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The Cure, la desintegración de un mito pop / #EnRutaEnCasa

 

Foto: Andy Vella

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Uno de los misterios más grandes de la música pop contemporánea sin duda reside en cómo narices se las ha apañado Robert Smith para lograr que The Cure sea en uno de los grupos más longevos e importantes de entre todos aquellos surgidos en la etapa del pospunk. Más de treinta años de carrera, más de treinta millones de discos vendidos y un influjo que le atribuye responsabilidades en la creación de estilos como el shoegazing o el nu-metal. Así pues, si existe una respuesta a dicha pregunta, esta es, simplemente, el factótum de The Cure. Robert Smith. Todo un experto en crear corrientes para luego dinamitarlas, un maestro en confundir a las legiones de fans que han intentado hacer de su grupo una religión. Un compositor capaz de navegar entre mares de ruido y, a la vez, componer canciones pop eternas. Un artista que ha ido transformando su música según lo ha creído conveniente, siguiendo su instinto y necesidades, sin preocuparse por lo que dirá el resto del mundo, ni siquiera su público. Alguien, en definitiva, capaz de crear un estilo, alterarlo a placer, y seguir viviendo para contarlo.

Nacido hace 53 años en el seno de una familia con inclinaciones artísticas de Blackpool, Robert Smith disfrutó de las ventajas de tener una madre pianista, una hermana que estudiaba en una escuela de arte y un hermano mayor que por las noches le leía historias fantásticas como “Alicia en el país de las maravillas”. Musicalmente, fue su hermana quien le ayudó a cultivar un gusto musical diferente para un adolescente de mediados de los 70. Ella le descubrió a Nick Drake, cuyo “Five Leaves Left”, cuya melancolía caló hondo en él. Hizo que Captain Beefheart formara parte de un menú musical que también incluía a Creem, los Stones y el Glam. “Nunca quise ser otro más que Jimi Hendrix y desde el principio supe que esto era así porque era negro”, contó Smith años después. La anécdota de que un día acudió al instituto con un vestido de mujer al modo de Bowie en “The Man Who Sold The World” también revela hasta qué punto le atraía todo aquello que se apartar de lo convencional.

En 1976 creó Malice con Porl Thompson, Lol Tholhurst y Michael Dempsey, amigos de correrías que le han acompañado intermitentemente a lo largo de su carrea y con los que ha compartido grabaciones, giras, borracheras, broncas y alguna que otra querella. Un años después se bautizaron Easy Cure a petición de Tolhurst, y Smith lo aceptó a pesar de detestarlo porque lo hippy que le sonaba. En el Melody Maker vieron un anuncio del sello alemán Hansa Records buscando nuevos grupos; contestaron y poco después ya tenían contrato. Duraron poco allí. La discográfica quería que hiciesen versiones y ellos se empeñaban en grabar sus propias canciones, entre ellas una titulada “Killing An Arab”, cuyo título aparentemente racista (en realidad la frase está sacada de una novela de Camus) hizo que Hansa rescindiera su contrato con ellos. Aprovecharon el cambio para ser simplemente The Cure y proclamar que su estilo buscaba casar a los Buzzcocks con Siouxsie & The Banshees.

Grabaron una maqueta que ofrecieron a todas la multinacionales posibles, y que fue unánimemente rechazada incluso por la independiente Stiff. Sólo Chris Parry, el hombre que había logrado llevar a Polydor a Siouxsie y The Jam, prestó la atención suficiente. Parry iba a inaugurar su propio sello, Fiction, que funcionaría bajo los auspicios de Polydor. The Cure fueron el primer fichaje. Parry fue también quien intentó modelar el estilo de The Cure, yendo más allá de sus atribuciones. Al grupo no le gustó nada lo que él y el productor Mike Hedges hicieron con “Three Imaginary Boys” (1979), su primer álbum, demasiado pop para el gusto de Smith, caracterizado por un sonido casi minimalista. Uno de los himnos del grupo, “Boys Don’t Cry”, que fue editado como single pero que pasó desapercibido en las listas, no fue incluido en el disco. En su crítica, el Melody Maker aseguró que los años 80 habían empezado con la publicación de ese disco. Exagerado o no, lo que realmente empezó a partir de entonces fue el despegue del grupo.

Foto: Xavi Mercadé

LA ETAPA OSCURA

Las peleas entre Smith y el resto de miembros de The Cure han sido continuas y han marcado siempre su trayectoria. Comenzaron en 1979, con la marcha de Dempsey la llegada de otro viejo compañero, Simon Gallup y ya no cesarían jamás. Una fuente de tensiones que sin duda ha tenido mucho que ver con la música del grupo y, en concreto, con algunos de sus discos clave. Entre abril de 1980 y abril de 1982, The Cure grabaron tres álbumes que les hicieron célebres, tres obras que, a pesar de su carácter introspectivo y su creciente tono oscuro, les introdujeron en las listas de éxitos. Son también tres de sus títulos más alabados, y figuran entre los más admirados por los críticos y más venerados por los fans. “”Esos tres álbumes –explicaría Smith- están hechos por alguien muy joven y poseen una calidad obsesiva. Son discos intransigentes y comparten una visión muy concreta”. Esta etapa oscura se abre con “Seventeen Seconds” (1980), un álbum que tiene como patrones creativos a Nick Drake y al Bowie de “Low”. “Sabía exactamente cómo quería que sonase y lo que quería hacer. No iba a permitir que nadie interfiriera con ello.

Cualquiera que quisiera tocar una nota de piano de más estaba invitado a ir a tocarla a otra parte”, dijo Smith. Escrito durante la gira realizada como guitarrista de los Banshees a finales de 1979, es un álbum triste y enfadado con la vida, concebido por un músico que acaba de darse cuenta de que ni él ni sus compañeros “son ya jóvenes”. Dicho con 21 años puede parecer un chiste, pero lo cierto es que el disco sacó a flote una nueva cara creativa del grupo, una sobre la cual evolucionaron y de la cual, llegado el momento, habrían de distanciarse. En cuanto a los problemas con los otros miembros, Smith reconoce que “al principio el grupo era una democracia, pero al final me di cuenta de que todas las decisiones las tomaba yo”. Comenzaron así las peleas mientras el grupo se dirigía hacia una música sombría y suicida, cada vez más intensa. “Pensaba mucho en la muerte, pensaba mucho en lo fácil que era considerarla como algo abstracto, hasta que de repente se materializó y llamó a mi puerta”. Movido por el sentimiento de vértigo que le produce la futilidad de la vida, Smith visita iglesias y observa los rituales religiosos fascinado por la fe en la eternidad, algo de lo que él carece. Entonces llegó la noticia de que la madre de Tholhurst no iba a sobrevivir a la grave enfermedad que le acababan de diagnosticar.

Aunque para entonces ya habían saboreado su primer éxito con “A Forest”, nadie podía enfadarse con Chris Parry cuando este definió el contenido del siguiente álbum, “Faith” (1981) como “música para ahorcarse”. “”Faith” fue mucho más duro –reconoce Smith-. Tenía claro que quería grabar el disco más desolador que se hubiese hecho jamás, uno exento de toda esperanza. Tenía 21 años y no le encontraba mucho sentido a la vida. Estaba tomando mucha coca durante la grabación y la atmósfera no era precisamente distendida. Todo lo que hicimos fue erróneo. Tenía los ojos rojos permanentemente y siempre estaba disgustado. Recuerdo que cuando acabé de grabar la última parte vocal me sentí completamente vacío”. “Faith” es un álbum influenciado por cantos de monjes y mantras indios cuya atmósfera se ennegrecía cada vez que Smith empezaba a cantar. La portada del disco es una foto polarizada de la fachada de Bolton Abbey, una imagen que Smith había observado constantemente desde su infancia. “Cuanto más tocábamos esas canciones más triste me ponía. Muchas veces me iba del escenario llorando”, recordaría Smith de una gira que parecía una liturgia religiosa.

“Charlotte Sometimes” fue un single posterior al álbum que hizo albergar alguna esperanza de que el estado de ánimo del grupo mejoraba. La muerte de la madre de Tolhurst fue un mazazo que los sumergió más aún en una debacle que incluía un estado general depresivo e ingesta diaria de ácidos por parte de Smith. Bajo esas condiciones se hizo “Pornography” (1982), un álbum claustrofóbico cuya finalidad era que resultara insoportable. No es de extrañar que las sesiones de grabación fueran tempestuosas. “Fue un álbum lleno de rabia. Odiaba a Simon [Gallup] más que a nadie en el mundo”. Ni siquiera con la ayuda de las drogas es capaz de expresar al resto del grupo y al productor lo que quiere, y estalla la lucha definitiva por el control creativo. “Casi nunca podía recordar qué había hecho o dónde había estado. Durante dos meses perdí casi por completo el contacto con la realidad”. “Comparado con esto”, escribió un crítico, “Joy Division es una carcajada continua”. La gira que vino a continuación no hizo más que empeorar la situación. Se aplicaban lápiz de labios a modo de rímel para que, cuando el sudor lo corriera, pareciera que lloraban sangre. En cierto modo es lo que hacían. Smith rompió su amistad con Gallup, después lo echó del grupo y, al final de la gira, The Cure estaba oficialmente disuelto.

 

EL LADO POP

Paralelamente a sus momentos más tétricos, The Cure ocasionalmente cultivaron una vena melódica que podía llegar a traducirse en irresistibles canciones. Tras la debacle de “Pornography”, Parry convenció a Smith para que grabara un single pop. La idea era terminar con aquella línea oscura y alterar esa estela que estaba haciendo que The Cure fueran vistos por sus seguidores más como una religión suicida que como un grupo musical. Smith aceptó encantado dinamitar su propia reputación, aunque nada más grabarla, Smith ya odiaba “Let’s Go To Bed”. Intentó sin suerte que se publicara con seudónimo y al final, fue la canción que les abrió las puertas del mercado americano. También marcó el inicio de su colaboración con Tim Pope, el realizador de vídeos que cimentaria la imagen global del grupo. “Me gustan mucho las letras de Robert –declaró Pope- porque son como una telaraña, están llenas de indicios pero nunca cuentan nada de un modo directo. Son perfecta para ponerles imágenes”.

En julio de 1983 se edita “The Walk”, otro single con ritmo de baile que tiene algún parecido con el “Blue Monday” de New Order, publicado casi a la vez. Después llegó “The Love Cats”, inspirada en la película “Los Aristogatos” de Disney. Smith empieza a recibir cada vez más hate mail remitido por fans que se sienten traicionados por su éxito. La realidad es que, tras este trío de singles, The Cure iban a ser aquello que Smith quisiera que fueran. Tras el empacho psicodélico de “The Top” (1984), Smith llegó a la conclusión de que quería grabar música al estilo de “Strawberry Fields Forever”. El resultado fue “The Head On The Door” (1985) el álbum con el que abrazaron el pop sin renunciar a sus manías. Psicodélico y raro, pero accesible, posee el don de conectar un mundo privado y rara vez grato, con el gran público, todo gracias a una euforia que acabaría revelándose como producto de un creciente alcoholismo.

Foto: Xavi Mercadé

Y mientras el disco triunfaba gracias a singles como “In Between Days” (a la que de nuevo se le encontraron parecidos con New Order, esta vez con “The Age of Consent”) y la claustrofóbica “Close To Me”, Smith se esforzó en aguar la fiesta explicando que el título provenía de una pesadilla infantil en la que era decapitado al asomar la cabeza tras una puerta. El rotundo éxito del álbum animó a su discográfica a editar una recopilación de singles, “Standing On The Beach” (1986) y recuperó “Boys Don’t Cry” que, esta vez sí, la convirtió en un hit. Harto de ver que su selvático corte de pelo era copiado por las huestes de fans que veían cada vez más en él al sumo sacerdote del agobio, Smith se cortó la melena después de que un seguidor se autoinmolara durante uno de los conciertos del grupo.

El lado pop de The Cure se diluyó en “Kiss Kiss Kiss” (1987), un doble álbum en el que se prueban diversos estilos y donde canciones festivas como “Just Like Heaven” o “Why Can’t I Be You”, “Catch” comparten espacio con temas más aparatosos, algunos de ellos compuestos por otros miembros de la banda. En agosto de 1988 se casa con Mary Poole, su novia durante años y el acontecimiento sale en los noticiarios, lo cual da una idea de la popularidad de Smith. Pero a nivel musical, el lanzamiento al megaestrellato se confirma con la publicación de “Disitntegration” (1989), una obra que, de nuevo, consigue convertir la confusión existencial de su autor, desolado por cumplir los 30 años, en un álbum que se vende por millones.

Una enfermedad espiritual que empuja a Smith a sumirse en el aislamiento, y que termina por producir una música monumental. Smith apenas habló con el resto de la banda durante la grabación. Polydor quedó horrorizada al escuchar las atmósferas melancólicas que dominaban el disco que, contra todo pronóstico, asentó a The Cure en Estados Unidos, convirtiéndoles en un grupo de estadios. Un éxito forjado bajo unas condiciones propias que quedan perfectamente reflejadas en el vídeo que Pope hizo para “Lullaby”. Un vídeo con un tipo maquillado como un oso panda acosado por una araña gigante en su cama que acabó siendo un clásico del género. Cuando el grupo comparece en Top of the Pops, la dirección del programa evita primeros planos, no quieren que los adolescentes que ven el programa se vean contagiados por el look y el maquillaje del grupo.

Tras la gira, una vez más, Smith anuncia que esta será la última para el grupo y que tampoco habrá álbumes. Con “Disintegration” se cerraba una etapa en la que The Cure había cobrado forma y pasado de ser un fenómeno de culto a una anomalía en las listas de éxitos mundiales. La década a la que pertenecían terminaba y con ella, la era dorada de The Cure.

 

SMITH VERSUS LOS 90.

En 1990, Smith se enfrenta a una demanda de Lol Tolhurst, que después de haber sido despedido, reclama tener derecho sobre el nombre del grupo. Gana la demanda y poco después, graba “Wish” (1992), que comparte el carácter ecléctico de “Kiss…” pero también aporta algunas de la canciones más comerciales de The Cure, caso de “Friday I’m in Love”. Lo que parecía ser una buena entrada en la nueva década pronto se complicó. A lo largo de los años siguientes, The Cure hubo de enfrentarse al grunge, el Britpop y la electrónica, corrientes que amenazaban con relegar al grupo a la categoría de reliquia. “Wild Mood Swings” (1996) tardó cuatro años en aparecer y cuando lo hizo, decepcionó. “Fue como empezar de nuevo –declaró Smith-. Nos habían borrado del mapa y aún así todavía vendíamos un millón de discos. A mí me parece un disco estupendo que fue infravalorado.

En Inglaterra fue ninguneado y los fans lo rechazaron porque no era lo que esperaban. De repente me pareció que aquello era como cuando apareció el punk en 1977 y grupos como los Stones parecían no tener ninguna vigencia. No me pareció justo”. El álbum es uno de los más arriesgados que ha firmado el grupo. Originalmente estaba inspirado por los discos de Nick Drake e incluso contrataron como productor a Haydn Bendall, que había hecho arreglos de cuerdas para Drake. Sólo canciones como “Bare” y “Numb” fueron fieles a esa idea, debido en parte al conflicto que atormentó a Smith durante los cuatro años de gestación del álbum: lo que quería hacer y lo que creía que debía hacer. Por eso eligió “The 13th”, un tema de aires mariachis, como sencillo. Smith decidió que nunca más volvería a preocuparse por lo que los demás pensaran de su música.

“Bloodflowers” (2000) fue producto de esa decisión. Smith se dejó llevar por su lado introspectivo, se olvidó de los estribillos pegadizos y revivió parte de la angustia existencial de “Seventeen Seconds” y “Pornography”. De hecho está considerado como la tercera parte de una trilogía que nunca pretendió ser tal cosa y a la que pertenecerían los dos títulos anteriormente citados. Fue un buen broche para una década turbulenta, el único de los tres álbumes grabados durante esos años en los que Smith parecía seguro de lo que quería hacer. De nuevo se le vio como el maestro del tormento interior pero para entonces su figura pública ya pertenecía a la cultura popular, como demostró su cameo en “South Park”, donde le convirtieron en el justiciero que salva al pueblo de una Barbra Streisand gigante.

 

THE CURE VERSUS LOS 00

Nuevamente, The Cure habían dejado de existir tras “Bloodflowers”. Robert Smith iba al fin a grabar el disco en solitario tantas veces anunciado durante años cada vez que sobrevenía una crisis con los músicos del grupo. Ese era el plan que Smith pretendía seguir hasta que apareció en escena Ross Robinson, conocido por sus producciones de grupos de nu-metal como Slipknot y Korn. Robinson se presentó a Smith en un festival en Roma, reapareció en otro en Suiza y no paró hasta convencerle de que lo que tenía que hacer era grabar otro álbum con The Cure. Smith, que hasta entonces estaba convencido de que el grupo no daba ya más de sí, terminó aceptando. De este modo comenzó un nuevo pulso, esta vez entre artista y productor.

El primero opinaba que el lado pop del grupo no debía desaparecer; el segundo intentó que endurecieran la amalgama sonora de discos como “Pornography” y “Disintegration”, que ahora inspiraba a algunos de los grupos a los que Robinson producía. “Parecía que Ross estuviera dispuesto a conseguir que todos los que estábamos en el estudio acabáramos llorando. Sabía que si le permitía llegar a eso estaba jodido así que la situación pasó a ser algo así como “nosotros contra él”.

Lo cual no funcionó y al final todos los que estábamos en el estudio terminamos llorando en algún momento”. De este modo, la idea de grabar un álbum que sintetizara los 25 años de historia que para 2004 cumplía el grupo, quedó representada en un álbum en la que los muros de sonido de “Last” y “the Promise” competían con la vena melódica de “The End Of The World” y “alt.end”. En su día, el álbum fue contemplado como un renacimiento creativo, su mejor obra desde “Disintegration”.

Hubieron de pasar otros cuatro años para que apareciera otro álbum. Cuando esto ocurrió, de nuevo hubo sorpresas. “4:13” (2008) fue un intento de Smith de hacer que el grupo regresara a su lado más básico, una revisión de los discos en los que la melodía y las sombras hacen lo posible por llevarse bien. Tenía que haber sido un álbum doble pero apareció como sencillo, evocando, eso sí el treinta aniversario del grupo. Al final, se convirtió en uno de esos discos de The Cure que más que aportar algo nuevo, se limitaba a dar una digna continuidad al proyecto. Hace poco declaró al NME: “Tenía que haberme plantado y haber presionado para que se editara como un doble. Se habría vendido lo mismo y la única diferencia es que habría sido un disco mejor. Cada vez que lo escucho echo de menos algo, porque hay cuatro canciones que no deberían estar y otras cuatro que no están”. Hoy, The Cure no tienen contrato discográfico y Smith no tiene ni ganas ni prisa por firmar uno.

En el año en que “Pornography” cumple 30 años, “Kiss Kiss Kiss” cumple 25 y “Wish” (que se reeditará en versión deluxe este año), cumple 20, The Cure estarán encabezando algunos de los festivales más importantes de Europa sin necesidad de recurrir a ninguno de esos discos o de tener en el mercado uno nuevo.”Cualquier otro igual se estaba tirando de los pelos por no tener disco nuevo. No es mi caso. Llevamos tanto tiempo funcionando que he descubierto que no nos hace falta sacar nada para poder estar en un festival. Este verano estaremos tocando en Reading, donde ya estuvimos en 1979, y con eso es casi como si se cerrara un círculo. A partir de ahí no tengo ni idea de qué ocurrirá. Si tenemos que hacer algo más, entonces que sea algo realmente bueno. Eso último es algo que se da por sentado, pero lo digo porque el control de calidad está tremendamente alto por mi parte, así que si no estoy seguro de que lo que vaya a hacer sea muy bueno, entonces no tiene sentido hacer nada”. He ahí la razón por la cual The Cure son lo que son, a pesar incluso de ellos mismos y de su creador.

Texto: Rafa Cervera

Artículo publicado en el nº 293 de mayo del 2012

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4 Comments

  1. Estaría bien leerse el artículo tras escribirlo o antes de publicarlo. Los errores dificultan y despistan la lectura.

    • Tal como se indica al final del texto, este artículo se publicó en el nº 293 de mayo del 2012

  2. De cuando es este articulo??? Robert smith tiene 60 años no 53 como dicen

    • Josune M. B.

      Es un artículo de Rafa Cervera de mayo de 2012, lo dice claramente al final, a ver si leemos todo el artículo xdd

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