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Loretta Lynn, todavía una chica de montaña / #EnRutaEnCasa

Foto: David McClister

 

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En marzo de 2016 llegó a España Full Circle, el primer disco de Loretta Lynn en doce años. Su anterior galleta fue Van Lear Rose (2004), aquel espectacular álbum producido por Jack White que rescató a la reina del country cuando estaba en caída libre y la devolvió al trono de donde nunca debería haberse bajado. En este artículo, comentamos ambas obras y repasamos el regreso de la hija del minero.

American Masters, la serie de la PBS, la televisión pública estadounidense, es especialista en retratar la vida, obra y milagros de luminarias estadounidenses. En un periodo particularmente musical PBS ha estrenado documentales dedicados a Fats Domino, Sister Rosetta Tharp y Loretta Lynn. Los tres formidables dentro del convencionalismo del género, moldeado a partir del magisterio de Ken Burns y sus fabulosas películas sobre el jazz, la Guerra Civil, la historia del béisbol, la Gran Depresión, la II Guerra Mundial, etc. A partir de entrevistas con la propia Loretta, familiares y admiradores, entre otros de Jack White, con el que grabó el portentoso Van Lear Rose; Willie Nelson, con el que acaba de grabar un dueto y Sissy Spacek, vieja amiga, y que interpretó a la propia Loretta en el biopic Coal miner´s daughter, Still a mountain girl ofrece un acabado retrato de una vocalista y poeta esencial. Sumen decenas grabaciones caseras, viejas fotografías y toneladas de actuaciones en espacios tan emblemáticos como el Grand Ole Opry y el mítico programa de televisión de Johnny Cash, para disfrutar de una de las cantantes y escritoras de música country fundamentales del siglo XX.

Nacida en 1932, hija de minero, Lynn creció en la pobreza, contrajo matrimonio con 15 años y no fue hasta que cumplió los 28 que firmó su primer contrato profesional como artista. Dueña de una voz profunda y fiera, Loretta escribió muchas de sus propias canciones y tuvo el cuajo de tocar asuntos entonces vetados para una intérprete de country, de las infidelidades del marido al alcoholismo, la alienación, el botiquín con sus pastillas siempre a mano, el aborto o la guerra en Vietnam. Su arrollador triunfo, es la intérprete country más premiada de la historia, los millones de discos vendidos, los devaneos con el countrypolitan y el pop a partir de los años setenta, son anécdotas frente a lo esencial: un cancionero de proporciones colosales, unas letras entre la ironía, la compasión y el sarcasmo, la polaroid social y el desnudo emocional, y una influencia de hondo calado en lo mejor del country, ese que viene de la Carter Family, Jimmie Rodgers y Hank Williams, coge impulso con Owen Bradley, legendario productor de sus mejores obras, corteja el Sonido Bakersfield (Buck Owens, Merle Haggard), y baña a los Byrds, los Flying Burrito Brothers, Gram Parsons, los Rolling Stones y Emmylou Harris para vertebrar los fundamentos de la Americana. Loretta Lynn sigue en la brecha. Acaba de publicar nuevo disco, Full circle, producido por John Carter Cash, el hijo de Johnny y June Carter Cash, y proyecta su sombra benéfica sobre más de medio siglo de música cicatrizante.

Texto: Julio Valdeón   

 

 El regreso de la hija del minero

UNA REINA SIN TRUENO

Los 90 no sentaron demasiado bien a Loretta Lynn. Estaba semi-retirada, grababa poco y, aunque, eso sí, seguía girando, terminó cayendo en el saco roto de las “leyendas vivas”. Los números fríos hablaban por sí solos. En la década de los videojuegos y las chaquetas tejanas, sólo publicó un disco, Honky Tonk Angels (1993), y fue, ay, un trabajo hecho a medias con otras dos vacas sagradas: Dolly Parton y Tammy Wynette.

Estaba, en resumen, más cerca de ser una vieja gloria del pasado que una artista con recorrido de presente. Algo empezó a cambiar, sin embargo, con la llegada del siglo XXI. Lynn debió intuir que urgía ponerse las pilas y, ya el año 2000, retomó la actividad discográfica con un álbum producido por Ricky Skags, Still Country, que, si bien todavía arrastraba cierto anquilosamiento sonoro, recuperaba algo del aire montañés marca de la casa y, lo más importante, incluía un tema propio. Ese era el camino. Lo único que tenía que hacer para levantar el vuelo era volver a ser… ¡ella misma! Coger el lápiz y ponerse a escribir.

 

QUIERO SER TU PRODUCTOR

Jack y Loretta apenas se conocían cuando empezaron a trabajar en Van Lear Rose. Él tenía 28 años. Ella, 62. El único vínculo entre ambos era White Blood Cells (2001). Los White Stripes siempre habían idealizado a la hija del minero ─solían cantar en directo «Rated X»─ y le dedicaron su tercer álbum. Bonito detalle. La dedicatoria, naturalmente, no pasó desapercibida y pronto estaban sentados el uno enfrente del otro.

“La primera vez que nos reunimos fue en Manhattan, Nueva York”, explicó Loretta en una entrevista a la CMT. “Le dije que estaba preparada y que quería hacer un LP con canciones mías”. Eso hicieron. Jack se encerró con ella en el estudio y grabaron 13 temas en 12 días. No lo hicieron solos, claro. El productor se trajo a tres hombres de su confianza: el multinstrumentista Dave Feeny, el batería Patrick Keeler y el bajista Jack Lawerence. Lynn, una cachonda de campeonato, los bautizó como “The Do Whaters” (algo así como Los Siempre Disponibles) porque “hacían todo cuanto era necesario”.

El trabajo resultante sonaba mitad garage, mitad country. El fraseo se levantaba majestuosamente sobre una orgía de acústicas, pedal steels, banjos, eléctricas y baterías furiosas. Los insufribles arreglos pop de los 80 ya se podían ir al carajo. Eran agua pasada. Se cerraba una puerta, se abría otra. «Portland, Oregon», «Trouble On The Line» y «Have Mercy» dejaron sin habla a toda una nueva generación de hípsters poco o nada familiarizados, tengo que decirlo o reviento, con la música vaquera.

El disco arrasó. No solo coleccionó elogios por doquier y se llevó 2 de los 5 Grammys a los que estaba nominado. También convirtió a Lynn en lo que no había sido últimamente: un nombre cool que encabezaba las listas de lo mejor del año y tocaba en el show de David Letterman. No se podía pedir más. La reina volvía a reinar.

 

CERRANDO EL CÍRCULO

Tres años después de la publicación de Van Lear Rose, en 2007, nuestra protagonista regresó al estudio para empezar a trabajar en un nuevo trabajo. No era un estudio cualquiera. Era la cabaña donde Johnny Cash grabó una parte de sus American Recordings. La razón por la que se instaló aquí: motivos familiares. Lynn quería trabajar en un entorno informal y relajado, como si estuviera tocando para los amigos, y para ello no había nada mejor que instalarse en un estudio casero y confiar la producción a su hija Patsy Lynn Russell y su casi ahijado John Carter Cash.

Las sesiones, con los músicos invitados entrando y saliendo, se desarrollaron entre recuerdos y carcajadas, en un ambiente de camaradería y diversión. El plan inicial era regrabar viejos números uno de Loretta. De ahí se pasó a regrabar… ¡de todo! Antes de que se dieran cuenta habían pasado ocho años y habían planchado 100 temas. Casi nada. Llegaron a un acuerdo con Sony para ir sacando el material. Full Circle, el volumen que abre la serie, recoge las primeras canciones que grabaron en el histórico bungaló (buceen por Internet y darán con un precioso making off).

La publicación del disco ha cerrado un círculo, esa línea invisible que une la infancia con la vejez, pero no parece que estamos ante una despedida. Lynn, pese a sus 83 tacos, no para. Gira todo lo que puede (asegura sentirse más a gusto en el bus que en casa), acaba de estrenar un documental para la prestigiosa serie American Masters —lean el recuadro—, está ultimando un musical con Zoey Deschanel como protagonista basado en Coal Miner’s Daughter, su biografía/biopic, y, por si todo ello fuera poco, ya ha empezado a escribir otra vez. No descarta, ha dicho en declaraciones recientes a Rolling Stone, volver a grabar con Jack, al que ya le ha mandado algunas melodías por email. “Todavía no me ha contestado, pero ya lo hará”.

Foto: David McClister

EL VALOR DE LA TRADICIÓN

No hay que valorar Full Circle pensando en Van Lear Rose. Son discos que responden a impulsos distintos. En aquel álbum, Lynn sentía la necesidad de reafirmarse, de dar un puñetazo sobre la mesa y decirle al mundo que todavía tenía cuerda para rato. En este, la mueve algo más íntimo: el deseo de hacer balance y sintetizar su carrera en catorce instantáneas. Allí había urgencia artística, riesgo, factor sorpresa y desafió. Aquí hay vejez reflexiva, dudas, miedos y, a pesar de todo, ganas de seguir exprimiendo la vida. Música de ayer y de hoy grabada con pickers de primera y servida con un sonido acústico que huele a pradera de Kentucky. John Carter y Patsy Lynn no son Jack White. No generan titulares ni rompen moldes. Son más continuadores que renovadores. Tienen, sin embargo, algo muy valioso que no tiene Jack: un mejor entendimiento del country y de la obra de Lynn. Y ahí reside el éxito del CD. En ese saber capturar la esencia de la compositora/cantante. En ese saber qué tipo de cojín instrumental le va mejor o cómo puntuar la emoción de su voz con el violín o el pedal steel. Y qué voz. ¿Se puede cantar mejor a los ochenta? Lo dudo. El aire familiar puede hacer pensar que estamos ante una obra menor. No se equivoquen. Full Circle, como epílogo que cierra capítulos sin dejar de mirar lo que queda por venir, como punto y seguido de un último parágrafo que todavía se está escribiendo, es una jodida maravilla.

 

PEQUEÑA GUÍA PARA NO PERDERSE

Antiguos éxitos, canciones que aprendió de pequeña, tradicionales, estándares del pop, composiciones escritas expresamente para la ocasión… Qué lío. Los créditos de Full Circle no aclaran la procedencia del material ni si se trata de temas nuevos o ya grabados anteriormente. Ahí va una pequeña guía de urgencia para no perderse en el laberinto.

«Whispering Sea». El primer tema que escribió (fue lanzado como single en 1960 por medio de un sello local, Zero).

«Secret Love». Éxito de Doris Day perteneciente al musical Calamity Jane (1953) y posteriormente grabado por Loretta en Singin’ With Feelin’ (1967).

«Who’s Gonna Miss Me». Tema nuevo que reflexiona sobre la posteridad y el impacto en la vida de los otros.

«Black Jack David». Clásico de la familia Carter que aprendió, siendo una niña, a través de su madre.

«Everybody Wants To Go To Heaven». Espiritual con aires de rockabilly —no puede sonar más a Sun— cuya primera versión apareció en Hymns (1965).

«Always On My Mind». Clásico del country-pop setentero popularizado por Elvis (es la primera vez que lo plancha, aunque ya lo había cantado en otras ocasiones en memoria de su hijo fallecido Jack Benny).

«Wine Into Water». Pequeña gran canción —sobre los problemas con la botella— del, por estas tierras desconocido, T. Graham Brown que debuta aquí en la voz de nuestra cowgirl preferida.

«In The Pines». Tradicional asociado con la Família Carter que también aprendió gracias al empeño de su madre (se lo enseñó, dato absolutamente verídico, mientras cosía).

«Band Of Gold». Estándar del pop hecho famoso por Don Cherry en 1955 (que yo sepa, no lo había grabado antes).

«Fist City». Número uno del álbum de 1968 del mismo nombre que ha pasado a la historia como uno de los himnos “feministas” de Lynn (se inspiró, para escribirla, en los deslices de su marido).

«I Never Will Marry». Otro clásico de clan Carter aprendido por vía materna.

«Everything It Takes». Nueva composición escrita con Todd Snider en menos de treinta minutos y cantada con Elvis Costello, con quién ya se había reunido en una curiosa sesión compositiva (el británico se presentó con un ordenador; Loretta, con un lápiz y una hoja de papel).

«Lay Me Down». Canción del poeta y veterano del Vietnam Mark Marchetti interpretada con otra institución del country, Willie Nelson, en, cuesta de creer, el primer dueto de Loretta y el fumador de marihuana.

 

Entrevista con John Carter Cash

EL AMIGO DE LA FAMILIA

Johnny Cash, June Carter y Loretta Lynn no sólo eran estrellas coetáneas que compartieron giras, estudios y shows televisivos. También eran amigos. Cuando June salía al escenario Loretta cuidaba de su hijo entre bastidores. “Es verdad”, admite en el texto de presentación de Full Circle. “¡La reina del country me cambiaba los pañales!”.

Conoces a Loretta desde que eras un crío.

Cuando era pequeño, Loretta era como de la familia. No recuerdo una época en la que no la estuviera. Desde que empezamos a trabajar juntos me dado cuenta de la asombrosa integridad que hay en su corazón. Viene casi del mismo lugar de donde vino mi madre, pero es su carisma y sentido del humor lo que me hace sentir cerca de ella.

¿Qué relación tenía con tu madre y hasta qué punto Full Circle es un “disco de familia”?

Mi madre y Loretta eran amigas íntimas. Tenían cura intuitivamente la una de la otra. Y sí, Full Circle ha sido un asunto familiar.

Lo grabasteis en la cabina de tu padre. ¿Qué significó para ti?

La primera vez que me senté con Loretta en el estudio me sentí como si mi madre hubiera regresado. Haberla mirado a los ojos, haber escuchado sus bromas, haber estado en contacto con ella como persona… Todo eso ha sido una de las experiencias más especiales de mi vida.

¿Quién hizo la tría final de los temas y tenéis planes para publicar el resto del material?

Sí, la mayor parte del material que grabamos se irá publicando a lo largo de los próximos años. Los temas los escogimos entre todos, fue una decisión de grupo. Loretta trajo canciones que siempre había querido grabar, Patsy propuso algunas y yo sugerí otras.

¿Cuál era el hilo conductor?

El hilo conductor de este álbum era que cada una de las canciones que Loretta grabase tenía que resonar en su corazón y contar una parte de su historia.

Loretta y Willie Nelson cantan en “Lay Me Down”.

Grabamos “Lay Me Down” en la Cash Cabin. Loretta se sentía inspirada y quiso preguntar a Willie si le apetecía cantar con ella en el disco. [Dijo que sí], aunque él grabó su parte en otro estudio.

Full Circle también da cabida a clásicos de la Carter Family. ¿Qué llevó a Loretta a grabarlos?

La conexión de Loretta con The Carter Family existiría incluso si ahora no los hubiera grabado. Estas canciones son las primeras que escuchó cuando era una niña.

Su voz se mantiene increíblemente bien.

Creo que canta mejor ahora que cuando era más joven. Es la fuerza de su espíritu lo que la mantiene así de bien.

Háblame de las colaboraciones con Todd Snidder y Elvis Costello.

Conozco a Elvis desde hace un montón de años. Sugerí que él y Loretta se encontraran para escribir. Vino a la cabina un día y se pusieron muy creativos. En otra visita, grabamos las voces para la canción que Loretta escribió con Todd Snider.

¿Qué es lo más valioso que has aprendido de Loretta?

De ella he aprendido a reírme de una forma que antes desconocía. He comprendido con más profundidad lo que significa ser artista. He tenido la oportunidad de grabar a Loretta Lynn más que a ningún otro artista en mi carrera y siempre le estaré agradecido por ello.

¿Qué opinas de la producción de Jack White en Van Lear Rose?

¡Me encanta! Creo que es brillante. Loretta sigue su corazón en cada una de sus etapas y lo da todo. Se entregó entonces y se ha entregado ahora. Espero que siga haciendo música durante muchos años.

 

Texto: Jordi Pujol Nadal

Artículo publicado en el número 280 de mayo del 2016

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