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Uriah Heep – Razzmatazz 2, Barcelona

Hay una cosa que supera toda lógica: si te llamas Uriah Heep haz que suene a Uriah Heep. Mick Box, el único representante de la formación clásica de la banda, vale de por sí el precio de la entrada. Si alguien guarda la esencia de la banda ese es él. Sonido, actitud, esencia, clase, buena forma; todo en Mick importa y todo reluce durante la performance de hora y cuarenta minutos. Tan solo el abuso de efecto wah wah, ya que algunos solos acaban por perderse entre marañas de sonidos, hace decrecer todo lo bueno que tiene que ofrecer todavía hoy día el bueno de Box.

Phil Lanzon ̶ que cubre el puesto desde hace 30 años que otrora había ocupado el gran Ken Hensley ̶ , cumple con su cometido de sobras. Lleva años sin tocar el sintetizador y el sonido de la banda lo agradece. En cuanto a Bernie Shaw, el tipo lleva tanto tiempo ahí que es difícil no sentir simpatía por él. Es un caso parecido al de Bruce Kulick en Kiss o Phil Campbell en Motörhead: músicos con menos talento que el de los tipos originales que crearon los riffs y solos que ellos tocaron cientos de veces, pero fieles y cumplidores frente a sus seguidores y por lo tanto, merecedores de un sincero respeto. A Bernie lo detesté cuando en su día escuché el directo Live in Moscow, su debut discográfico con la banda. El tipo no tenía la culpa de haber sido elegido para el puesto, pero era inevitable pensar que años antes habían pasado por ahí vocalistas como David Byron, John Lawton o Peter Goalby. Cuando oías a Bernie te preguntabas ¿porqué él? Byron, Lawton y Goalby fueron brillantes y necesarios en cada etapa. Hasta el pobre John Sloman tenía cierto atractivo. Shaw no. El tiempo ha pasado y es imposible no sentir simpatía por Bernie, pues se entrega a la audiencia y al concepto de la banda en cada momento. ¿Canta como Byron o Lawton? Por supuesto que no. ¿La personalidad escénica de Byron? Eso no se compra; se nace con ello. Shaw no puede aspirar a ello. Pero lleva en Heep 30 años y tanto en Barcelona, como en la anterior visita al Rock Fest, hizo de su oficio algo digno y admirable.

Davey Rimmer no hace olvidar al añorado Trevor Bolder, pero al menos no impone su ley como el batería Russell Gilbrook, sino que trabaja por y para la marca Heep. Gilbrook es todo lo contrario; colorea con doble bombo la mayoría de canciones, sin aportar nada bueno a ellas más que una furia desatada y descontrolada que apenas cobra sentido, salvo quizás en las nuevas canciones o, quizás, en canciones de marcha acelerada como «Return to fantasy» o «Too scared to run». ¿Hizo lo mismo el tiempo que estuvo acompañando a Van Morrison? Jodido Gilbrook, escucha a Lee Kerslake y aprende a tocar esas canciones de forma correcta. Es precisamente lo que comentaba en la entrada: si vas a llamarte Uriah Heep haz que suene a Uriah Heep.

Andaba el público situado desde la mesa de control hasta el final de la sala, un poco despistado. El tono de voz de algunos individuos era tan alto que hasta Bernie comentó con reproche: “Hay gente que ha venido a disfrutar de lo que hacemos en el escenario. Si alguien no está contento con lo que oye está invitado a salir por la puerta”. Bien por Bernie. Sea lo que sea que hace el amigo Gilbrook, tan siquiera él es capaz de fastidiar canciones que están por encima del bien y del mal: «Sunrise», «Lady in black», «July morning», «Look at yourself» (con estratosférica jam y un Box desbordante), la evidente «Easy livin’», «Gypsy»… Aquí la audiencia más despistada nos hizo un favor y se limitó a callar. ¿Era el añadido del material más reciente el problema ? Quizás. Pero es una pena que no se le preste atención, pues Uriah Heep llevan tiempo (desde Wake Up The Sleepers) ofreciendo muy buen material. Es, sin exagerar, una de las bandas más interesantes de su era en cuanto a material actual.

Destacar que Imperial Jade ejercieron de ‘banda invitada’. Sonaron mejor que en anteriores ocasiones (la de Calella Rock fest de hace un par de años) y el material nuevo les ha dado un empuje mucho más interesante. Alguien a mi lado gritaba que eran como Greta Van Fleet. ¡Qué falta de respeto!. Aún a falta de consolidar un sonido, estos chicos suenan mucho más creíbles. Ojalá fuesen Imperial Jade los que vendieran tickets a espuertas, que a todos nos iría mucho mejor. En casa hay talento y ellos son la prueba fehaciente. Suerte y a por el siguiente escalón.

Texto: Sergio Martos

Foto: Fernando Ramírez

 

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