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Pistones, Sala El Sol (Madrid)

Cinco Noches en El Sol

Ricardo Chirinos, cantante y compositor de Pistones. Celebra 45 años de trayectoria musical, con un espectáculo en el que interpreta junto a su banda, las canciones más emblemáticas de su discografía.

¿Cómo se mide lo que le importa un grupo a uno mismo? ¿Cuánto vale en dinero contante y sonante? En mi caso, que nunca había tenido la suerte de ver a Pistones en directo, saldar esa vieja deuda lo justificaba todo: el coste del transporte y el hotel, el miedo a que algo se torciera en el último momento, las prisas: salir del trabajo en Barcelona puntual a las 17.00, coger un taxi en dirección al aeropuerto, maldecirme cuando el vuelo salió casi una hora tarde, correr como un condenado por los túneles del metro de Madrid y perderme los tres primeros temas del quinto concierto que ofrecieron en la sala El Sol.

El sitio elegido para reencontrarse con el público. Tras agotar las entradas rápidamente de la primera fecha, se fue prorrogando en número de conciertos hasta 5 (17/diciembre, 4/enero, 8/febrero, 17/abril y 12/junio). Llegando a batir el récord en Sold Out consecutivos de la mítica sala, desde que abriera sus puertas en 1979.

Cuando entro en la sala resulta que me he perdido “Persecución”, “Siete Menos Cuarto” y “Entre Dos Fuegos”, y que la banda está acometiendo los acordes finales de “Nadie”. Primera impresión: la voz de Ricardo Chirinos aguanta bien el paso del tiempo. Algo primordial, siendo la suya, desde siempre, una de las más afinadas y melodiosas del panorama musical español. Le acompañan las guitarras de Javi Quintana y Jose de Lucas, el bajo de José Marín, la batería de Rafa Cruz, los teclados Basilio Martí (que había tocado con Antonio Vega) y el saxo de Dani Herrero. Suenan estos Pistones de 2024 muy robustos y rockeros, algo que no estará de más en una noche como la de hoy, en la que compiten con el primero de los tres conciertos que Bruce Springsteen ofrecerá en Madrid.

Sigue la fiesta con “Que El Sol Te Dé”, “Amiga Lola” (que Chirinos presenta como el tema más fronterizo del grupo, y otro himno del grupo), y “Flores Condenadas”, que en directo, sin ese maravilloso sonido de mandolina de la grabación original, suena más robusta y cortante.  Después de “Galaxia” y de “Mientes”, el grupo interpreta “Pistolero”, que normalmente reservan para el final de los conciertos, y que desencadena los primeros cánticos desatados del público. Traspasado el ecuador del bolo, llegan “Último Soldado” (qué temazos los de aquel “Persecución” madre mía, cuánta inspiración), “Vivo Para Caminar” y “Lo Que Quieras Oír”. Tantos años después, se hace extraño escuchar esta canción, tan premonitorio: la declaración de amor de un fan (todos los aquí presentes) a una vieja estrella. Con un poco más de apoyo y de empuje, este grupo debería estar recogiendo, y ojalá que lo consiga pronto, muchos más frutos, después de tan buena siembra y tanto talento acreditado en los 80.

Entramos en la recta final, en la que se suceden “Despertarte”, “La Escapada”, “Te Brillan Los Ojos”, “La Cazadora” y “Los Ramones”. Para los bises han preparado “Cien Veces No”, seguido del obligado homenaje a Antonio Vega y a Nacha Pop en forma de una colosal versión de “Persiguiendo Sombras” (no en formato piano y voz, como en la gira del 35 Aniversario de Pistones, sino en modo banda, como hizo el grupo en 1993, cuando participó en el álbum homenaje “Ese Chico Triste y Solitario”), y por último, “Metadona”

Yo puedo respirar aliviado. Hay que admitir que venía con cierta aprensión. ¿Cuánto tiempo puede uno mantenerse fiel a un amor de juventud, como el que sentí por este grupo? ¿Tiene sentido intentar reavivarlo tantos años más tarde? ¿Era demasiado arriesgado invertir tanto estrés, esfuerzo y dinero en esta cita a semiciegas, cuatro décadas después? Por suerte, todo ha valido la pena. Algunas canciones no las conocía apenas; otras de la primera época, como “Los Ramones”, nunca me parecieron tan redondas como las de los años milagrosos (83-86). Pero al escuchar por fin, bien tocadas y cantadas, ante un público entregado, joyas como “Nadie”, “Mientes”, “Ultimo Soldado”, “Flores Condenadas” o “Lo Que Quieras Oír”, he sentido la misma euforia que en el 86, y una honda convicción de haber estado en el buen camino hace 40 años, y de que a veces, mantenerse fiel a los gustos y las intuiciones de antaño, tiene su recompensa.

Los espectadores empiezan a salir a la calle, pero antes de hacerlo se hacen con uno de los posters conmemorativos del 45 aniversario del grupo, en los que Chirinos ha estampado su firma. Yo me aseguro de encontrar una lista del repertorio de esta noche, y ya en el camerino, departo un rato con el propio Chirinos. Inútil intentar explicarle lo que Pistones significó para mí. Debe de estar harto de que le cuenten milongas similares. De pronto, entra en el diminuto camerino una mujer dulce y discreta, que se presenta: se trata de Laura Vega Tallés, una de las hermanas de Antonio Vega. Imagino que Chirinos debe de estar tan emocionado como yo, pero tímido como es, no lo aparenta. A mí, por mi parte, se me ponen los pelos de punta. Se parece muchísimo a su hermano, aunque el paso de los años la ha tratado mucho mejor. Tener delante a alguien tan cercano a Antonio, tantos años después de que yo lo conociera personalmente, a finales de los 80, o de que lo entrevistara repetidamente para mi biografía de los Nacha Pop (“Magia y Precisión, publicada en 2002 por Editorial Milenio), me produce una mezcla de vértigo y de gran alegría y serenidad. Su recuerdo, y en este caso su sangre y sus genes, siguen vivos y en excelente salud. El mayor elogio a Pistones viene de la propia Laura Vega. Chirinos le da las gracias por todo lo que Antonio significó para él, y ella le responde que no es hablar de Antonio a lo que ha venido esta noche, sino a escuchar las maravillosas canciones de Chirinos. Y que ha pagado con mucho gusto la entrada, porque a los músicos hay que valorarlos con más que palabras o aplausos. Poco más que añadir. Una noche redonda de pop español, con uno de los grupos de Madrid que, hoy como ayer, mejor lo representan.

 

Texto: Alex Fernández de Castro

 

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