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The Hives – Razzmatazz (Barcelona)

 

Vuelta al cole, vuelta al bolo. Primer gran evento de la temporada en ciudad Colau, que sirvió de reencuentro de los ínclitos de la escena barcelonesa. La verdad es que volver a ver en la previa la terraza del Sonora Sports Tavern hasta la bandera, llena de experimentados –y de otros no tanto- alzando la jarra en festejo de la plena normalidad a pesar de la inflación, emociona.

 

Una vez dentro de la sala 1 de Razzmatazz, Les Lullies arriaban el telón de la inmediatez con prisa por subir la tensión, llenar la pista y atraer más al público, acostumbrados como están a escenarios más sucintos. No hay duda de que su garage punk sirve para cualquier ocasión, son un grupo creciente y siempre son más que bienvenidos; esperamos ardorosos un nuevo álbum del combo galo.

Con el quinteto monocromo ya en pista –enfundados en un nuevo traje en riguroso blanco y negro-, los tres cuartos de entrada permitieron al público una celebración más o menos espaciosa de “Come On”, la espoleta clásica de una banda top, que está a ese nivel en el que puede seguir llenando salas de gran aforo sin necesidad de publicar nuevos discos. Diez largos años han pasado desde la publicación de su último Lex Hives (Sony, 2012), sexta referencia de los suecos.

También tuve la suerte de asistir al concierto –en la misma sala Razzmatazz 1- del tour homónimo de aquel disco. Recuerdo entrar el último en el local dejando atrás una fría noche de diciembre. En la nebulosa de mi memoria, un amigo llevado por el fragor etílico me arrastra hasta las primeras filas en busca de otro alguien –femenino-, y me introduce en el corazón de un reactor nuclear, y allí, en medio de un calor infernal puedo ver a Per Almqvist desgañitándose encima de un ensordecedor sonido in the red: esa fue la primera vez que vi a The Hives.

En cambio, el recuerdo mucho más consciente del pasado jueves me lleva a un sonido que conjuga ruido y geometría en una ensalada de hits clásicos, que no suele variar mucho pero que no por ello es menos disfrutable: “Walk Idiot Walk”, “Two-Timing Touch and Broken Bones”… suenan entre las arengas de Per, que para mi humilde opinión alarga demasiado los interludios, y lo hace además demasiadas veces. Corrió el rumor entre el público de que es una decisión consciente para darle respiro cardíaco al baterista Christian Grahn.

Sin tampoco alargar demasiado el tiempo –sonaron 2 o 3 temas menos que de costumbre-, en el encore airearon “I’m Alive” y, para acabar, “Tick Tick Boom” el tema que mejor les define. Sea como sea, lo verdaderamente importante es que The Hives es una banda que ya está por encima del bien y del mal, Hives es al garage rock lo que el arquitecto Bernini a la fachada barroca: estás ahí abajo y ante la visión percibes un movimiento mareante, pero al mismo tiempo sientes la seguridad de que cada pieza de arte va a permanecer incólume en su lugar. Y eso, amigos, no tiene precio ¡Larga vida al barroco! ¡Viva The Hives!

 

Texto: Pacus González Centeno

Fotos: Sergi Fornols

 

One Comment

  1. Francisco Javier Garcia Valles

    En Valladolid tocaron el sábado en la Plaza Mayor, y fue un poco frustrante ya que si quitas los paseos entre el público, las arengas a que la gente responda a tal o cual sonido, las peroratas sobre lo buena que es la audiencia y el autobomobo, quedó muy pero que muy poquita música, calculo que 35 minutos

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