Rutas Inéditas

¡Malditos Seáis! Kid Pharaon

Músicos malditos. Músicos de culto. Músicos a los que sólo conocen cuatro gatos. La atracción por esos artistas cuyos innegables méritos artísticos no reciben la merecida respuesta del público siempre ha estado ahí. El gusto por escarbar en discografías subterráneas y descubrir pequeños tesoros semienterrados es inherente al aficionado al rock menos acomodado. Hoy se lleva el premio Kid Pharaon.

Kid Pharaon - Hands (1988, Gatefold Sleeve, Vinyl) | DiscogsReescribiendo jeroglíficos en clave eléctrica

 

La región de Burdeos, en el sudoeste del país vecino, es conocida mundialmente por sus viñedos y, en consecuencia, por ser cuna de algunos de los tintos y blancos más renombrados del planeta. Hasta aquí, vox populi como quien dice. Pero a aquellos sibaritas no solo del vino sino también de los sonidos exquisitos, la zona debería serles familiar como uno de los bastiones del rock independiente de finales de los ochenta en Francia, junto a la región de Lyon y el territorio norte con Rouen, Lille y Le Havre a la cabeza. Y es justo en esa zona de operaciones donde encontramos uno de los nombres más interesantes del rock galo, al menos desde los ochenta en adelante: Kid Pharaon. Un nombre reconocido en su tierra por los especialistas, pero normalmente ignorado en cualquier otra latitud. Sigamos sus pasos pues desde el inicio, cuando todavía era fiel a su partida de nacimiento.

Thierry Duvigneau se dio a conocer en el mundillo allá por 1983, cuando formó Les Exemples junto a Mark Sigrist y Nicolas Saubade (alias Nicky), bajo y batería respectivamente de un terceto que le tenía a él como líder, cantante, guitarra y compositor. Practicantes de un pop rock inquieto y elegante, muy hijo de su tiempo según se mire, Les Exemples -entre bolos y ensayos- dieron una primera muestra de su trabajo con el tema «Juste Une Dernière Fois», incluido en el EP Les Bruits Défendus (1984), rodaja compartida con dos vecinos (Scurs y Stilettos) y con los garageros Flamingos, estos con sede en Nantes. Carta de presentación que se vería refrendada al año siguiente con su único elepé, Paris Londres Ou Berlin. Convertidos en cuarteto con la inclusión de François Borne como saxo tenor, con las ocho canciones incluidas en el álbum Les Exemples dejarían una primera -y casi última- muestra de lo que el joven Thierry (en la contraportada ya aparece con su nuevo alias) estaría por entregar. Su historia no iría mucho más allá. Al año siguiente nuestro protagonista disuelve el grupo y forma Kid Pharaon & The Lonely Ones llevándose con él a Nicky y reclutando a Alain Perrier, el cual ya se había encargado del bajo en Les Exemples durante una temporada.

 

Con los Lonely Ones es cuando Kid empieza a mostrar sus verdaderas cartas: las de un magnífico escritor de canciones, un artesano del rock’n’roll cuya colección de discos incluía a buen seguro, en un lugar muy destacado, los trabajos de la Velvet, Elvis Costello, The Feelies y los Modern Lovers de Jonathan Richman, más un buen puñado de música jamaicana. Dejando atrás su lengua materna para centrarse en el inglés como vehículo lírico, las nuevas composiciones toman un primer impulso con el EP Walking My Way (1986). Editado como primera referencia del recién creado sello Fu Manchu Records y distribuido por Closer, el disco combina cierta ortodoxia new wave con un rock de guitarras cristalinas, riffs sencillos, melodías pegadizas… Cuatro temas que incluyen una versión del «Pablo Picasso» de JoJo, revisitada diez años después de que lo hiciera John Cale en su sexto trabajo, Helen of Troy (1975). Las referencias y las influencias, de nuevo, a la vista.

Pero el queso estaría con su siguiente paso. Si con «Jesus and Money», el tema que cerraba el citado EP, Kid daba pistas de hacia dónde quería dirigirse, con el elepé Love Bikes (1987) esas pistas cristalizaban en un perfecto muestrario del cantautor eléctrico en el que se había convertido. Desde la Rickenbaker que traza, dibuja y rotula «Like A Threadbare Glove» (pura herencia Byrds pasada por el colador contemporáneo del Peter Buck era IRS) hasta las armonías beat de «Come on Come On», la tensa cadencia de «Charly’s Working For the BP» o la perfecta sencillez del piano que puntea «You’re My Friends» -tercer sencillo extraído del álbum tras las igualmente magníficas «Livin’Underground» y «All Over The Sea»- todo Love Bikes evidencia un estimulante eclecticismo revestido, eso sí, de una muy lograda coherencia formal.

Pero al igual que pasó con Les Exemples, los Lonely Boys no estaban destinados a una larga carrera. The Magic World Of…Kid Pharaon & The Lonely Ones (1987), un recopilatorio a cargo del sello español Imposible Records que aglutinaba su primer EP más otros cuatro temas ponía punto final (o casi, Fu Manchu lo lanzaría al año siguiente con distinta portada y sin título, pero idéntico track list) a esa segunda aventura del faraón.

No obstante no hay tiempo para el ocio ni la molicie cuando eres joven y las ideas te bullen en la sesera, así que a mediados de 1988 se encierra de nuevo en el famoso Le Chalet Studio, entre junio y julio, para dar salida a nada menos que a veinticuatro canciones plasmadas en Hands (1988) un flamante doble elepé que, pese a contar con músicos invitados, sale a la calle bajo su nombre en exclusiva. Ejerciendo de compositor, ocupándose de voces, guitarras y teclados y encargándose asimismo de la producción, el bordelés entregó con tan magno trabajo uno de esos álbumes de culto que no pueden faltar en una colección que se precie de tal. Canciones de rock con firma personalizada se mezclan con sonoridades pop de vocación indie y baladas casi minimalistas, teñidas buena parte de ellas -sin desdeñar los acompañamientos eléctricos, obviamente- por el límpido sonido de la clásica acústica Takamine de doce cuerdas. Destacar un tema u otro en este tipo de discos tan exhaustivos resulta muchas veces aleatorio, cuando no directamente caprichoso; pero ya que uno tiene el mando del teclado, si lo que desean es un primer tiento antes de tratar de hacerse con una copia (de segunda mano habrá de ser, me temo, mientras cruzamos los dedos por una reedición en condiciones) me permito recomendarles que rastreen títulos como «I’d Like To Know», «You’ll Never Fall In Love (Again…)», «Better Than Me», «I’ve Sold my Soul for Sand», «Perfect Noise» o «The Snowmen». Piezas todas ellas de sobresaliente, somero muestrario de un catálogo, el de Hands, que puede quedar si no como su mejor obra -eso, a gusto del consumidor- sí como su obra más creativa y personal.

Kid Pharaon & The Lonely Ones - Livin'underground (1987, Vinyl ...Poco después de editado el disco, de los músicos que le habían echado una mano en el mismo Kid escogería a dos de ellos -Laurent Pardo al bajo y Stéphane Reynaud como batería-, más otro colaborador puntual en los Lonely Ones como había sido Philippe “Sharp” Charpentier para encargarse de la segunda guitarra. Con ello conformaba una nueva banda con la que subirse a las tablas bajo la efímera denominación de Kid Pharaon and The Mercenaires, cuya única huella en vinilo puede encontrarse -es un decir, a ver quién es el guapo que localiza esto a día de hoy- en un siete pulgadas distribuido en abril de 1990 por el mítico fanzine Abus Dangereux. Compartido con Dirty Hands y Bananatrash, Kid y sus mercenarios aportarían el tema «If I Was With Women» y pasarían de inmediato, manteniendo formación, a rebautizarse de cara al nuevo proyecto de nuestro hombre. Y es que si muchos artistas -y los músicos de culto más si cabe- son aficionados a nombrar y renombrar sus bandas a lo largo de los años, lo de Kid Pharaon llegó a adquirir tintes de vicio.

Sea como sea, en mayo de 1990 y de nuevo en Le Chalet, The Kid Pharaon Merry-Go-Round registrarían un nuevo larga duración titulado Deep Sleep. El producto resultante mantuvo la marca de fábrica pero con sensibles cambios. La producción coge cuerpo, las guitarras se muestran más robustas e incluso distorsionadas, aparecen coros y metales y el tono general, con excepciones, es menos distendido, menos luminoso que hasta entonces. ¿Más adulto? Ese siempre es un concepto un tanto difuso pero digamos que sí, que es una bisagra entre lo hecho hasta entonces y lo (poco) que habría por venir. Por otro lado el disco trajo aparejada la reedición de Hands; en 1988 la tirada original había recaído en Closer Records pero ahora, al firmar con Danceteria para Deep Sleep, la conocida distribuidora parisina se encargó también de volver a poner en circulación el doble elepé.

 

Hagamos un paréntesis en este momento para desviarnos hacia la faceta de Thierry como ingeniero y productor. Como ya hemos visto, se sentó tras los controles en alguno de sus propios álbumes, pero al mismo tiempo -y ya desde finales de los ochenta- lo empezó a hacer en trabajos ajenos. Así, podemos encontrarlo en los créditos de discos como el homónimo de Blue Valentines (1987), Run For Your Lives (1987) de The Boy-Scouts o Lonely Journey (1988) de Shredded Ermines, amén de en algunos de Flying Badgers y Mister Moonlight.

La nueva década lo vería tanto o más activo en este campo, produciendo y/o mezclando de nuevo a bandas francesas como Straw Dogs pero a la vez trabajando para nombres importantes de la escena independiente española. Su nombre o su alias aparece en discos clave de esos años, caso de Revolution Nº 10 (191) de Los Clavos, Flock, Colibri, Oil (1992) de Cancer Moon, It’s Gonna Be A Wild Weekend de La Secta o el debut en larga duración de El Inquilino Comunista en 1993.

Y ya que estamos en esos años, regresemos al autor para verlo bajándose del tiovivo e ideando un nuevo apelativo -sí, otro más- para su siguiente excursión. Con Charpentier a su lado, y reclutando a una pléyade de músicos -mayormente percusionistas y sección de viento-, Thierry da rienda suelta a su siempre latente pulsión jamaicana y pergeña un disco en el que el reggae y el dub campan a sus anchas. The Underbeat Station (banda y título) supone una rareza en su discografía, un álbum que puede animar a curiosos del completismo pero que pese a algún momento inspirado -«Made in China», «Over Me»- no pasa de mera curiosidad en un todo, su carrera, que no merecía una despedida tan poco lustrosa. Porque tal parecía en su momento ya que ahí se detuvo la vida pública, en lo artístico, de nuestro protagonista. Uno se lo encuentra, escarbando, tras la mesa del estudio en algunos pocos discos más, escribiendo para este y aquel amiguete o colaborando esporádicamente aquí y allá, como al aportar voces en el apabullante 666.667 Club (1996) de sus paisanos Noir Désir, indudablemente el nombre más conocido del rock bordelés. Pero nada más.

Circles on me de Kid Pharaon, CD con captaindiggin - Ref:2300123929Por suerte hubo un nuevo trabajo justo diez años más tarde, cuando incluso sus fans más acérrimos habían desistido de nuevas entregas. En agosto de 2002, de nuevo en Le Chalet y de nuevo con Sigrist como productor (su antiguo compañero en Les Exemples fue una constante en sus grabaciones) se inician unas sesiones que darán como resultado siete nuevos temas, empaquetados a inicios de 2003 bajo el irónico título de Au Revoir y firmados por The Electric Fresco. Y aquí sí, aquí reencontramos al Kid Pharaon que conocimos tantos años atrás, proponiendo de nuevo un sencillo catálogo de canciones pop rock, a las que no cuesta sacarles más enjundia de la aparente tras unas pocas escuchas. La única pega sería lo escaso de minutaje, y más viendo el nivel esgrimido. «Dealing With The Ghosts», «Shadow Boxing», «Dance Floor Politics o la final «The Happy Ones» pueden contarse sin aspavientos en su podio particular.

Un último trabajo que tendría una coda con el tema «My Football Shoes» ese mismo año 2010. Amante desde siempre de los deportes, en especial del ciclismo y el fútbol, Thierry aportaría encantado dicha canción para el álbum colectivo Pop ‘n Foot, cuyo título no necesita demasiadas explicaciones; una iniciativa del sello Virage Tracks, fundado por el ex cantante y compositor de los Straw Dogs, Laurent Dory, junto al futbolista internacional retirado Johan Micoud que reunió a bandas y amigos de la escena del momento.

Y ahí sí termina nuestra historia por lo que se refiere a producción propia. Una producción dispersa, tal vez no demasiado abundante pero sin duda sugestiva en conjunto, y con algún que otro título que, como hemos visto, opta a obra cuasi maestra.

Así que la próxima vez que se hable de Burdeos les insto a que no piensen ustedes solo en el Chateau Latour, ni en Noir Désir, sino también en este pequeño gran músico.

 

Eloy Pérez

One Comment

  1. Josemari

    Conservo todos sus vinilos desde los 80, incluso la versión que hace de the sound:i cant’t escape myself, gran músico, mejor productor, gracias por el artículo. Espero q pronto os fijéis en:Adrián Borland

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