Encuentros

Los Hermanos Cubero, música del pueblo para el pueblo al Colisseum (Bcn)

El próximo 12 de octubre podremos disfrutar a lo grande en el concierto que ofrecerán en el teatro Colisseum de Barcelona, un espacio excelente para disfrutar de todos los detalles de las canciones que surgen del imaginario de Enrique y Roberto.  Recuperamos la entrevista que publicamos a propósito de la salida de su último disco y que serán la base de este concierto. Será dentro del Festival Mil.lenni y lo harán junto a Pep Gimeno “Botifarra”, músico original en la formación All Tall en los 70 y desarrollador de este estilo en diferentes formaciones, todo un clásico del folk en su Valencia natal donde ha recibido todos los premios posibles en esta categoría.

 

Son un ente único, exponente en solitario de un género propio y personal, nadie hace lo que hacen ellos, una rara avis que seduce con canciones que apelan al sugerente atractivo de los sentimientos humanos y al encanto de la cotidianidad. Sencillos y con la honestidad por bandera los Hermanos Cubero regresan con un disco doble, Errantes Telúricos / Proyecto Toribio (El Segell), rodeados por ilustres invitados y que es el perfecto muestrario de todas sus caras musicales.

Tras publicar un disco como Quique Dibuja la Tristeza, que suponía una catarsis emocional en toda regla… ¿Cómo afrontasteis la creación de las canciones contenidas en Errantes Telúricos?

Quique: En ese sentido aquel disco fue muy intenso, todas las canciones compuestas por mí y con el trasfondo que ya se conoce. En Errantes Telúricos solamente aporto dos nuevas composiciones y una de ellas ya estaba escrita de antemano, antes del funesto fallecimiento de mi esposa, de hecho, estaba (y está) dedicada a ella. Pero sí, con las veces que hemos tocado ese disco y la distancia que da el tiempo he tenido ocasión de tomar algo de aire, también, conscientemente, procuro alejarme de aquello y trato de tomar otros derroteros.

Roberto:  Creo que en nuestro caso, a la hora de crear no tenemos muy en cuenta lo que hemos hecho antes. Simplemente nos guiamos por lo que necesitamos comunicar o por el empuje que sintamos en cada momento. La elección de los temas estuvo completamente ligada al carácter de cada invitado, y aunque en algunos casos parezca que les hemos sacado de su zona de confort, había algo que nos decía que a cada uno le correspondía esa canción. En algunos casos son canciones escritas recientemente y en otros casos se trata de canciones que ya teníamos escritas pero que no habían encontrado acomodo en discos anteriores. Y en los casos de temas tradicionales, la elección también está ligada a la personalidad de cada artista. Excepto Grupo de Expertos Solynieve, que eligieron ellos el tema y nos flipó la propuesta.

En Flor de Canciones (2013) ya tuvisteis a Mario Cobo, Javier Cortés, Víctor Coyote, Lluis Gómez y  Diego Galaz echando una mano de forma más puntual… ¿Cómo nace la idea de que este nuevo álbum sea un disco de colaboraciones en su totalidad?

Q: La verdad es que nos fuimos liando, todo empezó por una conversación con nuestro mánager, que también lo es de Amaia y que nos propuso una colaboración con ella, al principio iba a ser solo eso, una canción. Después, también nuestro mánager, nos propuso al Grupo de Expertos Solynieve, ahí ya pensamos en un EP físico. Y después poco a poco fuimos pensando en ampliar ese elenco hasta juntar diez canciones en total con aquellos con los que teníamos afinidad y admiración mutua.

R: Realmente, una de las cosas más potentes de la música popular es la facilidad para compartirla. Sentarte con alguien y tocar solo por el hecho de disfrutar es una de las mejores sensaciones. Así que un disco de colaboraciones es algo que motiva mucho.

Os rodeáis de un elenco de impresión. Desde tótems del rock patrio como Josele Santiago, Hendrik Röver o el Grupo de Expertos Solynieve hasta jóvenes promesas, Rodrigo Cuevas o Amaia, y valores consagrados, Rocío Márquez, Carmen Paris, Cristina Rosenvinge, Ara Malikian o Nacho Vegas… ¿Estos eran los nombres que siempre tuvisteis en mente para que estuvieran presentes?

Q: Bueno, como decía antes, una cosa nos fue llevando a otra. Desde luego son artistas con los que tenemos alguna afinidad, con los que hemos coincido antes en alguna ocasión, véase compartiendo cartel, colaboración o simplemente como espectadores mutuos. Y a los que, por encima de todo, admiramos. Por el camino se quedaron otros nombres a quienes se lo propusimos, pero por distintos motivos no acabó fraguando, y otros que nos consultamos entre nosotros y no llegamos a un acuerdo.

R: De manera paralela a la elección de los temas iban saliendo los nombres. Como dice Quique, son todo artistas que admiramos desde hace tiempo y con los que sentimos que tenemos muchos puntos en común, que aunque no se aprecie en la forma, creo que sí se aprecia en el fondo. La verdad es que para nosotros es brutal que gente de esa talla y talento hayan accedido a grabar con nosotros.

Vuestras letras son dignas de detenerse en ellas. Inocentes a la par que certeras. A medio camino entre lo rural y lo urbano. ¿Qué importancia le otorgáis a las letras y como os inspiráis para escribirlas?

Q: Para mí, en un tema cantado, la letra es fundamental. La música debe servir para vestir, adornar, esa letra. Pero si la letra no está a la altura, poco podrá hacer la música por sí sola. Es un concepto casi diametralmente opuesto a un tema instrumental. Así pues, hay que poner el máximo esmero en sacar una letra que valga. La consecuencia de buscar la excelencia en la letra es que al final acaban muchos versos en la papelera. Es importante la inspiración, sin duda, pero te tiene que pillar trabajando, como dijo Picasso.

R: En una canción no puede haber nada casual ni nada de relleno. Nosotros escribimos canciones desde una necesidad de comunicar algo, ya sea en un tema vocal o uno instrumental, así que todas las partes son fundamentales.

Se habla de vosotros como la fusión del folklore tradicional de la Alcarria con la herencia musical norteamericana. Algo que puede parecer la unión de dos mundos absolutamente diferentes pero que, en el fondo, quizás no lo sea tanto. Al fin y al cabo hay puntos en común entre ambas tradiciones, ¿No es así? ¿Surgió de forma natural esa fusión?

Q: Para mí no es fusión, es simplemente nuestra forma de entender la música y nuestra forma de abrir nuestra mente. Cuando empezamos a tocar en público practicábamos un estilo muy concreto, el bluegrass, sin salirnos de sus cánones. El punto de inflexión fue cuando decidimos quitarnos el corsé en público y tocar realmente lo que nos salía, sin forzarnos a estar dentro de las pautas estilísticas de una música en concreto. Así que para nosotros es solamente honestidad y libertad artística. Por supuesto, como músicas populares, tienen muchos puntos en común. Es música del pueblo para el pueblo.

Foto: Sergi Fornols

Errantes Telúricos no viene solo. Le acompaña Proyecto Toribio, un disco más enraizado a la tierra donde revisáis la obra del violinista Toribio del Olmo y revindicáis la figura del violín como instrumento clave de la música popular. Si no me equivoco esta idea ya viene de lejos…

Q: Roberto tenía esta idea en mente desde hacía unos cuantos años y por unas razones u otras se había ido quedando postergada. Después de Quique dibuja la tristeza nos pareció por fin el momento idóneo para llevarlo a cabo, por la ruptura que supuso aquel en nuestra línea artística y la que suponía este Proyecto Toribio también, de algún modo.

R: Muy contentos de verlo completado y en la calle. Para nosotros es un disco muy importante en muchos aspectos. Hubo un tiempo en que el violín era el rey del baile en la provincia de Guadalajara. En otros sitios la dulzaina o la gaita era el instrumento más popular. En Guadalajara a principios del siglo XX y durante buena parte de este, el violín era el rey de la ronda. Tenemos conocimiento de muchos pueblos donde se ha recogido repertorio de violín. Incluso en la Escuela de Folclore de Guadalajara hay un aula específica de violín. Hace ya unos años nos llamó la atención un tema que se hizo muy popular en el circuito de folk, Foxtrot de Algora. Seguí la pista a ese tema, y con la ayuda del tristemente desaparecido Carlos Orea, llegamos a unas grabaciones de campo que realizó Xulio García a mediados de los 90 y que aún conservaba Javier Barrio que fue quien nos las pasó. Horas de grabación donde Toribio del Olmo toca todo tipo de piezas de las que solía tocar en las rondas y el baile. Seleccionamos diez para nuestro álbum.

Tener dos discos flamantes en la calle y no poder presentarlos en directo con normalidad debe ser, como mínimo, desconcertante…

Quique: Efectivamente es bastante frustrante, sin duda. Pero cuando lo pienso me acuerdo de aquellos a los que les ha afectado en su único trabajo. A los que se dedican en exclusiva a la música o a la cultura, técnicos de sonido, montadores, o a quienes trabajan en el sector turístico o en la hostelería, o en servicios en general y llevan casi un año en ERTE o directamente en el paro, para todos ellos sí que es un problema, desde aquí vaya nuestra solidaridad y apoyo.

Roberto: Remontaremos. Lo que hemos notado en los pocos conciertos que hemos tenido en los últimos meses es que la gente tiene muchas ganas de música en directo, aunque sea sentados a dos metros y con mascarilla. Remontaremos.

En el primer disco, Cordaineros de la Alcarria (2010), estaba «Hagamos algo de Ruido». Una canción en que cantabais: “Gustaremos hasta a los modernos de Madrid…” ¿Cómo veis esa frase una década después? ¿Satisfechos de vuestra carrera?

Q: Cuando escribimos aquello no pensamos en la repercusión que tendría. Sí, estamos muy contentos, satisfechos no, (Risas), porque esto no ha hecho más que empezar y tenemos muchas metas todavía por alcanzar. Si que llevamos ya una década, pero nosotros vamos despacito, paso a paso y sin correr.

R: Esa frase la escribí como un vacile, sin ninguna otra pretensión. Al final hemos acabado gustando a algunos. Como canta Hank Williams III «Es una manera determinada de vivir, es un determinado estilo, no gustamos a todo el mundo, pero volvemos locos a unos cuantos».

 

Texto: Manel Celeiro

 

 

 

 

 

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