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Cruïlla XXS (Parte I) – El espectáculo debe continuar.

M Clan

 

No era nada fácil. Ésta era una lucha desigual entre un virus que ha transformado el mundo tal y como lo conocíamos y un sector, el de la cultura y el de la música en concreto, que vive tiempos convulsos en lo que a viabilidad y sostenibilidad en el tiempo se refiere. Y es que, tras las cancelaciones de los principales eventos, conciertos y festivales en estos últimos meses, todas las iniciativas culturales y musicales de este verano parecían tocadas de muerte. Pero lo que se ha conseguido desde este Festival Cruïlla, al margen de eminentemente plausible, ha sido un ejercicio de creatividad, buen criterio y eficacia.

Por lo pronto, el haber sabido adaptar un festival que contaba con una indiscutible idiosincrasia y jerarquía en el verano barcelonés a los tiempos que corren, y el hacerlo de forma rápida, coherente y sin perder calidad artística es ya un logro de por sí. Así, el Cruïlla pasó a ser el Cruïlla XXS, que bajo el lema de “menos es más” ha orquestado una propuesta realmente atractiva, transversal, congruente y, sobre todo, factible para estos días de pandemia y mascarillas.

Bajo esta premisa, obviamente este año no se han visto grandes cabezas de cartel como antaño donde los Black Eyed Peas, Kylie Minogue, Garbage, Jamiroquai, Pet Shop Boys, The Prodigy y una ristra de ilustrísimas bandas y artistas de relumbrón ayudaban a engordar el caché y la enjundia de este Cruïlla. No obstante, este ha sido el Cruïlla de la proximidad, tanto en la oferta artística como en la selección y adecuación de espacios, que han resultado innegables aliados a la hora de crear experiencias emocionales más allá de lo meramente musical. Una programación variada, respetuosa con las diferentes sensibilidades y gustos artísticos, valiente y ambiciosa en cantidad y calidad de eventos, y que ha ido creciendo día a día, ha resultado la respuesta más inteligente a todas las trabas que a priori existían para que este Cruïlla llegara a puerto franco.

Un cartel sin cabezas pero con cabeza. Música de autor, pop, rock and roll, folk, dub, reggae, rumba, electrónica, punk, performance, teatro, danza, comedia y algunas cuantas etiquetas más entre las que ha sido sencillo que cada cual encontrara alguna propuesta de su agrado. A saber, nombres tan dispares en lo musical como M Clan, Iseo, Sidonie, Lendakaris Muertos, Pau Riba, Ismael Serrano, Sopa de Cabra, Muchachito, Albert Pla, León Benavente, Novedades Carminha, El kanka, Amaral, Silvia Pérez Cruz, Viva Suecia, etc han compartido seguramente uno de los carteles más complicados de la historia del Cruïlla pero con sello de kilómetro 0 y una permanente sensación de estar volviendo a casa, una casa que ojalá no hubiéramos tenido que abandonar jamás.

Muchachito Bombo Inferno

Si ha existido un denominador común en todos los espectáculos del Cruïlla XXS ha sido la extrema conexión que se ha producido entre artistas y público, no sólo por el formato reducido e íntimo de conciertos y actuaciones. Es esa clase de comunión que se da cuando los astros se alinean y todo fluye de una forma que parece hacer feliz a todos aquellos partícipes de la experiencia. Y es que los artistas, tras tantos meses de sequía escénica, tenían ganas de volver a tocar, cantar, actuar; y el público, por su parte, se ha mostrado más ávido que nunca de poder disfrutar de la magia y la energía del directo, como aquel que extraña algo que solía tener y de lo que ha sido privado a la fuerza durante mucho tiempo. Una entrega mutua que, sumada a lo anómalo y en ocasiones inverosímil de la propia situación – ciertamente ha convertido a muchos de estos conciertos en un conjunto de instantáneas únicas dando la sensación que lo que allí se estaba viviendo era un momento único y fugaz. La historia del hambre y las ganas de comer, versión post pandemia psicodélica.

Decía Ismael Serrano en uno de sus dos conciertos en un Camp Nou habilitado para la ocasión dando un giro de tuerca al significado que hasta ahora tenía un concierto en un gran estadio, que no le gustaba el concepto romántico que algunas personas habían dado del confinamiento, porque había una subyacente desigualdad social que se ponía de manifiesta (no es lo mismo pasar el en cierro forzado en una casa con jardín que en un piso sin ventanas a la calle) y porque -añado- eso de conocerse mejor a uno mismo a veces resulta un bulo poético, ya que una inmensa mayoría no es capaz de sincerarse con uno mismo por miedo a lo que pueda encontrarse. Pero de forma indiscutible, está claro que a los afortunados que estamos viviendo esta situación sin grandes sobresaltos nos ha ayudado a reordenar prioridades y a valorar aún más si cabe las cosas que nos hacen felices de verdad. Y, sin duda, la música y la cultura en general, especialmente en vivo sin el filtro de una pantalla, es una de ellas.

 

Próximamente, Cruïlla (Parte 2). Tócala de nuevo: un festival de micro conciertos.

Texto: David Lage

Fotos: Xavi Mercadé

 

 

 

 

 

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