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The Cult – La Riviera (Madrid)

Durante el transcurso de la vida hay cosas que cambian y cosas que no. Cambia que el día que empieza el verano caiga un chaparrón de muy señor mío y no cambia que un concierto de The Cult es un valor seguro. Anoche La Riviera parecía una colisión entre dos mundos donde lo atípico que ocurría de puertas para fuera se daba de bruces con lo más representativo que puede suceder dentro de la sala, a saber, una banda legendaria con un público fiel, de esos que tienen esta fecha marcada en rojo –o negro, visto el aura del grupo-.

Pasaban las nueve ante un recinto abarrotado. Una expectación conformada por camisetas de todas las giras de todos los grupos posibles. Camisetas que dejarían por los suelos a los excesivos precios de los productos oficiales de merchandising. Reconozco, incluso con cierta vergüenza, que ayer era la primera vez que iba a ver en directo a Ian Astbury y compañía, y no creo andar muy desatinado si afirmo que muy posiblemente fuera el único de los allí presentes que se presentaba virgen al recital.

The Cult es de las bandas que más honor hace a su monumental nombre. Un grupo que podemos catalogar de nicho, en el mejor sentido de la palabra, pues los fans que esperaban impacientes el comienzo del concierto eran tan reconocibles como arquetípicos. No tienen intención los Cult, y jamás la han tenido, de buscar nuevos fans porque nunca lo han necesitado. Quizá es por eso que todos sus álbumes, incluyendo Under The Midnight Sun, su último lanzamiento, siempre cuentan con el beneplácito general. Como decíamos, hay cosas que no cambian y también cosas que no quieren o no se quieren cambiar.

Rozaba el reloj las nueve y media cuando se apagaban las luces de un escenario previamente acicalado con incienso. Un Billy Duffy que cada vez se parece más a Dave Navarro se ponía a un lado, Charlie Jones con el bajo al otro, Joe Tempesta a pegarle a la batería como solo él sabe y el brujo Atsbury en pleno centro, agitando una pandereta como si estuviera lanzando hechizos a las entregadas primeras filas. Y a sonar un himno tras otro.

Tocaron prácticamente todos los hits: “Sun King”, “The Witch”, “Rain” o ese “She Sells Sanctuary” que cada día envejece mejor. Uno de los riffs más maravillosos de la música. El melenudo Atsbury sigue en forma y su voz parece hecha por IA. Ya no es solo que clave las canciones, sino que uno de los momentos donde su rango alcanzó el súmmum fue coreando el ‘oé, oé, oé’. Como Freddy en Wembley, pero a lo español.

Transcurrida apenas hora y cuarto, el bolo llega a su fin, algo que sí hay que reprochar. No puede ser que una banda con 40 años de existencia y aparentemente en perfectas condiciones haga un show tan corto. Salimos todos a la distópica realidad con una sensación extraña. Lo hemos pasado en grande, pero como dice el chiste: “…vaya, aquí la comida es realmente terrible, y además las raciones son tan pequeñas…” Marchamos en esta noche de miércoles sabiendo que habrá un próximamente, quizá a distinta hora, en distinto día pero en el mismo lugar. Nos vemos pronto en La Riviera, una sala en la que The Cult ha tocado tantas veces que se ha convertido en su santuario.

Texto: Borja Morais

Fotos (Razz / Barcelona) : Sergi Fornols

 

 

One Comment

  1. Estuvieron geniales, y lo bueno si breve…

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