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De menos a más: Yes 2ª parte (1981-2022)

YES (1991)

 

 

Si la década de los 70 fue convulsa para el dinosaurio afirmativo (y a pesar de todo parieron varias obras maestras del mejor rock progresivo de todos los tiempos y lugares), a partir de los años 80 su trayectoria ha sido de lo más errática. Tras la gira de Drama, en marzo de 1981 hubo desbandada general y los dos Yes restantes, Chris Squire y Alan White, grabaron el bonito single “Run with the Fox”, y la discográfica publicó el excelente doble en vivo Yesshows. Curiosamente, sin nada de la gira de Drama, quizás porque el público prefería material con su cantante de toda la vida, Jon Anderson, antes que con su sustituto, Trevor Horn. Luego, Squire y White ensayaron junto a Jimmy Page para un posible nuevo proyecto que no llegó a despegar, en parte porque Page estaba afectado por la reciente muerte de su colega en Led Zeppelin, John Bonham.

En 1982, la palabra prog era anatema, así que los grupos clásicos tuvieron que reconvertirse (aunque justo entonces surgió otro movimiento progresivo en las islas británicas encabezado por Marillion, pero esa ya es otra historia). Fue entonces cuando a Squire y White les tocó la lotería al reclutar al joven guitarrista y cantante Trevor Rabin. Recuperaron al primer teclista de Yes, Tony Kaye, y con la entrada en el último momento de Jon Anderson grabaron el disco 90125, que les daría nueva fama y fortuna. Y desde entonces y hasta la actualidad, diversos capítulos de este súper culebrón con múltiples cambios de personal, incluyendo el proyecto paralelo de Anderson, Bruford, Wakeman & Howe (1989), cuyo estupendo y homónimo disco entra por derecho propio en la discografia de YesSin embargo, lo que muchos fans no han acabado de digerir es la sustitución forzosa en el 2009 de Anderson por el cantante Benoît David. Y es que la banda tenía una gira prevista y no podían esperar a que Anderson se recuperara de una insuficiencia respiratoria aguda. Pero lo feo del asunto es que tras esa gira grabaron un disco (Fly From Here), salieron de nuevo a la carretera sin Anderson, y luego cambiaron a David por otro cantante, Jon Davison. Y luego otra gira y otro disco (Heaven & Earth), mientras Anderson seguía con un palmo de narices… aunque se sacó un poco la espinita haciendo una gira con Rick Wakeman y Trevor Rabin tocando material clásico de Yes (lástima que no sacaran disco en estudio).

Yes (1983)

En fin, mucho “peace and love” en las letras de Yes, pero las puñaladas traperas han campado por doquier. De hecho, no hubo muchas buenas vibraciones entre las dos facciones cuando subieron al escenario para recoger el premio del R’n’R Hall of Fame en abril de 2017 y tocar un par de canciones (lo mejor: la intervención de Wakeman con su cáustico humor). Sin embargo, el ninguneo hacia Anderson ya lo han sufrido otros miembros de Yes, caso de Peter Banks (primer guitarrista del grupo), los teclistas Patrick Moraz y Oliver Wakeman o el cantante Benoît David. Pero lo más curioso es que, pese a tantos cambios de personal y más de 50 años de trayectoria, hay un adn musical característico que se percibe en la mayoría de sus discos. Para mucha gente, el grupo quizás no ha grabado ninguna obra maestra desde el lejano Going for the One (1977) y ya dejó de ser relevante tras la última gira de Yes con Jon Anderson en el 2004. Sin embargo, desde los años 80 hasta ahora también han grabado un buen puñado de discos que, salvo pocas excepciones, son harto recomendables y merecen ser rescatados. A por ellos:

 

13 – THE QUEST (2021)

Último disco del grupo hasta la fecha y, ay, el primero sin ninguno de sus miembros fundadores. Sí, aquí están los históricos Steve Howe con su arsenal de guitarras (bien) y Alan White (regular: sus problemas físicos hicieron mella en su manera de tocar la batería). Pero Geoff Downes no solo no está a la altura de otros teclistas que han pasado por Yes, es que ni se acerca al nivel que demostró en Drama (1980). Jon Davison consigue hacernos olvidar un poco (pero solo un poco) a Jon Anderson, mientras que Billy Sherwood cumple con el bajo. ¿Y la música? Duele decirlo, pero es un álbum que carece casi por completo de la magia de tantos discos de Yes. Menos de la mitad del disco es aceptable: “The Ice Bridge”, “Dare to Know”, “Sister Sleeping Soul” y, sobre todo, “A Living Island” (compuesta a medias entre Davison y Downes). No solo se echa en falta a Jon Anderson, sino al gran Chris Squire, con sus tremendos bajos y sus espléndidas segundas voces.

 

12 – HEAVEN & EARTH (2014)

Un disco en general bastante blando, sin Jon Anderson y con su sustituto Jon Davison como máximo compositor. Tanto es así que se diría más un trabajo suyo en solitario con amigos invitados que un trabajo de Yes en toda regla. Además, carece casi de momentos instrumentales, cambios de ritmo y esas sospresas que caracterizan los grandes trabajos de la banda. Para más inri, los teclados de Downes y las baterías de White son muy pobres. Aun así, la mitad del disco se deja escuchar con agrado (aunque ninguna canción sea realmente memorable): “Subway Walls” (la más progresiva del lote), “Believe Again” , “The Game” y “To Ascend”. Estas tres últimas, con melodías bastante logradas y ese espíritu positivo habitual de tantas canciones de la banda, hasta podría haberlas firmado Jon Anderson. Y aunque Squire quizás no aporte ninguna de sus grandes partes de bajo, su personalidad resuena gracias a sus espléndidas segundas voces marca de la casa.

 

11 – OPEN YOUR EYES (1997)

Tras la enésima escapada de Wakeman, Billy Sherwood figura como segundo guitarrista y ocasional teclista, con la ayuda puntual también de Igor Khoroshev y Steve Porcaro (de Toto). El grupo acababa de publicar el segundo volumen de Keys to Ascension pero, al haber encontrado nueva discográfica, les presionaron para sacar material fresco cuanto antes. Y Steve Howe tiene razón al decir que se precipitaron, porque varios temas suenan como maquetas sin pulir. De hecho, el grueso del material era de Squire y Sherwood de cara a su proyecto paralelo, Conspiracy, con un sonido más pop-rock que progresivo (aunque sin la inspirada vena rockera que había aportado Trevor Rabin en otros discos de Yes). Algunas canciones están bien, pero aun así parecen autoplagios: “New State of Mind” recuerda a “Shock to the System”, mientras que la pseudo-reggae “No Way We Can Lose” parece la continuación de “Saving my Heart”. Las piezas más logradas del disco son “Universal Mind”, “From the Balcony” y, sobre todo, “Open Your Eyes”, una vitalista canción de factura pop con arreglos progresivos muy efectivos.

 

10 – KEYS TO ASCENSION II (1997)

Segundo volumen (y doble) de Keys to Ascension, que combina material en vivo con piezas nuevas de estudio (y con el retorno temporal de Wakeman). El primer disco contiene temas que ya habían aparecido en otros directos del grupo (a excepción de la preciosa “Turn of the Century”), por lo que es de relativo interés. Por otra parte, el disco en estudio incluye la suite “Mind Drive”, que venía de una idea gestada por Squire y White junto a Jimmy Page para el proyecto abortado YXZ. Tiene momentos muy interesantes, aunque quizás la alargan demasiado. Las otras cuatro piezas no están mal, pero no logran capturar la vieja magia del grupo, exceptuando la notable “Foot Prints”. En general parecen descartes o temas sin pulir, de hecho, “Children of Light” era una composición de Anderson con Vangelis que tampoco llegó a entrar en el disco de Anderson, Bruford, Wakeman & Howe. El mejor material en estudio de esas sesiones apareció el año anterior en el primer volumen de Keys to Ascension.

 

9 – BIG GENERATOR (1987)

Tras el pelotazo que suposo 90125 (gracias al nuevo motor creativo de Trevor Rabin) y la subsiguiente gira, el grupo tardó cuatro años en sacar el siguiente disco. Y se nota cierta dispersión (grabado en diversos estudios de países diferentes), además de tener una portada ho-rro-ro-sa. Sin embargo, con el paso del tiempo muchas de las canciones han aguantado muy bien el ídem. Sí, hay temas flojos, como “Big Generator” (parece una mala copia de Def Leppard) o “Holy Lamb” (suena claramente más a Jon Anderson en solitario que a Yes), pero ya querrían los Yes de los últimos años haber compuesto y grabado temas tan potentes como “The Rhythm of Love” (con un guiño a las voces de los Beach Boys), el pegadizo y estupendo single “Love Will Find a Way” (escrita inicialmente para Stevie Nicks, de Fleetwood Mac), “Final Eyes” (que recuerda un poco a los Yes de los 70’s) o “I’m Running”, que conecta con ese sonido tipo Police que ya habían abordado con “Run Through the Light”.

 

8 – FLY FROM HERE (2011)

El quinteto que grabó Drama se reunió de nuevo para este disco, aunque con Trevor Horn como productor y con nuevo cantante, Benoît David. El germen del disco fue una canción sobrante de Drama (la que da título al disco), que alargaron hasta conseguir una suite notable. Del resto destacan la estupenda “Hour of Need” (firmada por Howe) y la progresiva “Into the Storm”, con sabor a Yes añejo. Y, al igual que ocurría con Drama, en general no se echa en falta a Anderson, con lo cual lograron su objetivo. De hecho, se nota más la ausencia de unos teclados más trabajados, pero Downes nunca fue Wakeman. Por cierto, Horn hizo una nueva remezcla del disco pocos años después y poniendo él la voz principal (un feo hacia David, por otro lado). No hacía falta, el disco ya sonaba la mar de bien. En todo caso podrían haber reeditado el disco con las cuatro canciones (aunque bastante insípidas) que se descartaron al inicio de las sesiones, cuando el teclista era Oliver Wakeman (al que se despidió sin mucho tacto). Finalmente vieron la luz en el disco From a Page (2019), que complementaban con un doble en vivo grabado en Lyon en el 2009.

 

7 – KEYS TO ASCENSION (1996)

Tras el fin de la era Rabin, Wakeman regresa brevemente al grupo para grabar los dobles Keys to Ascension, con material en vivo y en estudio. El primer volumen contiene muy buenas versiones de varios temas que nunca antes habían aparecido en un disco en directo: “The Revealing Science of God” (una de las suites del infravalorado Tales from Topographic Oceans), “America” (canción de Simon & Garfunkel que Yes hacen totalmente suya), “Awaken” y “Onward”, además de los clásicos “Siberian Khatru”, “Roundabout” y “Starship Trooper”. Y las dos nuevas piezas en estudio son de aúpa, con reminiscencias de sus obras magnas. Por un lado, el tema de 10 minutos “Be the One”, con coros de Squire muy logrados y excelentes guitarras de Howe. Por otro, “That, That Is” (con ecos de “Turn of the Century”), casi 20 minutos que muestran la magia atemporal que ha ofrcedido la banda al margen de modas y estilos diversos. Y es que si en 1977 plantaron cara al punk con el estupendo Going for the One, ahora hacían caso omiso del grunge y el brit pop de mitad de los 90, recuperando parte de la personalidad y la elegancia de los mejores trabajos de Yes.

 

6 – 90125 (1983)

Después de Drama, los dos Yes restantes (Squire y White) recuperaron al teclista de los tres primeros discos de Yes, Tony Kaye, para formar un nuevo grupo: Cinema. Y tuvieron la inmensa suerte al fichar a Trevor Rabin (guitarra, voces y teclados), que aportó material fresco y mucho más rockero. Con la entrada de Anderson en el último momento, el grupo pasó a llamarse Yes, y la discográfica, claro, se frotó las manos. Los nostálgicos acérrimos del sonido añejo se disgustaron bastante, ya que aquí no había ninguna suite, ni siquiera uno de esos estupendos temas de 8-10 minutos marca de la casa. Y es que el grupo buscaba nuevos horizontes (caso de la estupenda “Changes”) con abundancia de riffs rockeros y de paso bastantes melodías agradablemente contagiosas (como el mega éxito “Owner of a Lonely Heart”). Pero además seguían facturando esos fabulosos juegos vocales a los que nos tienen acostumbrados (“It Can Happen”, “Hold On” o, sobre todo, “Leave It”). A destacar también la infravalorada “Our Song”, que apenas tocaron nunca en vivo, y que contiene el espíritu progresivo de Yes concentrado y revitalizado (podría haber figurado en Drama). En la reedición remasterizada en CD se incluyeron algunos extras, entre los que destaca la musculosa “Make It Easy”.

 

5 – UNION (1991)

El disco más detestado por el propio grupo (y muchos fans tampoco lo tienen en gran estima) es, a pesar de todo, uno de los más recomendables y variados de los últimos 40 años. Aunque realmente se trataba de dos versiones de Yes que grabaron sus temas por separado para poder salir luego de gira los ocho miembros y tocar material clásico.

Por un lado, los Yes oficiales en ese momento: Squire, Rabin, White y Kaye, con temas muy buenos como la potente “Miracle of Life” (la introducción es vertiginosa), la hipnótica “The More We Live – Let Go” (compuesta por Squire junto a Billy Sherwood, que luego sería miembro oficial de Yes) o la simpática y pseudo-reggae “Saving my Heart”. Por otro, Anderson, Bruford, Wakeman y Howe, con grandes canciones como “I Shoud Have Waited Forever” (con un trepidante bajo de Tony Levin), “Silent Talking”, “Holding On” o “Give & Take”. El problema es que para los temas de esta segunda facción se incluyeron un sinfín de músicos de estudio, para disgusto de Bruford, Howe y Wakeman, el cual renombró el disco como “onion” (cebolla), porque cada vez que lo escuchaba le hacía llorar. ¿El responsable de todo el asunto? Jon Anderson (con la ayuda del productor Jonathan Elias), que ya tiempo atrás había recibido el apelativo de “Napoleón”, no solo por su pequeña estatura, sino por su poder de convicción para dirigir la nave de Yes según sus designios (sí, las apariencias engañan). Pero la visión creativa de Anderson ha funcionado en la mayoría de los discos de Yes, así que…

 

4 – THE LADDER (1999)

Tras el fracaso artístico y comercial de Open Your Eyes, el grupo recuperó (y mucho) el impulso creativo con The Ladder, gracias en parte al productor Bruce Fairbairn. Igor Khoroshev ya era el teclista oficial de la banda y, de hecho, a veces recuerda a Rick Wakeman, tal es su nivel técnico. Billy Sherwood ayuda un poco aquí y allá con segundas guitarras y voces, pero no queda claro su papel en la banda cuando en sus filas ya estaban Steve Howe y Chris Squire. Sin embargo, el sexteto firma al completo todas las composiciones del disco y, por primera vez en la historia de la banda, todos los miembros hacen voces, apuntalando uno de los rasgos distintivos del sonido del grupo. “Homeworld” y “New Language” tienen momentos que recuerdan a los Yes clásicos, pero en el disco hay espacio para estilos muy diversos. Así, Jon Anderson aporta sus influencias de world music en temas como “Lightning Strikes”, “Can I?” (una actualización de “We Have Heaven”, del lejano Fragile), “Face to Face” o “New Language”, pero que con los arreglos del grupo se llevan a otro nivel. El conjunto del disco queda equilibrado también con dos baladas muy inspiradas: “If Only You Knew” y “It Will Be a Good Day”.

 

3 – TALK (1994)

Después de los anteriores capítulos del culebrón de Yes (Anderson, Bruford, Wakeman & Howe y Union), la idea de Anderson era grabar un disco los ocho músicos que habían salido de gira. Pero Bruford, Wakeman y Howe optaron por seguir con sus respectivas carreras en solitario. Así que Anderson volvió con Squire, Rabin, White y Kaye para grabar el tercer y último disco de esa formación. En esta ocasión las bases generales de los temas las sentaron Rabin y Anderson, y la verdad es que fueron más allá de los elementos más rockeros de 90125 y Big Generator. El tema inicial “The Calling” vuelve a mostrar esos fantásticos juegos vocales marca de la casa, “I Am Waiting” aúna lirismo y épica, mientras que “Walls” (compuesta junto al ex cantante de Supertramp, Roger Hodgson) ofrece una faceta más pop (de muy buena factura). Un gran álbum infravalorado en el que solo desentona “Real Love”, un tema de rock duro poco inspirado que recuerda sobremanera a “City of Love” y que alargan demasiado. Pero el plato fuerte del disco es la vibrante suite “Endless Dream”, con la que Rabin demostraba su amplitud de miras, evitando que se le etiquetara como un simple hacedor de canciones para las listas de éxitos. Sí, gracias a Rabin el grupo tuvo nueva vida en los 80, pero también en los 90 con sus valiosas aportacions a Union y a Talk.

 

2 – ANDERSON, BRUFORD, WAKEMAN & HOWE (1989)

No, no es el nombre de un bufete de abogados, sino los apellidos de cuatro de los músicos más reputados que han pasado por las filas de Yes, que por razones legales no pudieron usar el apelativo (en teoría, Squire y compañía seguían siendo Yes). Además, los cuatro habían participado en los clásicos Fragile y Close to the Edge. ¿Y aparte de salir de gira presentando material de los años 70, tenían algo nuevo que ofrecer? Pues sí: un sorprendente disco homónimo (portada de Roger Dean y bajo de Tony Levin incluidos) que recuperaba esencias yesísticas en oposición a los discos más pop junto a Trevor Rabin (para regocijo de los fans de la vieja guardia), a la vez que apuntaba a sonidos novedosos. Cierto, “Teakbois” sigue desconcertando por sus sonidos latinos, pero en realidad encaja en un disco lleno de ritmos e influencias de la world music (caso de la trepidante “Birthright”), mezclados con instrumentación moderna. Y, contra todo pronóstico, las baterías y percusiones electrónicas de Bruford, con su gran riqueza tímbrica, siguen sonando bien décadas después. Quedan para la posteridad piezas tremendas como “Themes”, “Brother of Mine”, “Quartet” y “Order of the Universe”.

 

1 – MAGNIFICATION (2001)

¿Un disco de Yes sin teclista? ¿Y con orquesta? ¡Sacrilegio! Pues no: aunque parezca increíble, estamos ante el mejor trabajo de la banda desde Drama. Y el último que grabó Jon Anderson con el grupo… La cosa no pintaba bien tras otra espantada de Wakeman, pero Anderson, Howe (aquí con más guitarras acústicas que eléctricas), Squire y White sacaron pecho y aportaron unas composiciones que, más de veinte años después, siguen sonando frescas. Y si en otros proyectos similares los grupos de rock suelen tener un gatillazo cuando intentan mezclar fluidos con una orquesta, en este caso todo está hecho con mimo, gracias a los elegantes arreglos de Larry Groupé. Exceptuando “Don’t Go” (buena canción pop que podría haber firmado Trevor Rabin) y la dinámica “Can You Imagine” (otra demo que hicieron Squire y White junto a Page en 1981), el resto de piezas se mueve por sinuosos senderos sinfónicos, caso del tema titular, “Dreamtime” o, sobre todo, la imponente “In the Presence Of” (compuesta en buena medida por White). Pero lo mejor es la majestuosa “Give Love Each Day”, casi ocho minutos de pura magia sonora. Si Yes se hubiesen separado tras este disco, hubieran dejado el listón creativo muy alto, algo que quizás poca gente esperaba de ellos a principios del siglo XXI.

 

Texto: Jordi Planas

2 Comments

  1. No está mal el resumen, haría algunas matizaciones pero, en general, coincido bastante con la visión del autor… A partir de 1985, con la banda ya recolocada en Estados Unidos todo se diluyó, se convirtieron en otra de esas bandas AOR americanas de Los Angeles y eso fue el principio del fin. Eso y las adicciones a la coca y los vinos caros de alguno de sus principales miembros… Siempre pensé que los únicos miembros de Yes con cerebro eran Bill Bruford y Trevor Rabin, los demás unos locos excéntricos, buenos músicos pero solo preocupados de vivir como millonarios a costa de la leyenda de Yes, lo cual acabó hundiendo la credibilidad y buena reputación del grupo en los años 70.

  2. Me alegro mucho que incluyan algo e progresivo en esta revista…Creo que deberían anunciar y comentar más progresivo actual…(Como por ejemplo: El fabuloso concierto de IQ en Madrid el día 17 de Septiembre)

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