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Jimi Hendrix, «Are You Experienced?», la pregunta / #EnRutaEnCasa

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Clara y rotundamente: NO. Si la cuestión que Hendrix nos lanzaba en el título de su primer álbum, se refería a la capacidad del que lo iba a escuchar para enfrentarse al disco en particular y a él en general, ¿acaso alguien hubiera podido responder lo contrario? El único mortal que podría haber estado remotamente equipado para contestar afirmativamente a esto, era el propio Jimi. De hecho, así lo hacía en la canción que daba título al álbum, solo que en ella probablemente estuviera hablando de follar y no de su capacidad para comprender su propia persona y mensaje.

 

En el hipotético caso de que se refiriera a lo segundo y que le hubiera dado por preguntárselo a sí mismo, me cuesta imaginarle respondiéndose que sí sin dudarlo. Por varios motivos. Su legendaria humildad. Su constante estado de búsqueda. Su condición de canalizador de algo proveniente del espacio exterior y que le costaba definir incluso a él. Demasiadas palabras para tratar de describir lo indescriptible. Hendrix era, sentía y transmitía emociones, colores, conceptos que rozaban la ciencia ficción… Y lo hacía mediante sonidos y palabras sin precedente. Nadie tenía experiencia suficiente para comprender lo que se les venía encima.

Puedes escuchar mil testimonios de músicos mayores que él, contemporáneos y los miles que vinieron después, y en su casi totalidad sobrevuela un soterrado: “¿De donde cojones cayó este tipo?”. Siempre saldrá el típico guitarrista pajillero, ̶ para el cual tocar la guitarra es casi equivalente a ir al gimnasio muchas, muchas, muchas horas ̶ , que dirá que Jimi está sobrevalorado y que no entiende que se hable de él en estos términos. Los que estamos en el otro lado es a él al que no entendemos, pero como tampoco le prestamos mucha atención, está bien así. Hendrix emprendió una especie de misión divina y ni siquiera él mismo sabía a donde le llevaría o en qué consistía exactamente. Algunos de sus allegados aseguran que el LSD le ayudó a expandir su mente y a conocer “la música” como entidad y que ésta le aceptara como el elegido y le dijera: “yo también te amo”.

Para creer esto a pies juntillas ayuda que tú también te hayas comido unos cuantos tripis, pero no seré yo quien descarte que la teoría tiene cierto peso específico, sobre todo considerando lo que este genio consiguió crear en solo cuatro años. Y, sí, hablamos de un genio; eso pocos músicos y gente del negocio lo dudan, especialmente los que tuvieron la oportunidad de trabajar con él y verle crear e interpretar. Abundan las historias sobre Jimi tocando guitarras para diestros (él era zurdo), simplemente dándoles la vuelta y siguiendo sin problema una pista de audio que estuviera sonando. Los guitarristas ya sabéis el tremendo sin dios que esto supone, y a los que no sois guitarristas, para que os hagáis una idea, deciros que esto es como perseguir a un ratón por la casa, completamente borracho, y después de que te hayan dado tres martillazos en cada rodilla. Difícil, vamos. También era capaz de tocar sobre bases sonoras grabadas al revés sin perderse. Ciertas cosillas que, a ingenieros, productores y demás entendidos en la materia, les parecían jodidamente alienígenas. Hablamos de gente como Eddie Kramer o Glyn Johns, que han trabajado con un par de leyendas, al mes, y que aún a día de hoy no dan crédito. Y no lo hacía para impresionar, más bien para ahorrar tiempo. Era en plan: “Espera Jimi, que está al revés”. “No, tranqui, si yo…yo…está bien, no te preocupes que me apaño”.

A ver, pongámonos un poquito terrenales para retroceder a lo que le llevó hasta la grabación de su primer disco. Ninguna hada madrina cayó de Júpiter para tocarle con una varita púrpura y convertirle en un superhéroe (como más tarde le ocurriría a Prince). Jimi tuvo una infancia jodidísima. Su familia era bastante pobre y completamente disfuncional. Su padre, Al, era militar y no estuvo presente cuando Jimi nació, ni en sus primeros tres años de vida. Su madre, Lucille, se bebía hasta el agua de los floreros y casi nunca estaba en casa. Jimi pasó mucho tiempo con familiares y vecinos. Cuando Al regresó del ejército, él y Lucille intentaron algo parecido a reconciliarse y formar una familia, pero lo que consiguieron en su lugar fue pelearse de continuo, beberse su peso en alcohol y dejar a Jimi tocadísimo de la azotea.

También tuvieron cuatro hijos más, para facilitar las cosas. Que los tuvieran no significa que los cuidaran. El segundo, Leon, seis años más pequeño que Jimi, se pasó su niñez entrando y saliendo de diferentes centros de adopción, lo cual dificultó la relación de los hermanos, a pesar del cariño que se tenían. A los tres últimos los dieron en adopción directamente. Al y Lucille se separaron y ella se marchó de casa, falleciendo poco después. Jimi acumuló tal torrente de sentimientos que si no hubiera conseguido canalizarlos a tiempos hubiera estallado. Pero lo consiguió, y de qué manera. Desde que cayó en sus manos su primera guitarra, una desvencijada Kay de caja hueca, todo lo demás pasó a un segundo plano.

Los deportes dejaron de interesarle y solo el ejército se interpuso entre su guitarra y él, únicamente porque era la única vía para escapar de las hostias que le calzaba su padre y de un par de altercados que había tenido con la ley. Del colegio ya le habían echado así que de eso no tuvo que preocuparse. Alistado en la brigada de paracaidistas y sin su nuevo amor a su lado, los dedos le ardían. Su padre se apiadó de sus súplicas y le envió la guitarra para que no se volviera loco. No tardó mucho en formar una banda con otro soldado amigo suyo, Billy Cox, que unos años más tarde se volvería reunir con Jimi en Band Of Gypsys. Tras trece meses saltando desde los avioncitos, Jimi estaba tan hasta los cojones del ejercito que decidió fingir una lesión de espalda para largarse de allí. La diosa fortuna le echó una mano y en uno de los saltos se rompió el tobillo de verdad. En seguida lo mandaron de vuelta a casa al ver que su interés por recuperarse era nulo.

A partir de aquí ya no hay vuelta atrás para Jimi y su dedicación se vuelve obsesiva. Se levanta con la guitarra sobre su pecho y se acuesta de la misma manera. Muchos de los que le conocieron, B.B.King por ejemplo, aseguran que a pesar de ser alguien muy inteligente, culto y agradable, su conversación se resentía mucho si no se hablaba de música o de guitarras. Otros amigos más cercanos, como el músico Paul Caruso, aseguran que era uno de los casos clínicos más exagerados de Síndrome de Déficit de Atención, ya que su mente estaba proyectada en el futuro, siempre soñando despierto, y muchas veces daba la sensación de que no tenía ni puta idea de lo que le estabas hablando. Con semejante dedicación no tardó mucho en convertirse en un virtuoso y un maestro del instrumento, pero eso no fue lo que le convirtió en la leyenda que es a día de hoy. Su guitarra era como un pincel, pero también cuentan el lienzo, la pintura y por supuesto el pintor. También, por supuesto, las ideas que van a ser plasmadas.

En su empeño en tocar a toda costa se mudó a Nashville y respaldó a artistas como Sam Cooke, Jackie Wilson, Slim Harpo, Wilson Picket o Ike and Tina Turner en el conocido como “Chitlin’ Circuit”, formado íntegramente por artistas de color. Ya entonces estaba claro que Jimi no podía limitarse a ser un músico más en una banda, una parte. Tenía que ser un TODO. Su técnica con el instrumento ya dejaba boquiabiertos a todos los que le escuchaban, y además, una vez pisaba el escenario, se convertía en un auténtico showman, cosa que contrastaba con su aguda timidez fuera de él. Tocaba solos que se salían totalmente de los cánones sonoros asociados al R&B, Soul o Rock and Roll, tocaba con los dientes, con la guitarra por detrás de la espalda…Esto ponía de los nervios a alguno que otro. Y no me refiero a la audiencia. Los que estéis familiarizados con el mastodóntico ego y la mala hostia de Ike Turner os podéis echar una sonrisa si os imagináis a Jimi detrás de él en la banda. No duró mucho esto.

Y lo mismo se le puede aplicar a Little Richard, con el que tocó unos meses después por un corto periodo de tiempo y el cual no dudó en echarle porque le robaba protagonismo. Con The Isley Brothers no tuvo problemas. De hecho, prácticamente le obligaban a que hiciera el repertorio entero de malabares ya que la audiencia se quedaba atónita y sacaban más pasta de esta manera. Tampoco los tuvo con King Curtis o Curtis Knight. El único problema era que, si no le echaban antes, era él quien se aburría y se marchaba. Cansado de secundar a otros, se muda a Nueva York, donde enseguida comenzó a desencajar las mandíbulas de medio Greewhich Village como solo él podía hacerlo y se ganó una residencia en el legendario Cafe Wha? Ya como líder de su propia banda, Jimmy James and the Blue Flames (en la que también militaba un jovencísimo Randy California, otro extraordinario guitarrista que luego formaría los imprescindibles Spirit), empezó a germinar el estilo y repertorio que acabarían dando forma a The Jimi Hendrix Experience.

Una de esas noches, la entonces novia de Keith Richards, Linda Keith, acabó en el Café Wah? y quedó completamente hipnotizada con lo que vio. Se hizo muy amiga de Hendrix y comenzó a ir a sus conciertos con frecuencia, tratando de promocionarle entre sus contactos. Los dos primeros ejecutivos de la industria discográfica a los que convenció para que fueran a verle, pasaron de él. Linda le comentaría a Hendrix al respecto: “O están locos ellos o lo estamos nosotros”. No mucho después de esto, Linda estaba hablando con su amigo Chas Chandler, bajista de los Animals, el cual le comentó que quería dejar la banda y dedicarse a ser manager y a producir artistas. “Creo que tengo a la persona ideal para que comiences en ese negocio”, le dijo Linda. Chandler estaba obsesionado con la canción folk tradicional «Hey Joe», de la cual circulaban unas cuantas versiones en la época, siendo la de Tim Rose la más conocida, y quería encontrar a alguien que la llevara a otra dimensión. ¿Adivinad qué canción tocó Hendrix cuando Linda llevó a Chad a verle por primera vez en el Café Wha? Sí que era un poquito cósmico el colega.

Chandler, tras limpiarse las babas de la boca para no escupir accidentalmente a Jimi mientras le hablaba, le sugirió llevarle a Londres e introducirle en sociedad. Hendrix no lo dudó un instante, quería viajar y emprender nuevas aventuras y en algunos locales de la escena neoyorquina no se sentía apreciado en absoluto. Posiblemente en ese momento lo pensó: “Perdonadme mientras beso el cielo”.

Primero conquistamos Londres y luego el mundo.

La conquista de Londres fue ultra rápida. Hendrix arrasó con todo lo que se le puso por delante. Mejor dicho, con todo lo que Chandler le puso por delante. Paul McCartney recordaba su importancia, asegurando que sin Chad no hubiera sido lo mismo, ya que él conocía a la crema y nata de la escena rockera, lo cual facilitó que Jimi fuera capaz de tocar de invitado con otras bandas en los clubs nada más aterrizar en Londres, y que ellos estuvieran allí para presenciarlo. Esto es literal. Aterrizó el 24 de septiembre de 1966 y esa misma noche ya estaba tocando en “The Scotch of St James”, que era el garito en el que solían acabar muchos de ellos como invitado de The VIPS, la banda residente (algunos miembros acabarían más tarde en Humble Pie).

Como había sido habitual y lo seguiría siendo, su tendencia a cortarse y ser comedido desaparecía una vez pisaba el escenario, aunque fuera solo como invitado. Macca estaba esa noche en el club y vio el despliegue completo, el equivalente musical del desembarco de Normandía. La mecha se prendió y la onda expansiva de la bomba alcanzó a todos. Pete Townshend bromeaba: “Clapton y yo le seguimos durante unos días de club en club. Íbamos a verle cogiditos de la mano, llorando”. Ahora solo había que encontrarle una banda y Chas enseguida organizó audiciones. Mitch Mitchell, batería que había tocado brevemente con The Pretty Things y Georgie Fame entre otros, acabó con el puesto. La leyenda dice que fue a cara o cruz cómo se decantaron por él en lugar de Ansley Dunbar. Mitchell alucinó con la facilidad que tenía Hendrix para tocar cómo Curtis Mayfield y en un abrir y cerrar de ojos transformarse en Wes Montgomery, de forma natural, no por fardar. Nadie manejaba ese tipo de sonidos en la escena londinense.

El puesto de bajista recayó en Noel Redding. Fijaros cómo algunas de las declaraciones de los protagonistas al respecto ya muestran que lo suyo no fue precisamente amor a primera vista. Redding: “Yo creía que la prueba iba a ser para The New Animals y el material que llevaba preparado era para esa audición. Cuando llegué me encontré otra cosa completamente diferente y me pidieron que tocara temas que no conocía, pero el tipo americano me mostró más o menos como iban los cambios”. Sí, declaró esto muchos años después de la muerte de Hendrix y se refirió a él como “el tipo americano”. Claro que Jimi tampoco se quedó atrás en su día cuando le preguntaron sobre la audición, solo que él en vez de tirar de rencor y envidia, soltó lo que posiblemente pensó y pasó. Hendrix: “Noel vino a la audición convencido de que iba a tocar la guitarra. Me gustó mucho su corte de pelo y su pinta, así que le pregunté si quería tocar el bajo”.

Sin tiempo que perder, Chandler les consigue meter de teloneros de Johnny Hallyday en una mini gira por Francia en octubre de 1966. En su primera aparición apenas habían ensayado. De hecho, apenas se conocían. En cuanto regresan a Londres tocan en el club “Bag O’Neils”. Aquí sí que ya estaban casi todos: Mick Jagger, Brian Jones, Clapton, Townshend, Lennon, Macca… Los de las estanterías de arriba, los cuales habían oído que había un nuevo pistolero en la cuidad que igual se cargaba el concepto de estantería como se había conocido hasta entonces. También estaban Kit Lambert y Chris Stamp, managers de The Who, los cuales no perdieron ni un segundo para lanzarse sobre Jimi como algo salido de un documental del National Geographic. Le ofrecieron un contrato discográfico e incluso adelantaron la creación del sello Track Records (que ya andaba en los planes de ambos para reforzar la libertad creativa a los Who), para poder fichar a Jimi y sacar sus primeros singles y su primer álbum.

Primero lanzaron el single «Hey Joe», en diciembre, y en seguida entró en las listas de éxitos a base de talonazos. ¡Hasta el número 6! Sí amigos, el primer éxito de Hendrix fue comprado, y nadie se avergüenza de ello. Ciertas cosas no han cambiado mucho desde entonces y para que la masa borrega se entere de que tienen algo exageradamente bueno delante, se lo has de plantar en las narices e incluso metérselo por la boca. El equipo de promoción que rodeaba a Hendrix ya tenía clarísimo que manejaban a una súper estrella en potencia. Lo capitaneaba el antiguo manager de The Animals, Mike Jeffery, que en seguida pasó a serlo de Hendrix. Era un mafioso de mucho cuidado, por lo cual os podéis imaginar lo poco que le costaba hacer lo que fuera necesario para sacar el máximo partido del diamante en bruto que tenía entre manos. Sin embargo, otros golpes de efecto fundamentales en su despegue no se llevaron a cabo debido a sus retorcidas tácticas, sino a la intervención de dos de los mejores compositores de la historia. Hablamos de Lennon y McCartney.

El primero le dio el chivatazo a Joe Smith, presidente de Warner Brothers en América, donde todavía era un absoluto desconocido, para que fuera a verlo en directo cuanto antes. Al parecer, lo normal en Londres en aquella época era que estas cosas se hicieran a las cuatro de la madrugada, que es cuando Smith vio por primera vez a Hendrix. Decidió ficharle inmediatamente. El propio Smith recuerda que cuando conoció a Jimi en persona esa noche, se mostró muy amable, pero se apartó inmediatamente del círculo en el que estaban cuando se comenzó a hablar de negocios, dejándolo todo en manos de Chas Chandler y Mike Jeffery. Por otro lado, McCartney fue el responsable de que Hendrix tocara en Monterey. John Phillips, de The Mamas and the Papas, era uno de los organizadores del festival y contactó con Macca para preguntarle si estarían interesados en formar parte del cartel.

Para entonces The Beatles habían dejado de tocar en directo y estaban sumergidos en el estudio grabando Sgt. Peppers, por lo cual Paul declinó la oferta, pero le dijo que tenía al candidato ideal para él. «¿Conoces a Jimi Hendrix?», preguntó Macca. «¿Quieeeen?», fue la predecible respuesta de Phillips, que siendo americano no estaba al tanto del revuelo que había montado en la escena inglesa. “Preguntaré por él”, añadió. Paul, con la socarrona sonrisa del que se sabe ganador concluyó: “Hazlo, hazlo”. A «Hey Joe» le siguen otros dos singles, «Purple Haze» en marzo de 1967 y «The Wind Cries Mary» en mayo, solo unos días antes de la edición de su primer larga duración, Are You Experienced?, del cual hablaremos en profundidad en otro apartado. Ambos lograron colarse en los primeros puestos de la lista de ventas, en el numero tres y seis respectivamente, y al parecer esta vez sin que su manager tuviera que pagar por ello.

Siguieron dando conciertos incesantemente por Inglaterra y a pesar de ya gozar de reconocimiento y ciertas comodidades, esto no cambió el carácter de Jimi fuera del escenario, y tampoco el hecho de que estuviera tocando todo el santo día. Si iba al cine o a restaurantes, se iba con la guitarra a cuestas. Chandler, que compartía piso con él en la época, recuerda verle colgarse la guitarra nada más despertarse e irse al baño con ella. Su amiga Linda Keith decía al respecto: “No tenía ningún tipo de interés por los deportes o la actualidad, no leía los periódicos. Solo le interesaban la música y las mujeres”. Adelantemos al evento que le convertiría en una estrella a nivel mundial unos meses después: Monterrey International Pop Music Festival. Hendrix tenía claro que debía dar y mostrar absolutamente todo de lo que era capaz. Sabía que si alguien podía acercársele a nivel de intensidad visual en escena ese era Pete Townshend, y al parecer ambos tuvieron una acalorada discusión sobre quien iba a salir primero al escenario, ya que ninguno quería salir después que el otro. Al final John Phillips sugirió que se lo jugaran a cara o cruz y ganó Pete.

The Who tocaron el Domingo 18 de Junio por la noche y fueron los primeros en dejar bastante atónita a la audiencia con su despliegue de poderío y agresividad. Rompieron sus instrumentos y arrasaron el escenario. Esto Jimi ya se lo esperaba. Grateful Dead tuvieron el dudoso privilegio de que los metieran entre estos dos pedazos de bestias, pero jugaban en otra liga diferente, ni mejor ni peor, sencillamente diferente. Esto le vino muy bien a The Jimi Hendrix Experience, ya que la audiencia pudo resetear su cerebro con las buenas vibraciones hippies de Garcia, Weir, Lesh y compañía tras la batalla campal que habían montado The Who. Esos cerebros jamás volverían a ser los mismos desde que Brian Jones introdujera a Jimi y la banda arrancara con «Killin Floor».

En lo único en lo que Hendrix no fue excesivo y sobrenatural fue en sus palabras para presentarse ante el público norteamericano: “Es un placer volver a casa. Acabo de venir de Inglaterra de recoger a estos pavos (refiriéndose a Noel y Mitch N.d R.) y estamos encantados de poder venir a tocar aquí ante vosotros”. El set entero fue de infarto, pero para el mágico fin de fiesta Jimi tenía un as en la manga y no dudó en repetir algo que ya había hecho unos meses atrás en el Astoria londinense. Tras follarse a sus amplificadores con la guitarra, figurativa y casi literalmente, ya que la emprendió a caderazos contra ellos, con su Fender Stratocaster entre los conos de los Marshall y su, al parecer, generoso rabo, produciendo así un infernal caos de feedback, Jimi sacó una pequeña lata de gasolina, se arrodilló y el resto es historia. De lo que no podemos hacernos una idea es de lo que debió haber sido presenciar eso en directo. Estamos acostumbrados a verlo en DVD, en fotos o a leer sobre ello. Una cosa es ver en la tele a miembros del público con la boca abierta mientras Jimi prende fuego a su Strato tras haberle exprimido hasta el último sonido imaginable, y otra que suceda a unos metros de ti en tiempo real.

Supongo que en ese momento no eran conscientes de que lo que estaban presenciando pasaría a los anales de la historia y formaría parte de la memoria colectiva por los siglos de los siglos. Supongo también, que cuando se te desencaja la mandíbula de tal manera, la consciencia se altera, en este caso posiblemente por razones varias. Ahora si que no había vuelta atrás. Jimi ya era una estrella a ambos lados del charco y cualquier promotor sabía a quién tenía que contratar para reventar su local. El legendario Bill Graham no perdió tiempo para contratarlos para tocar en el también legendario Filmore, en San Francisco, abriendo para Big Brother and the Holding Company y Jefferson Airplane durante cinco noches seguidas. Imprescindibles bandas, por lo cual duele recordar que las pasaron por encima como una apisonadora y acabaron encabezando el cartel en la última noche. Otro influyente promotor y magnate televisivo, Dick Clark, consideró que podría ser una buena idea juntar a las dos grandes sensaciones del momento, Jimi y The Monkees.

Chas Chandler y Michael Jeffery no dudaron en aceptar la invitación, pensando en la enorme audiencia ante la que iba a tocar su protegido. Pero claro, era una audiencia de niños, niñas más bien, cuya sexualidad era inexistente y que no iban a pillar absolutamente nada de lo que Hendrix tenía que ofrecer. Gritos iban a conseguir, pero no de éxtasis, sino de pánico: “Mamaaaaaaá, que se vaya el negro malo y salgan los Monkeeeeeeeees”. Mala, mala idea ésta. Tan mala, que Dick Clark y Chas Chandler, viendo el tremendo desaguisado que se montaba en la audiencia y teniendo que soportar las continuas quejas de la banda, que no soportaba tocar para este tipo de público, decidieron inventarse un grupo social llamado “Las Hijas de la Revolución Americana”, cuya misión era protestar y declarar oficialmente que la presentación escénica de Jimi era obscena (que la verdad es que para pre púberes lo era, joder).

Con este pretexto, y después de seis conciertos, sacaron a Hendrix del tour. Otro que era propenso a escandalizarse, pero no por ser un niño si no más bien todo lo contrario, era Ed Sullivan. Al parecer intentaron que Jimi apareciera en su show fuera como fuera. Artistas como Elvis, The Beatles, The Stones o The Doors entraron en todas las casas americanas por medio de este programa. La propuesta fue frenada mucho antes de que llegara a oídos de Sullivan. Su círculo de colaboradores y allegados sabían a ciencia cierta que si el casi septuagenario conservador cara palo veía como movía Jimi las caderitas, podría tener un arresto cardiaco ipso facto. Como aseguraba McCartney años después, no todo el mundo necesitaba aparecer en el Ed Sullivan Show para llegar hasta la cima. Cuando alguien era tan sumamente impresionante, el boca oreja vale para impulsarle hasta allí.

Steve Winwood recordaba que su faceta visual y de auténtico showman no era en absoluto para cubrir carencias musicales, porque no tenía ninguna, que era solo un extra (¡aunque menudo extra!), por lo cual la ofensiva sónica era más que suficiente para conquistar a cualquier enamorado del Rock’n’Roll y sus derivados. El propio Jimi dejó siempre claro que en el escenario es donde se encontraba en su estado natural, libre de nervios y ataduras y mucho más a gusto que en un círculo de personas, y que si tocaba con los dientes era porque le apetecía, no por dar espectáculo. No creo que podáis encontrar una sola entrevista en la que Jimi se muestre como el típico divo excesivo. Era confuso conocerle en persona, tímido e inseguro, y luego verle en el escenario y viceversa. Durante todos estos meses de expansión a nivel mundial, Jimi no dejó de grabar en cuanto su apretada gira de conciertos se lo permitía, y a finales de año saldría su segundo álbum: “Axis Bold As Love”. Pero esa es otra historia, de la que se hará cargo mi compañero Sergio Martos.

 

Are You Experienced?, el álbum

El primer larga duración de la Jimi Hendrix Experience fue un éxito a los dos lados del Atlántico. No es de extrañar, la impresión que causó entre sus colegas de profesión hizo que la popularidad del guitarrista precediera al lanzamiento del álbum en Inglaterra. También ayudó que su manager pagara para colocar el single «Hey Joe» en las listas como hemos comentado anteriormente. En USA tardaría más en despegar, pero su actuación en Monterey le hizo convertirse en la sensación del momento en un abrir y cerrar de ojos. Los amantes de la música de medio mundo querían poseer el primer registro sonoro del revolucionario concepto musical que Hendrix ofrecía. NADIE había grabado algo semejante antes. Ni después, la verdad. El disco se grabó en Londres, entre octubre de 1966 y Abril de 1967, durante 16 sesiones en tres estudios diferentes, que se intercalaron con su frenética actividad en directo y sus apariciones promocionales. La versión americana contenía los tres singles que ya habían sido lanzados antes en el mercado inglés con bastante éxito: «Hey Joe», «Purple Haze» y «The Wind Cries Mary». Mientras que en la versión que se editó en Inglaterra y el resto del mundo, estos eran sustituidos por «Red House», «Can You See Me» y «Remember».

La música contenida en las once canciones del álbum abarcaba una amplísima amalgama de géneros. Rhythm and Blues, Psicodelia, Free Jazz, Funk, Soul, Blues…todo tenía cabida en la paleta de Jimi. La aportación creativa de Noel Redding y Mitch Mitchell fue nula, hasta el punto de que Chas Chandler supervisó muy de cerca todas y cada una de las notas que Noel tocaba con su bajo. Esto acabó causando tensiones ya que al principio se acomodaron a esa dinámica, pero luego trataron de sugerir ideas para los arreglos, sin ningún éxito. El productor tenía claro que la visión que importaba era la de Jimi, y a la hora de tomar otras decisiones creativas el único que podía interceder ligeramente era él. A Hendrix le gustaba grabar con los amplificadores a reventar de altos, hasta el punto de que todo vibraba en el estudio y recibían quejas de los vecinos. Uno de los ingenieros recordaba que ya podías oírle cuando te acercabas al estudio desde la calle.

Como un padre cabreado con su hijo adolescente, Chad le dio el toque a Jimi por el volumen y este le dijo que si no podía tocar al volumen que le diera la gana se volvía a Nueva York. “Adelante”, le espetó Chandler tirando su pasaporte sobre la mesa y Jimi, que tampoco era gilipollas, se tragó el orgullo y bajó los amplis del 10 al 9. Los ingenieros no tenían muy claro como colocar los micros para grabar las guitarras a semejante volumen y Hendrix se limitó a decirles que los colocaran cuanto más lejos de los amplificadores mejor y sonaría de fábula. Y así fue, ese sonido atmosférico y a la vez poderosísimo se convirtió en marca de fábrica. Por si no era suficiente, doblaron y hasta triplicaron las guitarras para más empaque. Si hay un ingeniero de sonido clave en la historia de Hendrix ese es Eddie Kramer, al cual conocieron en los Olympic Studios.

Jimi no tenía nociones técnicas de grabación, pero sabía describir muy bien lo que quería en sus propios términos, y Eddie sabía descifrarlo. Otro ingeniero que dejó su huella fue Roger Mayer, que construyó un pedal de efectos para Jimi llamado Octavia. Doblaba las notas en dos octavas diferentes y lo usaría en múltiples ocasiones. La primera de ellas fue en «Purple Haze», cuyo solo de guitarra es absolutamente revolucionario. A parte de por la utilización de este pedal, por ser el primero en el que el blues y la psicodelia se dan la mano de esa manera. También por su sucia distorsión. Cuando mandaron el tema a masterizar decidieron ser prudentes y escribir a mano en la caja que contenía la cinta: “La distorsión es deliberada. No la retoquéis”. Las letras y temáticas tampoco eran de lo más usual. Hendrix idealizaba a Dylan y como él trataba de poetizar situaciones cotidianas. Hasta el punto que cualquiera diría que se estuviera inventando historias de continuo en pleno estado de alteración de la consciencia.

Cuando en «Fire» suelta: “Muévete Rover, y que Jimi te sustituya” justo antes del solo de guitarra, nadie se imaginaría que es lo que un día un colega le soltó a su perro cuando estaban todos delante de una hoguera, para que el chucho dejara de acaparar el calor del fuego y Jimi se pudiera sentar ahí. La más dylaniana es sin duda «The Wind Cries Mary», que no deja de ser una descripción con licencias poéticas de una trifulca que tuvo con su novia de entonces, Kathy Etchingham, cuyo segundo nombre era… Sí, lo acertasteis, Mary. Otra dama le sirvió de inspiración para «Foxy Lady», pero sin poesía de por medio. Se la quería follar a toda costa y acabó en la canción. Hablamos de Heather Taylor, una mariposa social de la escena londinense que terminó posándose en Roger Daltrey y casándose con él.

Sobre la neblina púrpura se ha especulado bastante, con muchas voces apuntando que Hendrix iba un pelín tocado cuando escribió «Purple Haze». Noel Redding asegura que Jimi no probó el LSD hasta finales de 1966 y la letra la escribió mucho antes. El propio Hendrix dijo al respecto, que solo estaba describiendo un sueño que tuvo. Luego tenemos «Third Stone From The Sun», en la que un alienígena observa que las gallinas son superiores a los humanos y decide destruir la sociedad tal como la conocemos para que no volvamos a escuchar música Surf nunca más. Luego, reflexiones sobre como el quererte acostar con “la música” en vez de con cualquier tía de por ahí te pueden llevar a una «Manic Depression». Todo un viaje, vamos. El impacto de este álbum resuena hasta día de hoy y probablemente será un eco que jamás se apagará. La música como ente hizo el amor con Jimi Hendrix y este le devolvió el favor haciéndonos partícipes al resto de la humanidad. Duró poco, pero su intensidad iluminará la tierra e igual alguna galaxia exterior, hasta que llegue el alienígena de «Third Stone From The Sun» y las gallinas dominen el mundo.

 

Texto: Javier H. Ayensa

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One Comment

  1. oakland2300

    Tal vez hubiera sido aconsejable que se citara en este artículo el excelente documental de 2013 «Jimi Hendrix: Hear My Train a Comin’», pues prácticamente sigue su guión y diálogos, en muchas ocasiones de forma prácticamente literal.
    Si te ha gustado este artículo, os recomiendo ese documental: es idéntico, pero con imágenes y música. Y además, es original (supongo)

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