Discomático

John Hiatt – The Eclipse Sessions (New West-PIAS)

Resultado de imagen de John Hiatt - The Eclipse SessionsCon Hiatt pasa lo mismo que con Mellencamp o Springsteen: es uno de los nuestros. Le profesamos tanta admiración que a menudo le juzgamos con indulgencia o sin el grado de exigencia que debería acompañar cualquier valoración crítica. Viene a cuento la reflexión porque sus últimas entregas, casi todas ellas muy alabadas aquí y en otras partes, no me parecen tan buenas como se ha venido diciendo. Un repaso concienzudo a The Open Road (2010), Dirty Jeans and Mudslide Hymns (2011), Mystic Pinball (2012) y Terms of My Surrender (2014) lo confirma. Cada uno de estos álbumes esconde tres o cuatro piezas indiscutiblemente ‘’top’’, pero la impresión de conjunto es de un cierto agotamiento. Algo parecido ocurre con The Eclipse Sessions, su álbum número veintitrés. Parcialmente grabado durante el eclipse solar total del 21 de agosto de 2017, de ahí viene el título, mantiene un nivel notable sin llegar a lo excepcional. Hiatt suena más relajado que de costumbre. Eso parece deberse a la naturaleza del material, principalmente tranquilito y reflexivo, y a los cambios en la silla de producción, ahora ocupada por Kevin McKendree en detrimento de Doug Lancio y Kevin Shirley, los dos hombres que han orquestado su sonido, con resultados desiguales, en la última década. La inmediatez de los cortes que abren la galleta, «Cry to Me» y «All the Way to the River», dos inconfundibles medios tiempos marca de la casa, nos trae de vuelta al John más estilista, ese que a finales de los ochenta facturaba melodías de adicción instantánea. El prometedor inicio tiene continuidad con la balada de aires tristes «Aces Up Your Sleeve», pero a partir de ahí la cosa pierde enjundia. «Poor Imitation of Good», «Over the Hill» y «Outrunning My Soul», blues-rock de  tintes literarios correcto sin más, no te enloquecen de placer. El folk de «Hide Your Tears», aún dejándose disfrutar, se queda algo corto para un compositor cinco estrellas como el que nos ocupa y el blues de «The Odds of Loving You» no termina de estrujarte el alma pese al meritorio trabajo con la slide de Yates McKendree, hijo adolescente del mencionado productor (el chaval, un virtuoso de las seis cuerdas ya a los 17 años, supera con nota el reto de adornar las canciones, aunque no impide que echemos en falta a Sonny Landreth). No es hasta el último corte, el magnífico «Robber’s Highway», que recuperamos la sonrisa tonta en la cara y nos quedamos imaginando como habría sido el disco si todos los temas hubieran sido tan redondos como este.

 

JORDI PUJOL NADAL

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