Discomático

Disco del mes: TINDERSTICKS «No Treasure But Hope» (City Slang/Music As Usual)

Stuart A. Staples (foto: Dena Flows)

Tindersticks. La sola mención de su nombre evoca un recuerdo, un sonido, crea un ambiente. Pocas bandas hay en el mundo como la de Stuart A. Staples que, instaladas en un segundo o tercer plano de popularidad, siendo generosos, provoquen esas reacciones. Como la de Scott Walker, la de Richard Hawley o la de Leonard Cohen, por poner unos cuantos ejemplos, la música de Tindersticks puede entenderse incluso como una forma de andar por la vida. Con calma, sin prisas, admirando la belleza en todas sus formas, dejándonos sorprender incluso por aquello que vemos cada día. Un estilo de marcado carácter cinematográfico, no en vano han participado en un puñado de bandas sonoras y sus canciones han sonado en numerosas series. Un estilo que, por supuesto, quedó cimentado ya en sus primeros discos y no ha variado gran cosa desde entonces salvo escasas excepciones. Ni falta que hace. 

El propio Staples, cantante y líder de la banda, predica ese mensaje con el ejemplo: encontró el amor y se mudó a una isla griega a disfrutar de una vida apacible y relajada. Por supuesto sin abandonar la música: desde la distancia mantenía un contacto constante con sus compañeros hasta que, finalmente, decidieron reunirse en sendos estudios de París y Londres para dar forma definitiva a sus composiciones. Aquí tenemos el fruto, un nuevo trabajo a nombre de Tindersticks en el que, sin duda, la belleza ocupa un puesto destacado. Como dije antes, en todas sus formas. La más pura quizás sea la de «Pinky in the daylight», una canción que, para los parámetros habituales de su autor, suena alegre y distendida, con un toque mediterráneo afable y fresco quizás contagiado de su estancia en las islas del Egeo. El resto del álbum se mueve en un claroscuro en el que belleza y esperanza son los dos polos del disco: se abre con «For the beauty» y acaba con «No treasure but hope». Por el camino recorremos una senda sinuosa, con luces y sombras, repleta de contrastes como el que se produce entre la magia sonora de «The amputees» y su dura letra. O como el brutal golpe que recibimos cuando en medio de «See my girls», aparentemente plácida, hace una mención a los refugiados que mueren en el Mediterráneo, un drama que conocen demasiado bien en aquellos parajes. Otra vez el contraste, ahora entre la idílica isla que habita y la tragedia de la gente que perece en sus aguas. El paso del tiempo, la vejez, la cercanía de la muerte también están presentes en temas como «Carousel» o «The old man’s gait», mientras que la inseguridad mueve «Tough love», una canción en la que se acercan de manera muy sutil al soul. Un género que no les resulta del todo extraño, ya que en su momento, sobre todo entre Simple Pleasure (1999) y Can our love… (2001), Tindersticks coquetearon con la música negra e incluso realizaron versiones de The Four Tops, Odyssey o Chi-Lites. Además de la espléndida y particular voz de Staples, hay que mencionar como rasgo de personalidad que sigue ahí, a pesar de los cambios en la banda, ese sonido que nunca se acelera, que se permite unos arreglos orquestales, unos coros, pero que en general transcurre suave aunque no aburrido, lento pero no dubitativo. El tema que da título al disco debería abrir una puerta a la esperanza, pero su críptica letra más bien da un portazo. ¿Se ve más clara la verdad, el sentido de la vida, desde una apartada isla de Grecia? Lo que es evidente es que Tindersticks, Staples en particular, aprecian mejor que muchos las tonalidades que se esconden tras la aparente dualidad entre lo bello y lo trágico. Viven en ellas, las convierten en canciones. No, casi nada es blanco o negro: los grises dominan nuestra existencia. Es una pena que, cada vez más, se pierda esa perspectiva y se ignoren los matices, el justo medio aristotélico, optando por verdades absolutas. Quién sabe, quizás Staples haya visitado el templo de Apolo en Delfos en cuyo pórtico está escrito “nada en demasía, nada en exceso”. Sea así o no, está bien que con sus canciones nos lo recuerde.

Fidel Oltra

 

 

 

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