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Grande Royale – La Nube (Bilbao)

Hay algo que suelen comentar algunos rockeros de pro de la ciudad. Si se programan conciertos en La Nube es que las cosas ya están volviendo a la normalidad. Por su reducido espacio que obliga a tener a los músicos enfrente sin separación y  a la misma altura que el público, los conciertos en el mítico local del barrio bilbaíno de Santutxu suelen ser liturgias musicales de acto octanaje, el epítome de lo que es la comunión en sala por antonomasia. Y si a esto le sumas las ganas de rockear y tienes enfrente (o al lado) un grupo escandinavo de los que sacan chispas a sus guitarras pues para qué quieres más.

Quizás la única pega que se le puede poner al bolo de Grande Royale es que fue corto, no llegó a los setenta minutos pero entre que se celebró un lunes y que los suecos tiene una gira de nueve shows en nueve fechas consecutivas pues vaya, como que se entiende. De salida dos a pecho descubierto (cantante y baterista) y los otros dos, guitarra y bajo, enfundados en sendas camisetas de Negra Calavera (los teloneros del concierto del día anterior en Algorta, que también resultó bastante flamígero) y repartiendo sonrisas a diestro y siniestro. Vamos, que todo pintaba bien y así comenzó la descarga, con “Status Doom”, que sí que tuvo riffs que recordaban al título del tema.

Pero poco metal hubo en una actuación en la que sonaron varios temas de su último trabajo, “Carry On”. Seguidos “Bang” y “Troublemaker”, el quinto disco de los de Jönköping, con un Gustav Wremer a la voz derrochando carisma y que ha conseguido que no se eche en falta a Nicke Anderson (The Hellacopters, Imperial State Electric, Entombed, Lucifer…), y que podemos asegurar que pocos vocalistas tan simpáticos y cercanos hemos visto en los últimos años. Repartiendo deseos de amor (“Amazing people, amigos, amigos everywhere” era su mantra) Gustav se entregó a los riffs junto a Andreas Jenå, repartiéndose punteos en varios temas mientras bromeaban sobre lo “motherfucker” que era el baterista Johan Häll y marcaba el tempo del concierto Samuel Georgsson a las cuatro cuerdas.

Así que, con esta tesitura, Grande Royale iban desgranando temas, pasando del groove de “Got to move” a los desarrollos más progresivos y psicodélicos de otro tema nuevo como “Schizoid Lullaby”. El ritmo hendrixiano de “Breaking News” daba paso a un par de canciones de su último trabajo, “Carry On” y “Ain´t got Soul”, antes de la extensa presentación de la banda en la intro de “Brake Light”, un tema en el que la interacción con el público fue total coreando este “No time to lose” puño y cerveza en alto varias veces. Otro tema de estribillo coral “Go go go”, con un final escupiendo riffs a diestro y siniestro dio paso al final de la actuación, con un par de canciones como  bis (que no hubo casi ni tiempo a darse cuenta de que era eso, porque ni treinta segundos tardaron en tocarlo ante la insistencia del público, ojo, recordamos, pegados cara a cara con los suecos), en el que destacó su tema más conocido, el clásico “Rock´n´Roll Business”. Y así acabó todo, entre sonrisas, agradecimientos, brindis y buen rollo pero del de verdad, del que uno se da cuenta que esta gente está encantada de hacer lo que hace.

Texto: Michel Ramone

Fotos: Dena Flows

 

 

 

 

 

 

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