madrid (El Sol) y el 2 de agosto en Valencia (Loco Club).

Esta debe ser tu cuarta o quinta gira por España, ¿tienes buenos recuerdos de las anteriores?

Empezaré diciendo una obviedad, algo que todos los artistas saben, y es que estáis entre los mejores públicos del mundo. Me hace mucha gracia que en España, los fans entran a los conciertos apenas un par de minutos antes de empezar. Una vez, en Barcelona, salí del camerino justo antes  de arrancar el show para ver cuánta gente había, y la sala estaba literalmente vacía. Me llevé las manos a la cabeza y exclamé, “¡oh no!”. Volví al camerino, se lo dije a mi banda y pensamos: “Bueno, hagámoslo de todas formas, pasemos un buen rato entre nosotros y ya está”. Salimos, ¡y la sala se había llenado! No sé ni cómo pudieron hacerlo logísticamente hablando (risas). Luego me dijeron que en España siempre se apuran las cervezas antes de entrar, porque consumir en las salas es muy caro.

Otra cosa que se dice de nosotros es que somos una audiencia muy física, por decirlo así. ¿Qué prefiere, los públicos que se vuelven locos o los que permanecen en silencio y atentos a los detalles?

Me gusta que haya una mezcla de los dos. En un concierto siempre necesito que haya energía, pero también me hace gracia cuando terminamos y algún fan ha estado tan atento que te dice dónde te has equivocado (risas).

¿Entró en contacto con la música española en alguna de esas giras?

Y tanto. De hecho, el mejor show que he visto en mi vida fue en España, en un pequeño local de Barcelona llamado 23 Robadors, en El Raval. Había un artista flamenco, otro cubano y otro mexicano, y dieron un concierto de fusión flamenco-latina que me dejó totalmente alucinado.

Volviendo a la energía en los directos, lo cierto es que Too hot to sleep da para conciertos muy moviditos. ¿Cómo fue el proceso creativo? ¿Muy solitario, como tantas otras veces, o más colectivo?

Fue bastante colectivo, las bases de los temas las hicimos mi hermano (Ian Sky Romano, batería) y yo. Hicimos dos discos al mismo tiempo, y honestamente, en un principio planeé que Too hot to sleep fuese un álbum de Ancient Shapes, pero una vez empezamos a darle la forma final a las canciones, y emergieron las melodías y las letras, me di cuenta de que pegaba completamente con Outfit, tanto conceptual como musicalmente.

En el disco hay momentos casi furiosos…

Sí, sí.

Como esa «That’s too rich» que casi se acerca a Minor Threat. ¿Hay alguna razón detrás de esa rabia?

Así es. Diría que esencialmente, la frustración con el estado de las cosas a nivel global. Frustración económica, frustración social… Lo típico. Pero lo curioso es que en el caso de esta canción la música se hizo antes que la letra, y ese proceso inicial fue muy alegre y luminoso. En la letra también hay algo de eso, pero es definitivamente más oscura, al menos a nivel de mi microcosmos particular. Veo mucha frustración, corrupción y estupidez en el mundo.

Sí, el proceso de idiotización generalizada es alarmante.

Pero no es por culpa de la gente. El problema viene de las fuentes de información que ahora se dan por válidas. La gente se cree que internet es como una enciclopedia en la que todo es verdad, especialmente si coincide con lo que piensas. Y no es tan difícil mantener cierta suspicacia respecto a lo que leemos en internet, ya seas más o menos inteligente. Porque la esencia no es informar, es enganchar, hacerte adicto a determinadas posturas.

La letra de «That’s too rich» habla de la desigualdad económica. ¿No tienes la sensación de que se está agrandando y acelerando?

Sí, y eso nos va a llevar inevitablemente al desastre social. Siempre ha sido así, pero ahora los oligarcas del mundo se siente más confiados que nunca, y no les importa una mierda que millones de personas vayan a ser barridas del mapa en este proceso. Los gobiernos del mundo también empiezan a aceptar esa realidad. Y ahí ya entra el egoísmo innato al ser humano, el sálvese quien pueda.

Hablando de gobiernos, he leído que el de Trump os lo está poniendo muy difícil a los artistas canadienses para girar por Estados Unidos.

Sí, sí, por supuesto. Ponen muchos problemas, y si no eres blanco, o eres trans, ya no es que sea problemático, es que es peligroso. Literalmente. Están haciéndole pasar muy mal rato a mucha gente en las aduanas. Y es difícil saber qué hacer para reaccionar. En Canadá se están promoviendo boicots a los productos estadounidenses, pero, ¿eso va a acabar con el gobierno? No. Lo único que hará será perjudicar a algún granjero de Kansas. Además, está emergiendo una ola de nacionalismo enorme en mi país. Te juro que en mi vida había visto tantas banderas canadienses, y cada vez veo más proclamas de patriotismo visceral… ¡Eso es exactamente lo que ha pasado en Estados Unidos! ¿Vamos a responder haciendo lo mismo? No sé, todo es muy confuso. Dicho esto, considero que Canadá es un gran país, sobre todo en términos comparativos. Pero reivindicarlo con este nacionalismo tan inquietante no acaba de darme buena espina.

Volviendo a la música, acabas de publicar un single con dos temas nuevos, «Even If It’s Obscure» y «Sweet Dew Of The Kingdom». ¿De qué tratan?

«Sweet Dew Of The Kingdom» habla de algo parecido a lo que estábamos comentando. Va sobre lo retorcido del sistema económico mundial, y de cómo la gente cree todo tipo de mentiras al respecto. «Even If It’s Obscure» trata de cómo la violencia puede ser una respuesta a la frustración. Nunca le diría a una persona oprimida qué debe hacer, porque no estoy en esa situación. Pero puedo empatizar con ella, y entender que la violencia a veces es la única salida que te dejan. La canción habla del dilema que eso supone.

En plena pandemia publicaste un tema de 22 minutos con Danny Carey, de Tool. ¿Cómo surgió esa colaboración?

Oh, Danny es una persona muy dulce. Me pareció muy curioso que aceptara mi propuesta, y tengo la sensación de que se lo pasó en grande. Molaría repetir.

También grabaste un disco con una banda de hardcore, Pig Pen, en la que canta uno de los chefs más famosos de Canadá.

Sí, fue divertido. Fue una experiencia algo bizarra, porque al ser tan famoso, cada vez que tocábamos agotábamos las entradas. Creo que hubo noches en las que compartíamos cartel con otras bandas de hardcore, y para ellos era bastante extraño ver el lío que montábamos (risas).

También escribes poesía, creas arte visual, produces discos y diseñas portadas para otros artistas… ¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?

Lo que más, practicar skate. Y ayer probé con la escalada indoor, y me gustó. Me hizo darme cuenta de que con el skate no se ejercita mucho el cuerpo de cadera para arriba, y fue una lección de humildad porque es un deporte durísimo (risas). Fue divertido porque me reconectó con mi infancia, en la que hacía mucha gimnasia y siempre tenía las manos llenas de tiza.

Cuando produces música para otros, ¿es muy diferente a cuando lo haces con la tuya?

Me siento más libre trabajando para otros en muchos sentidos. Canalizo las cosas de una manera diferente. Cuando hago mi música el proceso es más duro, porque tengo una conexión más fuerte con ella. Cuando diseño portadas para otros es parecido, aunque no me gusta que me pidan cambios. Si me encargas una portada, acepta lo que te diseñe. Si no, ¡búscate a otro!

Sacas tantos álbumes que es difícil seguirte la pista. ¿Hay algún artista actual tan prolífico como tú al que sigas disco por disco? Se me ocurren King Gizzard, Ty Segal…

Me gustan mucho los dos, pero es que intento no escuchar mucha nueva música, soy como una esponja que absorbe todo y no me gusta que mis procesos creativos se vean interferidos por lo que hacen otros. Escucho mucha más antigua que moderna, sobre todo de los sesenta y setenta.

Acabo de ver que ha muerto James Lowe, el líder de Electric Prunes, a quien tuve la suerte de conocer en persona en el mismo lugar donde vas a tocar en Madrid. ¿Era uno de tus referentes?

Por supuesto tío, Electric Prunes fueron una banda cojonuda. Sí, yo también he visto que ha muerto el cantante, una pena.

Sé que eres muy fan de muchas bandas de la época en la que se formaron ellos, ¿cuál sería para ti la más fundamental en tu crecimiento como músico?

Uf, es difícil, pero si tengo que decir una sería The Incredible String Band.

Texto: Nacho Serrano

 

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