Juguemos a los acertijos: ¿de dónde puede salir una banda que mezcla el hard-fuzz limítrofe con el stoner y la psicodelia, el funk-jazz, los grooves setenteros, el afrofunk y el afrobeat y otros ritmos entre lo tribal y lo expansivo? Ha adivinado. Efectivamente, del centro del mundo hipster, Nueva York; y paradójicamente, Staten Island, el distrito olvidado. The Budos Band lleva ya veinte años dando la callada por respuesta, diseñando instrumentales que sirven de perfecta banda sonora para luctuosas noches de fiesta o relajadas mañanas en la cama —con compañía— y numerando sus discos como si de Led Zeppelin se tratasen. Tan solo sus títulos nos pueden dar una pista de por dónde van: «Curse of the Ivory Fang», «Behind the Black Curtain» o «Escape from Ptenoda City» lo dicen todo. Fueron uno de esos grupos que durante la década pasada dieron lo mejor de sí mismos como parte de la escudería Daptone y que ahora reviven en Diamond West, su propio sello. Merece la pena pincharlos otra vez, compadre, y dejarse llevar.
HÉCTOR GARCÍA BARNÉS






