Cuando a mediados de 2021 aterrizó en mis oídos este disco, supe casi de inmediato que su autor iba a entrar en esa exclusiva lista (cada uno tendrá la suya) formada por aquellos músicos a los que escuchas de forma recurrente. Aquellos cuyas canciones suenan en tu equipo cada mes o máximo, cada dos meses. Grabado durante lo más duro de la pandemia (de marzo de 2020 a julio de 2021), por sus doce canciones se paseaba un cantautor que no escondía en absoluto las bazas de sus mayores -la épica de Springsteen, la lírica de Petty, el costumbrismo de Mellencamp- pero que, como cualquier artista que se tilde de tal, mostraba al mismo tiempo una personalidad muy acusada. Tanto musical, como líricamente. A aquella docena de magníficos temas se incorporaron poco después los de Dark (2023) y Spirits (2024), dos álbumes tan o más inspirados que este.
Lo que no pensaba es que, a la espera de nuevo material, Jefferson decidiera lanzar ahora una versión remasterizada de aquel primer descubrimiento. A priori no supe qué pensar, pues Good Future me parecía un disco de rock americano casi perfecto; uno de esos álbumes a los que uno no quitaría ni añadiría prácticamente nada.
Pero una vez escuchado y contrastado, tengo que reconocer que el resultado es sobresaliente. Las constantes de su música y el colchón sonoro original, mezclando el espíritu de los ochenta con la tecnología contemporánea siguen intactas; con muy buen criterio, lo que Jefferson ha hecho es abrillantar unos temas ya de por sí maravillosos, para presentarlos de nuevo relucientes y, en cierto modo, vitaminados. Evitando la tentación de revestirlos en demasía, o recargarlos con falsos oropeles, ha sabido mantener la esencia de todos ellos a la vez que, sutilmente, les ha insuflado nueva vida.
Los puntos más álgidos (en un disco que es pura cima en sí mismo), caso de «Sure Fire», «Cry For Help», «I’m Still Here», «New Air», «When You Get Older» o la propia que titula el trabajo suenan ahora más enérgicas y envolventes, más limpias y frescas. Porque Good Future era, en origen, como un Cadillac Coupe DeVille del 55: elegante, clásico, majestuoso; y esta nueva versión remasterizada, no lleva llantas modernas ni feos alerones añadidos. Es el mismo Cadillac, sólo que recién salido del túnel de lavado. Encerado, brillante…deslumbrante.
Si además resulta que, como regalo, lleva en la guantera tres temas extra (dos versiones primerizas de «Starts with a Dream» y «Cry for Help» y una tercera -«Strength to Carry It»- que se quedó fuera en su momento), lo único que queda por hacer es sentarse al volante y emprender, una vez más, este mágico viaje hacia el futuro.
Eloy Pérez






