Encuentros

The Cynics, cualquier tiempo pasado, por supuesto fue mejor

Foto: Heather Mull

The Cynics son uno de los grandes atractivos del Surforama 2019 en el que que revivirán su obra magna «Rock’n’Roll» treinta años después de su versión original. El festival mantiene el tipo con un cartel exquisito en su XVI edición y trae en exclusiva el concierto de The Bomboras, otra banda mítica del surf imposible de ver por estos lares. Este próximo fin de semana, del 23 al 25 de mayo, en la sala Repvlikka, Mislata (Valencia). Además, Mambo Jambo Arkestra, The Barbwires y muchos más. Otras fechas: 25 Auditorio Teodoro Cuesta, Mieres; y 29 Dabadaba, San Sebastian. Y vuelven en septiembre, Barcelona y Madrid entre otras plazas. Hablamos con Greg y Michael.Mito viviente del garage revival, los de Pittsburgh serán uno de los platos fuertes de la nueva edición del festival Surforama, del 23 al 25 de mayo, en la sala Repvlikka, Mislata, Valencia. Además, The Bomboras, Mambo Jambo Arkestra, The Barbwires y muchos más. Surfs up!

Mal andamos si los Cynics necesitan presentación. La banda de Pittsburgh, comandada por el guitarrista Gregg Kostelich y el cantante Michael Kastelic, vuelve cinco años después de su última visita para traernos ese rock’n’roll desde las tripas que tanto necesitamos para sobrevivir en este nuevo orden musical mundial. 25 Auditorio Teodoro Cuesta, Mieres; y 29 Dabadaba, San Sebastian. Y vuelven en septiembre, Barcelona y Madrid entre otras plazas, ¡atento a estas páginas! Sin más preámbulos, os dejamos con los Jagger y Richards del garage.

Cuándo empezasteis en 1983 os llamaban garage revival, pero vosotros os definíais como punk-rockers. ¿Qué porcentaje había de cada cosa en esos inicios?

Gregg Kostelich: Éramos garage-punk desde el primer día, con algo de folk añadido con un poco de nuestro cinismo. Lo único que tuvimos que hacer para modernizar todo eso fue subir el volumen al diez.

Michael Kastelic: Antes de los Cynics, tanto Gregg como yo estábamos muy metidos en lo que consideraría “bandas de pospunk”, porque en mi opinión, el punk ya estaba muerto en 1978-79. El punk se convirtió en una especie de disco gay británico al que llamaron “new wave”. Tuvieron que pasar unos cuantos años hasta que pudimos volver al punk-rock real, como las bandas adolescentes de garaje de los sesenta, al estilo Back from the Grave. Gregg y yo amábamos el resurgir de ese sonido, ya fuera de la Costa Oeste con Leaving Trains, Long Ryders, 3 O’Clock, Pandoras, Rain Parade, o de la Costa Este, como Lyres o Chesterfield Kings.

Foto: Michel Cercone

¿Cómo describirías la evolución sónica de los Cynics desde entonces?

GK: Va de aquí a allá, dependiendo de mi estado emocional cuando cojo la guitarra y la rasgueo en plan maníaco del swing.

En aquella época solíais consumir “montones de ácido”. ¿Sacasteis lecciones musicales de esas experiencias?

GK: Lo tomé varias veces cuando tenía 17 años. Pero una noche, durante un viaje en el que estuve muy callado, de repente exclamé. “Señor, dame el poder para liderar el camino y yo seré tu pastor”. De repente empezaron a sonar los Blues Magoos tocando «Psychedelic Lollipoppe», y dije: “¡Eso es!”. Me transporté a cuando tenía ocho años y los ví tocando en 1968, y aquel sonido me enganchó para siempre a las guitarras y la música de garage.

MK: Yo decidí entrar a formar parte de los Cynics como cantante estando con un viajazo de cojones, en una fiesta con los Chesterfield en Pittsburgh, donde Gregg vivía en aquella época. Por supuesto que el ácido, las setas y todos los psicodélicos han tenido un impacto enorme en mi forma de escribir y de escuchar música.

Volvéis a España, país con mucha alma fuzz. ¿Por qué creéis que pasa eso?

GK: Porque entendéis la clave de todo esto. La primera vez que vinimos a España, en cuanto tocamos la primera nota de «No Way» y pisé el pedal de fuzz, la gente se volvió loca y yo dije: “Ok, este es nuestro hogar”. Lo supe desde aquel primer riff.

MK: Sí, lo sabemos desde 1990, que fue el año en que vinimos por primera vez. Comprobamos que los españoles entienden el fuzz y el garage primario. Después nos dimos cuenta de que todas las culturas latinas amaban el sonido fuzz, los mexicanos, brasileños… ¡también Tejas y Chicago! Es la sangre latina, seguro.

¿Qué os parece el cartel del Surforama de este año?

GK: Para serte sincero, he estado tan ocupado con el sello y la distribución, con la tienda de discos… que no he tenido tiempo más que para ensayar con Michael. Tengo que decir que los últimos tres ensayos han sido divertidísimos, nos hemos reído mucho. Los dos hemos pasado tiempos duros con nuestras familias en diferentes sentidos, y fue como si dijéramos: “¡Que te jodan, 2018!”. Queremos tener un 2019 muy positivo.

MK: Yo sí he visto algo del cartel, ¡tenéis que ver a los Bomboras! Jake es un tío cojonudo y siempre da bolos alucinantes.

¿Seguís teniendo buena conexión con las bandas del estallido revivalero de los ochenta? Lyres, Fleshtones, Chesterfield Kings…

GK: Suelo hablar con Greg Prevost de vez en cuando a través de Facebook. También con los Fleshtones, sobre todo con Peter, que es el tío más guay del mundo. ¡Mr. Suave! Con los Lyres ya no…

MK: Por supuesto, siempre seguiremos siendo amigos de los poderosos Fleshtones. Son la gente más maja que hay, y los amigos más fieles. Además ya llevaban haciendo esto desde mucho antes que nosotros. Siempre he sentido admiración por Jeff Conolly [Lyres, DMZ]. Cuando los Cynics empezaron dimos algunos conciertos con ellos, y Jeff llegó a dormir en mi casa una vez. Esa historia es para otro día… Amo a Jeff, es un tío genuino. Somos amigos en Facebook y hablamos a veces. Sigue dando conciertos y espero que pueda verle tocando pronto. Sigo mucho a Falling James [Leaving Trains] y leo sus artículos en L.A. Weekly. También Melanie Vamman de las Pandoras, con las que intento seguir en contacto, aunque sea en Internet. ¡Y sigo hablando con mi amor adolescente, Deb O’Nair de los Fuzztones!

¿Tenéis una añada favorita para la música?

GK: El 66, el 67 y la mitad del 68. Hubo tal cantidad de propuestas creadas con cultura, con un sentido de la generación que nunca he visto desde entonces. En aquel momento la rebelión contra la generación de los padres significaba cosas como estar contra una guerra que enviaba a los jóvenes a morir en Vietnam. Ahora permanece esa rebelión contra los padres, pero sus razones son pamplinas en comparación. Entonces se consiguieron los derechos civiles, los derechos para las mujeres, la igualdad, pero ahora solo veo que todo eso está empeorando. Más vale que la juventud de hoy despierte de una puta vez.

MK: Todos los años fueron terribles para la música, si te fijas en ello como “añadas”. La música popular siempre ha sido más bien terrible, y si querías encontrar algo realmente bueno tenías que investigar mucho, o tener algún colega que te lo descubriese. No puedo decir un mejor año, pero puedo decirte que el peor es este, 2019.

Foto: Heather Mull

¿Habéis conocido en persona a muchas leyendas de los sesenta? ¿A cuántas habéis visto en directo?

GK: A los Flamin’ Groovies. Hay muchos a los que todavía quiero conocer, como Blue Cheer, Electric Prunes…

MK: Yo no puedo ir a ese tipo de conciertos. Me hacen llorar de pena, y las entradas suelen tener una precios jodidamente disparatados. ¿Quién cojones pagaría quinientos dólares para ver a Mick Jagger en una pantalla gigante? Sé que decir esto va a sonar bastante hipócrita viniendo de los Cynics, pero no estoy interesado en ver a ninguna banda legendaria a no ser que tenga amigos en ella. Siempre es triste, y te hace pensar, “¿cómo puede hacer esto un tipo que perdió la voz hace décadas?”.

Los Cynics y Ruta 66 han crecido y se han convertido en veteranos casi en paralelo. ¿Cuáles son vuestros sentimientos hacia la revista?

MK: ¿Estás de coña? ¡Ruta 66 ha sido nuestra mejor amiga desde siempre! Antes de que nosotros saliéramos en ella ya la consultábamos para descubrir qué conciertos iba a a haber en España, y así ver quiénes iban a ser nuestra competencia durante nuestra gira. Os queremos mucho, y esperamos ser vuestros mejores amigos para siempre.

GK: Siempre ha sido algo genial ser vuestros amigos, y os deseamos lo mejor para el futuro, sobre todo mucha longevidad, que es lo más importante. Yo todavía me siento bendecido por poder seguir sintiéndome como cuando tenía 17 años. Nunca pensé que llegaría hasta aquí. Amo a Michael, a Pibli, a Ángel y especialmente a mi mujer Bárbara, que ha sido un pilar fundamental para el grupo, que nos ha pateado el culo a Michael y a mí para seguir adelante incluso en los malos tiempos. Si no hubiera sido por la fe que hemos tenido, nunca hubiera sido capaz de lidiar con los problemas del día a día. Ahora me siento agradecido por toda la gente que se ha cruzado en mi camino. Para bien o para mal, he aprendido y aplicado muchas lecciones, e intento canalizar todas las emociones hacia algo positivo, para que cada vez más fans de todo el mundo nos sigan en oleadas. Creo que algo grande va a ocurrir, está en el horizonte, aunque aún no sé qué es. Gracias por todo vuestro apoyo, y si muero, ¡os veré en la próxima vida!

Texto: Nacho Serrano

NO SIESTA TONITE?

Labra (Rock Club, Ourense): “La primera vez que los vi en concierto fue en un polideportivo con muy poca gente. Me quedé a cierta distancia hipnotizado, mientras unos tíos muy raros y peludos bailaban como posesos en primera fila. Pasaron los años y acabó siendo obligada su visita a nuestra ciudad, sus conciertos en el Rock Club. En 2011 estábamos pasando por horas muy bajas. Un día nos llamó una amiga desde Londres: ‘Están hablando del Rock Club en Radio 3, The Cynics os han compuesto una canción’. Que Gregg y Michael grabaran «Rock Club» fue como un tiro de farlopa para nosotros; lejos de tirar la toalla, proseguimos la lucha hasta donde pudimos, renacimos de nuestras cenizas y, hoy en día, seguimos sujetando la antorcha e impidiendo que se extinga la llama del garage-rock… Cuando nos reencontramos nada ha cambiado: más arrugados sí estamos, pero prevalece un mismo sentimiento: ese que nos dice que somos parte de la misma canción, de la misma vida, del mismo átomo… Porque un concierto de The Cynics es siempre una ceremonia, una oda a una forma de entender y vivir el rock’n’roll.”

Pablo González “Pibli” (Doctor Explosión, Peralta): “Cuando tenía unos veinte años, Los Buges abrimos para ellos en la mítica sala La Imagen de Pradejón, La Rioja. Recuerdo un montón de gente, un ambiente increíble y que The Cynics se convirtieron en uno de mis grupos favoritos. Eso a pesar de que su batería por aquel entonces se llevó a EE.UU. un plato mío, aunque un par de semanas después me llegó devuelto a casa. Años más tarde, Jorge Explosión me llama un día para grabar baterías en el disco Here We Are que The Cynics iban a registrar en Circo Perrotti; no me lo podía creer… Desde entonces estoy tocando con ellos y girando por todo el mundo junto a mi querido Ángel Kaplan al bajo. Regalos de la vida”.

Rafa Suñén (Foto Xavier Mercadé)

Rafa Suñén (Los Chicos): “Ah… Rock’N’Roll… Salvajismo flequilludo para los mentalmente inestables. La música hecha sensorial mandanga. La cima del garage moderno. ¡Qué puto discazo! Podría pasarme horas tocándome mientras hablamos de lo bueno que es… ¡Pero basta! Prefiero aprovechar esta oportunidad para asegurarme de que se reivindican los discos que los cínicos han grabado con Tim Kerr, Jorge Explosión y Jim Diamond. Puede que no sean tan automáticos como los anzuelos de la obra que hoy celebramos, pero sí resultan más complejos y maduros, consiguiendo demostrar que el mérito de los Cynics ha terminado siendo el de enriquecer su garage hasta convertirlo en un rock’n’roll más profundo y caleidoscópico que el que bautizaba su supuesta cima creativa. Así que dejemos de fornicar con el pasado, escuchemos el glorioso Spinning Wheel Motel y gritemos: ¡Queremos disco nuevo! ¡Y tequila!”.

Jorge Muñoz-Cobo (Doctor Explosión, Circo Perrotti): “En 1989 me había llamado la atención su tema «Blue Train Station», en una onda R&B garage que era lo que más me molaba en esa época. Dicho esto, ignoré a casi todas las bandas del llamado revival: sonaban o muy modernas o muy ochentas, a mi entender la producción era inadecuada. Me gustaban más The Wild Mammoths, The Crawdaddys, The Tell-Tale Hearts, Miracle Workers, Milkshakes, Mighty Caesars o Headcoats, grupos que tenían un sonido retro, que lograban sonar como nuestras bandas favoritas de los sesenta. La primera vez que cayó en mis manos un elepé de los Cynics me gustó mucho una canción, «Private Suicide», pero al resto del disco, Get Our Way, no le presté mucha atención. A finales del 2000 les vi en Ponferrada y al escuchar «I Am Alone», del disco Rock’N’Roll, me animé a tocarla una vez en acústico en un concierto. Desde un punto de vista purista, sus discos suenan muy rock, por eso cuando hicimos Here We Are traté de devolver las cosas a su sitio. Justo acababa de empezar con Perrotti, no tenía la experiencia actual, pero hicimos un buen disco que se diferenció del resto de su discográfica: ese sonido les viene bien. Pero purismos aparte, creo sinceramente que las canciones de los Cynics son universales y por eso funcionan bien con cualquier tipo de producción”.

 

Texto: Roger Estrada

 

 

 

 

 

 

One Comment

  1. Rock and Roll es una obra maestra en toda regla, pero descatalogado desde hace muchos años. A ver si lo reeditan.

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