Encuentros

Mark Lanegan anuncia libro de memorias y empieza gira esta semana

 

Mark Lanegan no es un tipo fácil. Vamos, que no es Dave Grohl. Anterior a este encuentro, le había entrevistado en dos ocasiones. La primera vez, se quedaba dormido entre cada pregunta mía y una respuesta por su parte que tardaba en llegar. A la siguiente, me crucé con él en compañía de Greg Dulli en aquel proyecto paralelo que llevaba por nombre The Gutter Twins y del que sinceramente, esperamos mejores resultados dada la envergadura de la pareja. No dijo ni media palabra, simplemente miraba al suelo, como si aquello no fuera con él. Obviamente, al margen de este, a él hubo otros experimentos que le salieron mejor que aquel, desde los que hizo con Isobel Campbell pasando por los perpetrados con Duke Garwood o con Queens of the Stone Age. En cuanto a su banda, que es en la que focaliza la mayoría de esfuerzos, va viento en popa. No para de crear, con discos y registros siempre distintos. Vuelve con nuevo disco «Somebody’s Knocking» y nueva gira que arranca en Santiago el día 24 de este mes (Sala Capitol), 25 en Elche (Gran Teatro), 26 Ram Club (Valencia), 27 Sala Rem (Murcia), 28 Sala Apolo, Cruïlla de Tardor (Barcelona)y 2 de noviembre, Sala BEC (BIME Live). De todo ello, habla Mark en una charla que esta vez sí, tuvo su miga. Incluso para reconocer que no siente nostalgia de los noventas y de paso, anunciar que en abril publicará un libro; va a contar obra y milagros. Por suerte, ahora está feliz, hasta se ríe. Nos alegramos por él.

Hola Mark, ¿cómo estás? A pocos días de la publicación del disco, ¿qué sensaciones tienes?

Son buenas. No es un disco largo, son sólo 37 minutos, pasa rápido. Es pegadizo y, creo que bien mirado, es hasta adictivo.

Durante un tiempo tus discos tenían una línea similar. Ahora ya no, hay diferentes miradas en cada uno de ellos.

Mi plan es que cada disco sea diferente. La que manda es mi imaginación, que cada una de esas ideas fluya. Que de alguna manera esto sea lo más puro posible. Me inspiro en muchos instantes y lugares, son momentos, desde escuchar una canción en la radio hasta oír ladrar a mi perro (risas).

Has llevado la experimentación a terrenos que nunca podíamos imaginar. La electrónica se ha convertido en otro elemento importante para ti, incluso en Somebody´s knocking, diríamos que es la base de tu sonido.

 Llevo un tiempo probando cosas. La electrónica, en contraposición a lo que es el rock te ofrece posibilidades infinitas. La base del rock es guitarra, bajo y batería, lo cuál te da la opción de experimentar, pero no a ese nivel. No por nada, pero la electrónica no tiene límites, estos te los impones tú. Este disco lo quería empezar de manera muy orgánica, que lo que hay ahí fuese y sonase muy real, huir de imitaciones. Si bien, reconozco que esto no es tan nuevo para mí. En 2004 y con un disco como Bubbleguum conseguí abrirme a esos sonidos por vez primera y ya por mi cuenta, aunque había hecho alguna colaboración externa. En 2012 con un disco como Blues funeral que hubo gente que no entendió, combiné ambas cosas, había mucho equilibrio. Insisto en que el plan para hacer un disco es que sea lo más puro posible, da igual la dirección que tome. No busco caminos, tampoco abrir puertas. A estas alturas, esto surge o no surge.

Como bien decías, las colaboraciones han sido clave para esa transformación. Uno de ellos, un cómplice para ti, es Duke Garwood.

Eso es algo que siempre tengo en mente. Al principio, nos aproximamos pero poco a poco, con mucha cautela. La mecha prendió cuando nos hicimos amigos, entonces todo fue muy rápido. Nos metimos en casa, rodeado de animales y teclados, escuchando música de los ochentas. Y creando sin respiro.

Me ha llamado la atención el título y la portada del disco, ¿quién llama a esa puerta?

Esa es la puerta del estudio que tengo en casa. Mi mujer es quien llama a la puerta. Yo me paso media vida ahí dentro, cuando se asoma siempre estoy en el mismo rincón, focalizado en mi tarea de construir cosas. Incluso el día de Navidad me tiene que ir a buscar ahí (risas). Eso sí, esto es algo que nos concierne a los dos, ella siempre es quien da un último vistazo a lo que hago, tiene la última opinión. Dependo de ella (risas), aunque no se lo diré. Estamos juntos en esto y eso a mí me tranquiliza, me libera.

Me alegro, interesante que tengáis esa conexión. Además, tener un estudio en casa te permite estar siempre activo, no hay descanso. De hecho, siempre me ha sorprendido tu capacidad para sacar tanto material nuevo. Ahora lo entiendo mejor.

No sé si soy un adicto a un trabajo, pero si alguien diera ese diagnóstico, no le llevaría la contraria. Tener mi propio estudio en casa me da paz.

Entonces, no sé si también habrá tenido opinión en el video de “Night flight to Kabul”. Está hecho en base a la fijación de 5.000 imágenes.

En este caso no, pues lo manejó alguien externo. Eso sí, fue la primera en verlo. El director, Dean Karr, es amigo mío desde los tiempos de Screaming Trees, nos hizo algunos videos, también trabajó con Queens of the Stone Age allá por el año 2000. Además, es fotógrafo profesional, un tipo brillante. Tiene una gran demanda de trabajo, tiene la agenda llena. Es muy popular, pero como soy yo quien dirijo cada operación con mi propio sello, lo tuve enseguida a mi disposición. Insisto en que es un gran profesional, él tomó esas instantáneas y las juntó. Es extraño, por la configuración, por el movimiento. Es una idea brillante, tiene alma californiana, ahí está el desierto y la educación que eso conlleva. De alguna manera me lleva hasta mi infancia, yo jugaba pero muchas veces me aburría, en los ochentas también iba a pescar, pero tampoco me valía, me disgustaba. En este video hay mucha gente involucrada, también los lugares y sus perspectivas, es una pieza con un carácter salvaje.

En “Letter ever sent” hablas de manera muy profunda sobre la tristeza, el dolor. Han sido temas recurrentes en tus letras, pero esta creo que esconde algo especial.

Muchas de mis canciones tienen un significado, también las hay que no. Cuando yo era niño había una persona que me contaba historias a diario. Sin embargo, nunca consideré el modo en que me afectaba aquello, esas misivas me cautivaban. Era mágico porque me permitía soñar despierto. Por eso, decidí que esta canción habla de esa realidad, me hace pensar en las relaciones entre personas, en esas experiencias, en ese dolor. Al final, una canción, por mucho que queramos, no es la vida real. Esto es mucho más profundo.

Por otro lado, llevo una temporada obsesionado de nuevo con Above de Mad Season. Sobre todo la canción “Long gone day” en la que colaborabas con tu buen amigo Layne Staley.

Tengo ese recuerdo muy fresco. En menos de una hora teníamos la canción escrita y grabada, nos pasábamos un papel en el que tomábamos notas, dependiendo de quien escribía la canción iba en una u otra dirección. Me impresionó la capacidad de mi amigo Layne para desarrollar ideas, era brillante.

Ahora se está cumpliendo el 25 aniversario de muchos de los discos capitales de los noventas, hay una constante reivindicación. ¿Te produce eso algún tipo de nostalgia?

Ninguna. No fueron buenos tiempos para mí. De hecho, voy a explicar todas esas experiencias en un libro que saldrá en abril en Estados Unidos e Inglaterra. Perdí a muchos amigos que murieron, iba sin brújula, tenía muchos problemas personales. Afortunadamente, eso cambió para bien. Por tanto, no siento nostalgia. Tampoco puedo ni quiero borrarlo.

Esperaremos ansiosos a la publicación, ¡ganas de leerlo!

 Prepárate (risas).

¿También hablas en el libro de los discos con Isobel Campbell? Siempre digo que erais como la bella y la bestia.

Es secreto, tendrás que esperar. Paciencia amigo.  

 

Texto: Toni Castarnado

  

 

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