Rutas Inéditas

Décimo aniversario de la publicación de «Brothers» de Black Keys

“Pat y yo hemos pasado más tiempo juntos que con nuestras familias. Nos entendemos mejor que nadie en la Tierra. Nos amamos, nos ponemos nerviosos, nos enfadamos… pero, como hermanos, sabemos que todo está bien”. Palabras de Dan Auerbach sobre el equilibrio que existe entre él y Patrick Carney, la otra mitad del dúo de blues moderno, The Black Keys. Se han cumplido 10 años de su sexto disco, Brothers (Nonesuch, 2010), cuyo título hace referencia a la relación amor-odio que ambos mantienen.

Crecieron siendo casi vecinos y les unieron dos cosas: la música y la casualidad. Carney estaba decidido a ser músico y aunque su instrumento era la guitarra, tuvo la idea de comprar todo lo necesario para montar una banda con el fin de ir invitando cualquiera con pinta de saber juntar dos notas a improvisar al sótano de su casa sin importar cuál fuera su instrumento. Una tarde el tipo en cuestión fue Auerbach, “era el mejor guitarrista que había visto, así que tuve que dejar la guitarra”, así nacieron The Black Keys. Han pasado muchas noches desde aquel día y la relación entre ambos siempre ha sido motivo de controversia. El periodista Josh Eells ilustraba todo esto para la revista Rolling Stone con la siguiente conversación entre ambos:

Auerbach intenta comentar con Carney el video que tienen previsto filmar la próxima semana, en aquel momento era su nuevo sencillo, «Tighten Up», hoy un clásico.

Pat: Todavía no he leído el guión.

Dan: Sí, lo has hecho.

Pat: No, no lo he hecho.

Dan: Bueno, deberías, vas a tener que actuar en él.

Pat: ¿Voy a tener que actuar en él?

Dan: Es básicamente una parodia de Laurel y Hardy. Ambos estamos en el parque con nuestros hijos. Los críos comienzan a alardear delante de una chica, se pelean por ella y tenemos que detenerlos. Luego viene una de las atractivas madres de los otros niños y nosotros comenzamos a competir por ella. Acabamos peleando en el arenero con los niños alrededor, sacudiendo la cabeza.

Pat (se ríe): Oh, tengo que leerlo, eso suena bien. ¿Quién interpreta a la mamá atractiva?

Dan: Tu madre, de hecho (pausa dramática) me la follo.

Supongo que todos tenemos alguna relación de ese tipo, aunque no todos la hemos puesto a prueba convirtiéndola en una banda que se pasa el año entero de gira.

En 2008 su carrera dio un giro muy drástico cuando decidieron grabar su quinto disco en un estudio profesional y con un productor, Brian Joseph Burton (a.k.a. Danger Mouse). Aunque suene raro, sus trabajos anteriores habían sido registrados por ellos mismos en el sótano del batería y autoproducidos, sin que ninguno de los dos tuviera la intención de dar un salto cualitativo. Auerbach ha comentado que siempre les ha gustado el sonido de las salas con paredes de cemento, “muchos nuevos discos no tienen un sonido único. Quería sonar como una banda en el sótano de una casa en el Medio Oeste”. Carney, sin embargo, quedó muy disgustado con el resultado de Magic Portion (Nonesuch, 2006) y se propuso no volver a trabajar de esa manera. Ese es el capítulo 0 de su relación con Danger Mouse —que ha estado involucrado en todos sus discos desde entonces, con la excepción de Blackroc y Lets Rock— con el que dieron forma a Attack & Release (Nonesuch, 2008), una auténtica joya con 11 cortes firmados a medias por el dúo y una canción acreditada sólo a Auerbach, «Things Ain’t Like They Used to Be», en la que se puede encontrar el germen de sus futuros álbumes en solitario (quedaos con este dato).

El LP no pierde la crudeza de sus antecesores pero sí gran parte del minimalismo garajero que caracteriza a sus creadores. Una mezcla de romanticismo hill country blues a la Junior Kimbrough y riffs pentatónicos pasados de fuzz, para dar una base sólida a las voces de Dan que adquieren aires de psicodelia y folk, en un sentido tan tradicional como moderno. Sin ser elementos completamente nuevos, la mano del productor, que es un músico de hip-hop, empuja a la banda a encontrar soluciones artísticas que quedan muy lejos de los sótanos del medio oeste a los que tenían tanto cariño. Ésa es una diferencia crítica con todo lo que habían hecho hasta ese momento y pasaría a ser su sello identitario. La evolución sonora les costó algo de público, nuestros amigos del “antes molaban más… les vi en directo en un bar de un camping de Benidorm en agosto y fue espectacular”; pero se convirtieron en uno de los fetiches de la audiencia indie.

La suerte les había cambiado para bien pero, como en todas las buenas historias, llegó el conflicto y el dúo estuvo a punto de disolverse en 2009. El problema principal es que Dan lanzó su primer 12”, titulado Keep It Hid (Mantenlo Oculto), sin mencionar ni una sola palabra de todo el asunto a Pat. Por lo que sea, Auerbach no encontró un momento para comentarle a Carney que tenía pensado tomarse un descanso e iniciar su carrera en solitario. “Le había tocado las canciones, tal vez no le expliqué que se acercaba mi disco, pero tampoco lo supe hasta que estuvo prácticamente terminado”, explica Auerbach sin reírse y añade, “no sentía que pudiera compartir mucho con Pat, era el final de su matrimonio. Su ex esposa realmente estaba bloqueando nuestra relación”. La visión que tenía Pat del asunto era bien distinta, «todo el mundo lo sabía excepto yo: estaba enfadado con Dan, con nuestro mánager, con todos”. No cabe duda de que si estás sumido en un divorcio traumático porque tu mujer se ha estado acostando con uno de tus mejores amigos, tal como lo ha contado Carney, descubrir que en la otra gran relación de tu vida, tu banda, también te han estado ocultando información no debe ser agradable.

Estuvieron meses sin dirigirse la palabra, hasta que el batería alcanzó un acuerdo de divorcio, debió ser una liberación tan grande que llegó a la conclusión de que había estado proyectado su frustración y ansiedad en todas direcciones, asumiendo así que los problemas de comunicación con su media naranja musical eran culpa suya. El asunto quedó zanjado con un abrazo “y desde entonces todo ha ido bien”. No sabemos si lo que voy a catalogar como el Keep It Hid Gate se resolvió tan fácilmente, pero no perdieron el tiempo y antes de acabar 2009 compusieron, grabaron y lanzaron el álbum Blackroc. Sí amigos, el disco de hip-hop de los Black Keys en colaboración con Damon Dash, cofundador y copropietario de Roc-A-Fella Records, que supervisó el proyecto. Como buen disco de hip-hop y R&B, hay hasta once colaboraciones de artistas cuyos nombres parecen una broma: Mos Def, Nicole Wray, Pharoahe Monch, Ludacris, Billy Danze, Q-Tip, Jim Jones, Raekwon de RZA y Ol ‘Dirty Bastard de los míticos Wu-Tang Clan.

Creo que es un gran disco y puede acabar con los prejuicios de mucha gente, con esto no quiero decir que esté mal tener prejuicios al respecto, sobre todo si tenemos en cuenta que en España tenemos una percepción del hip-hop tamizada por la ingente cantidad de basura que los iconos nacionales del género han producido sin ninguna vergüenza, no tenemos un Dr Dre o un Tupac. El asunto en Estados Unidos es muy distinto, se trata de un estilo tan respetado y valorado como para haberle dado un pulitzer a Kendrick Lamar por uno de sus últimos trabajos o que Kanye West se postule para presidente. “Todo el blues que me gusta es súper simple y crudo. Todo el hip-hop que me gustó fue súper simple y crudo, siempre he visto esa conexión”, dice Auerbach, “lo que hace que esto sea especial es la sensibilidad de los artistas de hip-hop. La sincronización y los patrones en forma de bucle de batería crean un ritmo fácil de rimar y reescribir” y remata las declaraciones de forma contundente, “el hip-hop es el nuevo rock and roll, cualquiera que no piense así está viviendo en el pasado.” Si os incomodan estas afirmaciones podemos dejarlo en el “Hip-Hop Gate” de The Black Keys, expuestos los argumentos sólo queda escucharlo y a disfrutar, o no.

Unos años antes de todo esto, Dan Auerbach había conocido al ingeniero y productor Mark Neill a través de Liam Watson. Neil es un obseso del sonido, un tipo que aprovechó la ausencia de criterio musical de la década de los 80 para comprar equipo antiguo a precio de saldo y construirse un estudio de grabación de ensueño. Hoy en día los precios del material vintage vuelven a ser estratosféricos pero en aquellos días la gente se deshacía de auténticas joyas para invertir el dinero en sintetizadores, era asequible hacerse con grabadoras de cinta, micrófonos y mesas de mezclas de válvulas, etc… Con todo eso montó un estudio móvil bajo el nombre de Soil of the South y en 1997 se instaló el garaje de su casa en La Mesa, California. Fue en esos años cuando trabó contacto con Liam Watson, un joven interesado en el arte de la captación de audio al que Neill aceptó como discípulo y le ayudó a montar los Toe Rag Studios.

En ellos se cocinaron algunos de los grandes álbumes de la última gran generación de bandas de Detroit, alcanzando su cenit entre 2001 y 2002 con la grabación del icónico “Elephant”, de The White Stripes. Como el mundo de los dúos de blues/garaje moderno es un pañuelo, Auerbach se interesó por los estudios Toe Rag. De alguna manera percibió que tenía que haber algo más, un Yoda del que Watson había aprendido aquello que solo unos cuantos maestros te pueden enseñar. Ese hombre era Mark Neill y así es como acabaron conociéndose. Con su ayuda Auerbach montó un estudio analógico en su casa de Akron, Ohio, que cristalizaría en su actual estudio y sello discográfico, Easy Eye Sound. En 2007, ambos se reunieron en casa de Neill para completar el mencionado Keep it Hid; el maestro se encargó tanto de la parte técnica como de las mezclas.

Pero volvamos a 2009, un punto de inflexión para nuestros protagonistas, pero no por pasarse al rap. El coqueteo con los ritmos urbanos y las rimas no pasó de ahí, tenían claro que Attack & Release era el rumbo a seguir pero, como dijo Doc Emmet Brown, “¿por qué no hacerlo con estilo?”. Cerremos los ojos para imaginar ese momento en el que la pareja de músicos firma la paz con un abrazo y se sienta a planear su siguiente movimiento. Tuvo que ser una conversación muy animada, Dan diciendo algo así como “te acuerdas ese disco que hice sin decirte nada, el que publiqué hace poco, cuya gira preparé con nuestro mánager también a escondidas… Te acuerdas, ¿no? Cuando estabas muy ocupado divorciándote y aproveché para hacer mis cosas sin mencionarte nada…”, Patrick asiente frunciendo el ceño y Dan prosigue, “creo que deberíamos trabajar con el tipo que mezcló ese disco”.

Sea como fuere, a Carney le pareció buena idea y partieron hacia a los Soil of the South. Lo primero que inmortalizaron fue «These Days», que acabó siendo la última pista del disco. Una pieza melancólica muy sixties ahogada en una reverb EMT 140, un aparato mítico donde los haya que se usó en todos los grandes estudios de los años 60, los Gold Star Studios, EMI y Capitol incluidos. En su sonido podemos percibir muy claramente que no está grabada en el mismo estudio que el resto del disco: os propongo detener un instante la lectura para poner la canción y prestad especial atención a la batería y el bajo mientras la escucháis. Podrían haber terminado el disco entero allí, no cabe duda, pero algo les decía que el sonido no era todo lo especial que buscaban. Querían algo con más carácter, que tuviera parte de la magia de todos los LP’s antiguos que tenían en sus discotecas. Empezaron a intercambiar ideas y salió a colación el antiguo estudio de Neill en su Georgia natal.

Su estructura era de cemento, auténtico fetiche de los chavales de Akron que habían erigido su obra en un sótano revestido de ese material. Pero no era cuestión de volver a su propio pasado, querían dar con una sonoridad que evocase al blues y el soul de los viejos estudios del sur de los Estados Unidos. “La conversación desembocó en la idea de hacer el resto del álbum en un estudio histórico. Hablamos de ir a Sun Studios o Sam Phillips Recording Service en Memphis, así como a Robin Hood Studios en Tyler, Texas. En pocas palabras, salir de la ciudad, ir a un lugar diferente y, sobre todo, que las pistas estuvieran impregnadas de una atmósfera sureña”, recuerda el productor. Fue Auerbach el que sugirió los estudios Muscle Shoals Sound, en Alabama. En ese momento era un museo y no estaba en funcionamiento desde hacía más 30 años, “era básicamente un lugar al que entrar y decir: ¡guau! Aquí es donde sucedió todo”. Su plan era plantarse en el estudio con su propio equipo y usar la sala tal como estuviera.

El 16 de agosto de 2009 cruzaron el umbral de la puerta de los Muscle Shoals Sound Studios y, según Auerbach, podían notar que el sitio poseía una energía especial, una vibración única, “algunos sitios son simplemente mágicos”. “En las primeras tomas no podíamos creer lo que estábamos escuchando”, recuerda Neill, “Dan y Pat se miraban el uno al otro y decían: ni siquiera suena como nosotros”. Solo tenían un puñado de ideas, demos grabadas en California y en casa de Dan. Esto les daba libertad suficiente como para experimentar con todo. Neill les propuso grabar en directo batería y bajo, nunca antes lo habían hecho así pero Auerbach cogió un bajo Rickenbacker y se lanzaron a grabar tomas, haciéndose señas con la mirada cuando creían que tocaba un cambio. De la nada surgió la base de «Next Girl». Os sugiero que hagáis una nueva pausa y pinchéis esta canción, escuchad cómo crujen los graves; el bajo lleva el peso de la canción mientras la batería marca el ritmo con un tono oscuro. Así es como grabaron todo y consiguieron un sonido inusualmente sordo, árido; más que contagioso, es pegajoso.

El inesperado protagonismo del bajo hace que los ritmos de batería adopten una nueva dimensión, no solo marcan el ritmo, son un latido melódico e incesante sobre el que flotan las guitarras y la voz. El sonido de los Keys cambió para siempre, “el vello de nuestros brazos se puso de punta. Teníamos lágrimas en los ojos. Dan y Pat suelen ser muy irónicos pero se pusieron sentimentales dado que era algo que había sido creado sobre la marcha. Lo mismo con «Everlasting Light», pensábamos, ¿qué está pasando aquí?”. Es divertido intentar meterse en su piel y fantasear al respecto. Conseguir que el sonido sea una parte esencial de un disco cuesta horrores y normalmente no sabes si lo has logrado hasta que el trabajo está completamente terminado. Los estudios de grabación están llenos de músicos repitiendo para sus adentros “esto no es lo que quiero” mientras el productor o ingeniero le insiste en que mejorará cuando esté mezclado y masterizado. Ser capaz de vislumbrar la luz al final del túnel desde el primer corte no es algo tan común como puede parecer y cuando pasa la sensación es orgásmica. Cortes como «Howlin’ For You», con su riff a lo Hubert Sumlin y el fuzz al once, son tan brillantes a nivel compositivo como en sus texturas, como cuando escuchas las grabaciones de Chess Records o Stax y te gusta el sonido casi tanto como el estribillo.

Brothers llegaría a ganar tres Grammys y convirtió a The Black Keys en estrellas del rock. Es incalculable la cantidad de cosas que influyen en que una banda se convierta en mainstream haciendo aquello que ama, pero lo interesante en este caso es que uno de los factores clave parece ser algo tan pragmático como los materiales, sí, “la construcción de ese edificio —el estudio Muscle Shoals Sound—. La acústica es muy extraña, diferente. La sala de control tiene un auténtico ‘ladrido’ de frecuencias de rango medio y eso hace que tiendas a mezclar las cosas de una cierta manera”. De las palabras de Mark Neill se desprende que toda la grabación estuvo condicionada por la forma en que la estructura del lugar acentúa unas frecuencias y ensordece otras, “esa sala es la razón por la que las primeras producciones de Muscle Shoals Sound tenían el bombo y el bajo muy fuertes y presentes. Ahí estábamos años después, haciendo exactamente lo mismo, apretando el bombo y el bajo para escucharlo correctamente. Los suelos de la habitación principal tienen mucho efecto, son flexibles como un trampolín, por lo que actúan como una trampa para bajos, absorbiendo gran parte de ellos. Agrega a eso la ausencia de graves dentro de la sala de control y te ves obligado a añadir las frecuencias que faltan”.

Es más cool apelar a la magia y las vibraciones pero el hecho de que los medios te licuen el cerebro todo el rato y no se oiga otra cosa. Ésa es la razón principal por la que —desde la primera nota o golpe de caja— intentaron matar frecuencias medias y agudas, ensordeciendo y agravando al máximo incluso los instrumentos. Es indudable que la colección de canciones de Brothers es  brillante pero no es que podamos decir que son todo sencillos capaces de atrapar al público desde el primer acorde, ni siquiera roza el larguero de los estándares comerciales del siglo XXI, pero, ¿podemos otorgar parte del mérito a la mala acústica del histórico lugar en el que los Stones grabaron «Brown Sugar»?

Como bien dijo Keith Richards, todas las historias tienen dos caras. Hay un nombre que se ha quedado varios párrafos más arriba y no he vuelto a mencionar… ¿Qué ha pasado con el bueno de Mouse? ¿Por qué es la única figura externa asociada al éxito internacional de los Keys si no puso un pie en ese pueblo de Alabama llamado Muscle Shoals? Pues bien, puede que todo lo escrito sobre Brothers hasta ahora no sea más que una sarta de conjeturas nostálgicas e inexactas. Digo esto porque podría obviar todo lo anterior y aseverar que la carrera de estos dos hermanos cambió para siempre gracias a un single y no a un disco. «Tighten Up», cuyo título hace referencia a lo que Mark Neill solía pedirles mientras grababan en directo y vendría a significar “más apretados”, es LA CANCIÓN. Arranca con un bajo muy redondo y brillante, nada que ver con el resto. Por última vez os pido que detengáis la lectura para poneros la canción: Dan silba despreocupado y Pat golpea un bombo mucho más actual, nada de graves oscuros y crujientes, ¿por qué? “Esa fue la última canción que hicimos para el disco. Tuvimos un par de días libres y Brian (Danger Mouse) también. Somos amigos y nos gusta salir juntos, así que pensamos que sería divertido ir a su estudio e intentar grabar algo.

Siempre nos divertimos cuando los tres nos juntamos”, eso cuenta Dan. Lo típico que tienes la tarde libre y quedas con un colega para matar el tiempo en su estudio (concretamente The Bunker Studio en Brooklyn, New York) y entre risas te marcas un sencillo que llegará al número uno en las listas de canciones alternativas durante 10 semanas y de rock durante 12. Luego resulta que el videoclip al que hacíamos mención en las primeras líneas de este artículo también arrasó; el disco llegó a ser platino en EE.UU. y oro en UK durante su primer año. En resumidas cuentas, cuando un disco es tan bueno que puedes contar dos historias distintas sobre el porqué de su éxito con sólo dos nombres en común, los de Dan Auerbach y Pat Carney, es porque estás ante una obra maestra de las que hacen historia. Uno de los mejores discos que han visto la luz en el siglo XXI, ¡Feliz cumpleaños, Brothers!

Texto: Dolphin Riot

One Comment

  1. Marisa Puig Morata

    Excellent!

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